El músico suizo Pascal Viglino ofreció un taller de teatro musical

Una decena de sanduceros –entre músicos, teatristas, algún estudiante y amantes del arte en general– se dio cita en el Auditorio Miguel Ángel Pías de Casa de Cultura para participar en el Taller de creación y teatro musical contemporáneo, dictado por el percusionista, compositor y director de arte suizo Pascal Viglino. La actividad integró la agenda cultural que acompañó la llegada a Paysandú del espectáculo internacional Orgues de Grandeur, conformado por el propio Viglino junto a la soprano Sofía Rauss y el organista Antonio García, presentado en la Basílica en el marco del 39º Festival Internacional de Órgano del Uruguay.

Para introducir el concepto de teatro musical, el músico tomó como guía su propia experiencia de vida y su extensa trayectoria artística internacional. “El teatro musical es una mezcla entre música y teatro. No es algo nuevo, pero sí la forma en que se trabaja; en francés se dice théâtre musical”, explicó. Lejos de una clase teórica tradicional, el taller se planteó como una invitación a explorar cómo la música puede dialogar con otras disciplinas artísticas. “¿Cómo podemos encarnar la música con otras formas de arte?”, preguntó a los asistentes.

Viglino, quien dirige en Suiza el festival interdisciplinario Schlossmediale –donde la música contemporánea, la performance y la imagen conviven en espacios no convencionales– y la compañía de teatro musical Klangbox, desarrolló estas ideas a partir de ejemplos concretos de su propio trabajo. “La música es una forma muy abstracta. La pregunta es cómo usarla dentro de una narración que no sea solamente lineal”, señaló, abriendo el juego a la integración con las artes visuales, las artes plásticas e incluso la ciencia. En ese sentido, relató experiencias que incluyeron trabajos con artistas callejeros y con proyectos científicos: “He trabajado con el International Space Center de Suiza, mezclando sonidos de la astronomía y de la ciencia con música”.

El teatro musical como herramienta expresiva

El taller se caracterizó por una amplia interacción entre el artista y los participantes, con ejercicios prácticos sencillos y experiencias exploratorias. En ese contexto, presentó un objeto sonoro de creación propia que, entre otras posibilidades, reproduce el mugido de una vaca, utilizado como ejemplo de cómo cualquier sonido puede integrarse a una construcción escénica. A partir de estas dinámicas, el músico fue desentrañando los fundamentos del teatro musical contemporáneo y sus orígenes. “Es una forma muy actual que viene de los años ‘50, con John Cage. No se trata simplemente de teatro acompañado de música, sino de construir la narración desde el inicio con sonido, gesto y acción”, explicó, en referencia al creador que rompió las fronteras entre música, silencio y performance, transformando al público y a los intérpretes en parte activa de la obra.

Otra idea especialmente estimulante para quienes participaron fue pensar la música como un relato escénico integral, más allá del concierto tradicional. “En el teatro moderno esto se utiliza muchísimo. Es otra forma de narrar y de comunicar. Hay personas más sensibles al sonido y otras más sensibles a lo visual; cuando estos lenguajes se combinan, la experiencia se vuelve más accesible y profunda”, reflexionó el músico suizo, subrayando el valor del teatro musical como una herramienta expresiva ampliada.

Hacia el cierre, Viglino sintetizó su enfoque con una idea que atraviesa tanto su obra como su filosofía de trabajo: “El teatro musical siempre es un juego, un juego con el espacio y el sonido. Y creo que todos deberíamos llevar ese espíritu a nuestro trabajo y a nuestra vida, adaptándolo a cada momento que nos toca vivir”.