El viernes 14 y el sábado 15, Paysandú vivió la décima edición del Festival Canción de Río, una experiencia artística que se ha consolidado como espacio de encuentro, creación y comunidad. Nacido en 2015 como un encuentro de cantautores, hoy es un festival de música y artes que convoca a artistas emergentes y consagrados, gestores culturales y público de distintos territorios, con un mismo espíritu: compartir, sensibilizar, promover derechos, generar redes. Y, por supuesto, disfrutar del arte. Impulsado desde sus inicios por el músico Juan Manuel Barrios, luego junto a la gestora y comunicadora Evangelina Perroni, el festival es organizado por las productoras Crac! y Río Luna, en esta oportunidad con el apoyo del Fondo Nacional de Música y la Dirección de Cultura de la Intendencia Departamental.

La primera jornada comenzó por la tarde, en la librería Prisma de Lunares, con el taller “La IA, ¿nuevo fuego para la gestión cultural?”, a cargo del colectivo Somos Atoma –Cinthya Moizo, Evangelina Perroni y Sofía Casanova–. Más tarde, el Centro Cultural Imagina se convirtió en escenario de una noche de canciones que abrió Chito Lemes junto a la Orquesta de la Electricidad, seguido por Carlos Pulidori (Federación), Juan Manuel Barrios (Paysandú) a dúo con Flor Dávila (Salto), Den Mayo (Buenos Aires) acompañada por Agustín Curuchet, y Papina de Palma (Montevideo). La música continuó luego en la calle, frente a Prisma de Lunares, integrándose a la Noche de las Librerías.
El sábado por la mañana, la Alianza Francesa fue sede de un conversatorio coordinado por el colectivo Mujerío, de San José, Entre Ríos, con la bailarina Gabriela Loker como expositora central y una activa participación del público.
Se compartieron ideas sobre gestión cultural, derechos humanos, construcción de comunidad y el arte como acción poética. Por la tardecita volvió la música a Imagina, con presentaciones de Tinaí (Concepción del Uruguay), Renata López (artiguense radicada en Paysandú), junto a Henry Ayala, Flor Dávila y Valentina Russo; el trío vocal de Magui Mas, Meli Olivera y Lara Gramajo; Sofía León (Montevideo) y Pablo Grinjot (Buenos Aires), quien ha sido parte del festival desde sus comienzos.
El after en la Alianza Francesa sumó al festival el encuentro informal, con presentaciones de Agu Leicker (Concordia), el dúo Sandú y La Crisis Uruguaya, ambos de Paysandú, y Trinchera, de Concordia. La noche culminó con un baile memorable con Martín Buscaglia como DJ, en un set de vinilos. En paralelo, en la Sala Moliere se podían visitar las muestras fotográficas “Con alma de río”, de Marilina Odella y Martín Rameu, y “No es el cuerpo”, de Agustina Bouvet.
Miradas desde dentro
El periodista concordiense Carlos Rodríguez, quien ha acompañado el festival desde sus inicios y este año narró en tiempo real lo vivido, a través de las redes, valoró el crecimiento y la esencia del encuentro: “No hay un festival como Canción de Río en muchos kilómetros a la redonda. Es una experiencia hermosa, que ha ido creciendo, consolidándose y generando puentes entre artistas de diversas disciplinas”, expresó.
Destacó además el modo en que conviven artistas consagrados con emergentes: “Los artistas más reconocidos tienen la empatía de relacionarse con cualquiera, y eso pone a todos en igualdad de condiciones. Es un espacio sabiamente curado”. Y confesó: “Yo soy fan de Canción de Río. Para mí es un hito muy importante formar parte, escribiendo y relatando lo que aquí sucede”.
Otro comentario que refleja el espíritu del festival fue el que difundió en sus redes la artista argentina Den Mayo. Encuentros como Canción de Río “cambian vidas”, afirmó, “por la generosidad, la inspiración y la posibilidad de construir redes, viajar, compartir canciones y sensibilidades”. Agradeció a la organización y a los artistas por “un festival maravilloso, donde todo salió mejor imposible, sobre todo el corazón. ¡Feliz cumple Canción de Río, y por cien más!”, expresó.
Fueron dos jornadas colmadas de arte, que reafirmaron al festival como un territorio donde la música, la palabra, el arte en general, y la sensibilidad, se entrelazan y se celebran como una manera de habitar el mundo.
