El presidente del Banco Central del Uruguay anunció hace algunas semanas la llegada de “la hora del peso uruguayo”, en detrimento del dólar como moneda de ahorro y de grandes transacciones, como ha sido tradicionalmente para los uruguayos.
Esta semana la directora ejecutiva de la Asociación de Bancos Privados del Uruguay, la economista Bárbara Mainzer, entrevistada en radio Sarandí, refirió a este tema del ahorro y las inversiones en nuestro país, analizando y poniendo en términos muy claros cómo han cambiado en los últimos años –podría decirse que en lo que va de este siglo– algunos conceptos que siguen estando, no obstante, muy arraigados en el sentir popular. El uruguayo, cuando agarra unos pesos, se compra dólares. Un negocio que, sin embargo, según la directora, no resulta tan lucrativo como podría pensarse, sino más bien todo lo contrario.
“Eso en los últimos veinte años hizo que perdiéramos poder adquisitivo: el que ahorró en dólares, con esos dólares hoy puede comprar mucha menos cosas. Entonces la verdad es que tenemos muchos más dólares probablemente de lo que sería conveniente”, aseguró. Reconoció que el que la economía se mueva más en pesos tiene una serie de otros beneficios para el estado y para la propia economía, por lo que es comprensible que el presidente del Banco Central esté haciendo los llamados que hace, que además se acompasan con el manejo que todo este tiempo se ha hecho de las tasas de políticas monetarias. (Ayer mismo el Banco Central del Uruguay anunció una reducción de la Tasa de Política Monetaria (TPM) “en 50 puntos básicos, ubicándola en 8,25%, moderando el sesgo contractivo y transitando gradualmente hacia la instancia neutral de la política monetaria”).
De todos modos no se puede decir que no se haya avisado que esta tendencia iba a darse así, porque hace mucho tiempo que este discurso de la pesificación —como se le dijo durante algún lapso— está en boca de las autoridades monetarias. Otro problema es que no se les haya creído, porque ha ocurrido anteriormente en este país, así como en países vecinos, que en la economía no pasa lo que predicen las autoridades. En todo caso lo novedoso este período ha sido la predictibilidad. No se puede señalar por ello al ciudadano de ser desconfiado o cosa semejante.
“Uruguay es una economía bimonetaria”, no cabe duda de ello. Aun a pesar de que “en los últimos veinte años fue en promedio mucho, pero mucho, más rentable ahorrar en pesos que en dólares, seguimos aferrados al dólar y eso tiene muchas explicaciones”. Una de estas explicaciones es que “durante muchos años hubo épocas de alta inflación y el único refugio eran dólares y ladrillos”. Los pesos se iban como agua entre los dedos. “Y además tuvimos dos crisis: 82” —quién no oyó hablar del quiebre de la “Tablita”, o peor, la vivió— y 2002, que siguen muy presentes en la memoria colectiva”. Explicaba Mainzer que “una de las cosas que nos muestra la ciencia económica es que nuestras vivencias nos impactan mucho y además hay usos, costumbres, y estamos acostumbrados a eso, y va a llevar tiempo cambiarlo”.
Llevamos ya un buen tiempo de clima de estabilidad y de haber superado algunos sismos de la economía internacional que la economía nacional soportó sin grandes sobresaltos. Claro, este buen tiempo empezó a contar desde esa última gran crisis. “Una de las cosas que precisamos es una inflación baja y estable, y recién hace dos años y medio que bajamos un escalón más”, dijo.
Un ejemplo sumamente contundente sobre la conveniencia de ahorrar en pesos, planteado por Mainzer es que “a fines del año pasado el dólar valía 44 (pesos). Hoy vale 40. Entonces yo me hice un ejemplo numérico muy sencillito del último año, quien tenía 20.000 dólares, 10.000 los ponía en unidades indexadas (UI) que ajusta con la inflación, y 10.000 en dólares, hoy en día, nueve meses después, tiene los mismos 10.000 dólares, y esos pesos valen 11.403 dólares”. Pero lo llevó más allá y planteó que si ese mismo ejercicio se hace desde que se implementó la UI, hace más de 20 años, la diferencia es tal que “lo que tenía en UI vale más del doble que los dólares”.
Otro detalle que resaltó Mainzer es que ahora hay más opciones que antes para invertir en pesos, por lo que se dijo optimista respecto a que con el paso del tiempo eso va a ir cambiando. ¿Cuánto puede llevar? Impredecible. Tan impredecible como el comportamiento de un dólar que se debilita en el mundo, no solo en Uruguay, después hay matices, porque hay quienes entienden que en Uruguay se deprecia más que en el mundo, y sería consistente con la política de fortalecer la moneda nacional. Claro, quienes comercian con el exterior y reciben dólares a cambio de los productos que exportan a la vez que pagan en pesos todas sus obligaciones, no dejan de ver cómo el negocio se deteriora día tras día.
Ahora bien, y es un tema al que también aludió la entrevistada, estas dificultades que ocurrieron con sistemas como Conexión Ganadera y las otras empresas que canalizaban (o decían canalizar) inversiones en el agro, han sido un mazazo para la confianza de los ahorristas uruguayos, y a quién se puede culpar que en lugar de poner lo que tienen en alguna de estas múltiples opciones innovadoras en pesos, simplemente elijan el viejo y querido dólar guardado bajo el colchón.

