Desde hace ya bastante tiempo, nuestro país se ve ante la alternativa de seguir el camino de otros países de la región que en los últimos tiempos han optado por dejar de vacunar contra la aftosa, confiados en que en que la enfermedad fue erradicada y las medidas de prevención alternativas a la vacuna son suficientes para controlar el eventual brote de focos, o seguir vacunando, con el estatus de libre de aftosa con vacunación, para el acceso a los mercados. No es un tema para tomarlo a la ligera, porque hay opiniones muy respetables y argumentadas en uno u otro sentido de los actores directamente involucrados, tanto productores como técnicos tanto de los organismos del Estado como de actores privados, aunque nadie sostiene –con buen criterio– tener la bola de cristal para discernir el camino a tomar que no ofrezca dudas y esté exento de riesgos y cuestionamientos.
Recientemente dábamos cuenta en nuestra sección de rurales de EL TELEGRAFO de conceptos del director general de los Servicios Ganaderos del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, Dr. Marcelo Rodríguez, quien señaló que “en Uruguay tenemos que hablar más de aftosa”, tras participar en el taller regional sobre el tema realizado recientemente en Asunción del Paraguay, con la participación de autoridades sanitarias de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, expertos de OMSA (Organización Mundial de Sanidad Animal) y representantes del sector privado.
La fotografía sanitaria, según expresiones del director, es que se está en el inicio de una nueva era para la región, que “es probablemente la mejor del mundo en situación de fiebre aftosa, excepto por el caso de Venezuela, que no ha logrado el estatus de libre de fiebre aftosa”. Con la reciente transición a estatus de libres de aftosa sin vacunación de Brasil y Bolivia, se incorporaron alrededor de 250 millones de bovinos que dejan de vacunarse y los sistemas sanitarios enfrentan un escenario sin precedentes, mercados más exigentes, mayor escrutinio internacional y un riesgo creciente de virus exóticos no cubiertos por las vacunas actuales. En este escenario precisamente, según la evaluación del director, Uruguay continúa vacunando pero a su vez debe demostrar año a año que vacuna sin tener virus, un requisito costoso pero indispensable para mantener mercados.
La dicotomía entre seguir afrontando costos de vacunación y asumir riesgos ha estado planteada desde el principio en lo que respecta a la posición de Uruguay, porque en nuestro país sobre todo a partir de la crisis regional de la aftosa de 2001, que nos costó pérdidas por centenares de millones de dólares, por brotes que circularon en la región y no se pudieron parar antes de llegar al Uruguay, la opinión prevalente ha sido la de no correr el riesgo de devastar nuevamente nuestra economía si podemos seguir manteniéndonos con el estatus de libres con vacunación. Pero esa postura no es la misma que la de otros países que gradualmente han ido pasándose a dejar de vacunar y apostar a que se podrían controlar eventuales brotes, en caso de que ocurrieran.
Para el Dr. Marcelo Rodríguez, vacunando o no vacunando, “las medidas de prevención son las mismas, muy parecidas”, por cuanto “tenemos que tener una buena vigilancia epidemiológica, los servicios capacitados, los laboratorios funcionando bien. La sensibilidad de nuestro sistema: productores, veterinarios de campo, y los funcionarios oficiales, con la capacidad de que cuando hay un evento similar de campo o parecido de fiebre aftosa, poder denunciarse y poder hacer todo el procedimiento como si fuera una enfermedad y después descartarlo, nos parece fundamental”.
Mencionó el jerarca que estas directivas van en línea con la confirmación de Uruguay en el Banco Regional de Vacunas (Banvaco), una iniciativa que integran Brasil, Paraguay, Ecuador y Bolivia, instrumento cuya importancia fue destacada en el taller regional realizado en Asunción. El Dr. Rodríguez señaló que el banco permite tener antígenos y vacunas listas para actuar rápido, y a la aftosa siempre se gana con una respuesta rápida”.
Una respuesta rápida que lamentablemente no se dio en la región en la crisis de 2001, cuando productores y algunos organismos sanitarios de control no estuvieron a la altura de la circunstancias, se ocultaron datos, y la producción de la región fue devastada como nunca antes por la crisis sanitaria, con cierre de mercados y reapertura tras un prolongado período de recuperación que debió asumirse para superar la catástrofe. Es decir que los antecedentes que datan de hace más de veinte años no son buenos, aunque ha corrido mucha agua bajo los puentes y se tiene otra perspectiva sobre lo que se debe hacer y que no en estas circunstancias. Y por más que el mayor riesgo que aparentemente pueda surgir es extrarregional, con los virus exóticos, el mensaje que surge es que Uruguay deberá fortalecer la vigilancia pasiva y activa, reforzar las actividades de prevención y mitigación del riesgo de introducción del virus y llevar adelante, como está previsto para 2026, dos simulacros nacionales de respuesta a emergencias, uno de gabinete y otro en campo, en coordinación con INAC y el sector privado.
Consecuentemente, se indica que vacunando o no vacunando, las medidas preventivas a mantener son prácticamente las mismas, y los conceptos vertidos por el director de los Servicios Ganaderos van en línea con los que expresara en febrero de este año, poco antes de asumir, en el sentido de que es fundamental “organizar una discusión” para ver “por qué estamos vacunando” contra la fiebre aftosa, trayendo así al tapete un tema que nunca se ha zanjado definitivamente. Subrayó que “hay que pensarlo bien, y sobre todo tratar de analizar lo que pasa a nivel internacional, hacia dónde van los países y nuestros principales competidores”. Las auditorías que vienen a Uruguay “nos exigen un montón de documentos o de respaldos técnicos y científicos a la hora de demostrar por qué vacunamos. Todo eso me parece que hay que ponerlo arriba de la mesa y no encerrarnos. Hay que discutir, analizar y sobre todo tomar una decisión lo más consensuada posible”. Hasta ahora, precisamente, Uruguay ha tomado en cuenta la opinión mayoritaria de los técnicos y de las asociaciones de productores, y mantiene el estatus de libre de aftosa con vacunación. Para el director, podría haber elementos muy valederos a tomar en cuenta que estarían en la línea de evaluar los pro y los contra de los beneficios de dejar de vacunar para mejorar la performance de nuestras carnes en el mercado internacional.
Y la discusión sigue en la mesa, con posturas encontradas, porque se advierte que se debe tener mucha cautela y se debe analizar exhaustivamente cuál es el riesgo potencial que existe al dejar de vacunar, por cuanto muchos técnicos entienden que con vacunación igualmente no tenemos problemas de acceso sanitario relevantes, por lo que consideran que no tendría valor dejar de vacunar para acceder a algunos mercados, en tanto el riesgo por dejar de vacunar sí existe. Lo que reafirma que en esta escala de pros y contra, habida cuenta de la postura de algunos países de la región, nuestro país debe hilar muy fino para determinar si debe cambiar el rumbo, ante una ecuación riesgo-beneficio que es incierta, y que depende mucho de la suerte, que en este caso se ata a que los otros hagan bien los deberes, con antecedentes que no son los mejores.

