El Mercosur es un bloque fragmentado y burocrático que desde hace un cuarto de siglo procura concretar un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea.
Sin embargo, hoy se encuentra con dos presidentes de orientaciones ideológicas opuestas que, paradójicamente, se quejan de lo mismo. El presidente argentino, Javier Milei, expuso —a su manera— una de las problemáticas no resueltas y largamente discutidas del bloque. Señaló que los aranceles externos del Mercosur “están entre los más altos del mundo” y que, lejos de proteger el empleo, “lo destruyen”. “La región necesita un arancel moderno, simple, competitivo y alineado con las prácticas de los bloques dinámicos del siglo XXI. De lo contrario, seguiremos condenados a crecer por debajo del mundo”, afirmó el mandatario argentino.
También aseguró que, cuando el Mercosur negocia de forma conjunta, “los procesos se dilatan y las oportunidades se pierden”.
El presidente uruguayo, básicamente, se refirió a lo mismo cuando pidió a los socios del bloque sudamericano que flexibilicen las reglas para negociar acuerdos con terceros países, de modo que cada Estado pueda buscar nuevos mercados sin tener que hacerlo obligatoriamente en conjunto.
Para Yamandú Orsi, “es imperativo que, en la medida en que nuestras necesidades evolucionen, el bloque sea lo suficientemente flexible y moderno como para brindarnos el espacio necesario para fomentar el desarrollo de nuestras economías y generar crecimiento y beneficios sustanciales para nuestros pueblos”. En el fondo, aunque con un lenguaje bastante más directo, Luis Lacalle Pou ya había dicho que “el Mercosur no puede ser un lastre” ni actuar “como un corsé” que impida el avance comercial de Uruguay.
El país continúa hoy con negociaciones iniciadas en períodos anteriores y el 16 de setiembre firmó acuerdos con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA). Además, espera concluir negociaciones con Emiratos Árabes Unidos y Canadá, así como profundizar las conversaciones con India y Vietnam.
En este sentido, es importante recordar la historia de acuerdos que Uruguay impulsó y no logró concretar. Un ejemplo fue el intento del gobierno de Tabaré Vázquez de firmar un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, que naufragó por el rechazo de algunos sectores del Frente Amplio y de otros socios del Mercosur, que no aceptaban una negociación bilateral con terceros países.
Así, la historia de desacuerdos políticos y estratégicos internos pesa desde el inicio del bloque.
Por otra parte, antes del 12 de enero la Unión Europea deberá volver a intentar reunir la mayoría cualificada necesaria para aprobar un TLC entre ambos bloques. Será clave, además, saber si Italia logra resolver los problemas con su sector agrícola, que llevaron a Giorgia Meloni a pedir más tiempo y a comunicarse con el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, para moderar el tono de sus declaraciones. “Ya avisé que, si no es ahora, Brasil no hará más acuerdos con la UE mientras yo sea presidente”, dijo recientemente el mandatario brasileño.
El presidente francés, Emmanuel Macron, se mantiene inconmovible. Adelantó que “no sabe” si su gobierno estará dispuesto a apoyar la firma en enero. Condicionó su respaldo a la existencia de “garantías” que incluyan una dotación suficiente de la Política Agrícola Común (PAC) y un “marco” que proteja a la agricultura francesa frente a los desafíos de los últimos años.
En este contexto, las poderosas gremiales de agricultores protagonizaron intensas protestas callejeras en Bélgica. Aunque pasaron bastante desapercibidas para los medios internacionales, incluyeron enfrentamientos con la Policía, daños al espacio público y bloqueos que paralizaron la movilidad en el corazón político del bloque.
Unos 10.000 agricultores se movilizaron en Bruselas y prometieron volver en los próximos días. Las gremiales sostienen que las cláusulas de salvaguarda son “humo y espejos”, ya que no garantizarían un comercio justo y solo beneficiarían a la agricultura del Mercosur.
Los sindicatos agrarios temen una invasión de productos que, en los hechos, no sería tal. Por ejemplo, en carne vacuna, la cuota representaría apenas el 1,6% de la producción de la Unión Europea, o hasta 99.000 toneladas, ya que superado ese límite se aplicarían aranceles superiores al 40%.
El año pasado, el Mercosur exportó al bloque europeo productos agrícolas y alimentarios por 23.300 millones de dólares, según datos del instituto europeo de estadística Eurostat.
En los últimos días, la Unión Europea trabaja en nuevas salvaguardas y compensaciones para los agricultores, con el objetivo de satisfacer a los gobiernos de Macron y Meloni.
Junto con los gobiernos del sur europeo, los industriales alemanes también expresaron su frustración por no haber alcanzado un acuerdo antes de cerrar 2025. La mayor economía europea considera que el aplazamiento es “un revés” para la credibilidad del bloque y asume que el continente debe mejorar su competitividad. Las cámaras empresariales destacan que los acuerdos de libre comercio diversifican las relaciones económicas y contribuyen a una estrategia para enfrentar los nuevos aranceles impuestos por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Mientras la política estadounidense se vuelve más proteccionista, las cámaras alemanas apuestan por mercados abiertos, ya que el 85% de las exportaciones europeas al Mercosur están sujetas a aranceles. Los empresarios alemanes calculan costos adicionales por unos 4.000 millones de euros, o cerca de 4.700 millones de dólares anuales.
En lo inmediato, el trasfondo político ejerce una fuerte presión. Macron siente muy cerca a la extrema derecha, que no deja de crecer en Francia y mantiene una férrea oposición a los TLC, al tiempo que exige mayores niveles de proteccionismo agrícola.
Meloni, por su parte, viene expresando dudas desde hace tiempo y, en algún punto, ambos líderes coincidieron en la decisión de aplazar el acuerdo.
El Mercosur tampoco es ajeno a las turbulencias económicas y políticas. La región observa una caída de su Producto Bruto Interno (PBI), con el peor desempeño en comparación con otras regiones del mundo.
China avanza con fuerza desde hace años y no pierde oportunidad de manifestar su intención de incrementar el comercio bilateral con el continente.
Pero tampoco sería ingenuo pensar que el bloque, en su totalidad, avanzará de manera uniforme. El impulso está en manos de dos países. Argentina y Brasil son los socios más importantes del Mercosur y atraviesan serias dificultades económicas.
Además, representan modelos políticos opuestos. El desafío es que logren avanzar juntos.
