Una pelea familiar interminable

Buenos Aires (Por Horacio R. Brum).- El dulce de leche, el asado, La Cumparsita, Artigas, la declaración de independencia de 1825… Uruguayos y argentinos somos un caso único en América Latina y probablemente en el mundo por tener raíces históricas y culturales tan compartidas, pero como en toda familia tenemos nuestras peleas, a veces por cosas importantes (recordemos el bloqueo de los puentes) y más frecuentemente, por pequeñeces que se reclaman como parte de la identidad. No hay duda alguna de que La Cumparsita es un tango uruguayo, pero en el extranjero es frecuente que ese “himno de los tangos” sea usado para identificar a Argentina; el Padre de la Patria no era argentino, porque, cuando él se batió por la libertad de la Banda Oriental y otras de las Provincias Unidas del Río de la Plata, ese era apenas un país en proyecto y solamente adquirió el nombre oficial de República Argentina en 1860; es cierto que una de las leyes de la Florida proclamaba la adhesión a las Provincias Unidas, pero esa intención duró pocos años y en 1830 nos identificamos definitivamente como orientales o uruguayos. En cuanto al dulce de leche, desde México hasta Chile y Perú existen versiones de esta delicia supuestamente rioplatense, con nombres como manjar, manjar blanco o cajeta. Sin ahondar mucho en la cocina latinoamericana, tal vez argentinos y uruguayos puedan reclamar el asado y sobre todo, la forma de hacerlo con cuero, que ya casi no se ve actualmente, pero sorprendió y deleitó a muchos viajeros europeos de los siglos XVIII y XIX.
Discusiones para historiadores o para gastrónomos aparte, hay un tema que sigue provocando roces de los orgullos nacionales en ambas orillas del Plata, en una polémica que parece interminable: la nacionalidad de Carlos Gardel. “Tacuarembó sigue ‘persiguiendo’ a Carlos Gardel”; “Por qué el mito de Tacuarembó vuelve una y otra vez”; “Ocurrencia: los uruguayos vuelven a la carga para poder quedarse con Gardel”; “Gardel y Tacuarembó, un nacimiento inventado”. Como sucede cuando hay complicaciones en un partido de las selecciones nacionales de fútbol, se multiplicaron recientemente en los medios de comunicación argentinos los titulares y artículos que trataban de negar toda razón a los uruguayos respecto de la divulgación de un documento que podría confirmar que el Zorzal Criollo nació en aquel departamento del Interior. En una fe de nacimiento firmada en 1920 en el consulado uruguayo de Buenos Aires, el ídolo popular declaró haber nacido en Tacuarembó en 1887. El dato no es una novedad, porque cuando estuvo en Paysandú para actuar en el Florencio Sánchez, en 1933, el cantante respondió así a la consulta de un periodista de EL TELEGRAFO sobre su lugar de nacimiento: “Un artista, un hombre de ciencia, no tienen nacionalidad, un cantor tampoco, es de todos y sobre todo su patria es donde oye aplausos, pero ya que insiste, uruguayo, nacido en Tacuarembó”.
De todos modos, lo concluido por la comisión binacional Gardel Rioplatense desató una ola de cuestionamientos en Argentina, con participantes de alto calibre, como José Claudio Escribano, una figura insigne del periodismo nacional e integrante del directorio del diario La Nación. Una página entera de su diario dedicó Escribano al asunto y afirmó que el artista buscaba obtener el pasaporte argentino, por lo cual “los verdaderos especialistas en Gardel saben que la fecha de 1887 atribuida a su nacimiento fue consecuencia del trámite fraguado en 1920 a fin de obtener el documento de identidad que se le había retaceado hasta entonces. Gardel logró a medias lo que se proponía. Le concedieron una cédula después de declarar que había nacido en 1887 en Tacuarembó, Uruguay, y perseveró hasta conseguir por entero lo que perseguía tres años más tarde, en 1923, en que dio iguales referencias contradictorias con el registro de su nacimiento en Toulouse”.
Gardel, Maradona, el peronismo, las Malvinas, son temas que en Argentina no se pueden discutir desapasionadamente. Juan José Sebreli, uno de los intelectuales más lúcidos del país (fallecido el año pasado), recordó en su libro ‘Comediantes y Mártires. Ensayo contra los mitos’, cómo fue censurado en una mesa redonda sobre el cantante, cuando osó criticarlo. Primero, desde el público mayoritariamente “gardelómano” fue abucheado y criticado a gritos; cuando él intentó continuar con su ponencia, el moderador del debate hizo que la orquesta de tango presente comenzara a tocar música a todo volumen.
En Comediantes y Mártires –donde también cuestiona los mitos en torno a Maradona, Evita y el Che–, Sebreli acepta la versión del origen francés de Gardel, pero sostiene que éste solía falsear los datos sobre su identidad entre otras razones, por su condición de hijo sin padre conocido. El filósofo y ensayista también se refiere a la cualidad rioplatense del tango, que “surgió al mismo tiempo en Buenos Aires y en Montevideo, y sólo llegó tardíamente al interior del país, donde debió competir con el folclore local. No fue una expresión nacional sino rioplatense… producto de dos ciudades portuarias con altos índices de inmigración”.
En ese contexto, Juan José Sebreli sostiene que la figura mítica de Carlos Gardel surge de una manipulación política de las masas, porque cuando se produce su muerte Argentina pasaba por una de sus etapas de gran corrupción política y crisis económica. Entonces, el diario sensacionalista Crítica, en connivencia con el presidente Agustín P. Justo, montó una operación para distraer a la opinión pública, centrada en unas exequias fastuosas. Para Sebreli, “la muerte de Gardel favoreció el mito cuando su popularidad llegaba a la cumbre y comenzaba el descenso. Es muy probable que sin su muerte prematura no hubiera habido mito”.
Tacuaremboense o no, hay otras coincidencias uruguayas en la vida de Gardel: el propietario del diario Crítica era Natalio Botana, un periodista nacido en Sarandí del Yí que llegó a Buenos Aires en 1911 y con el dinero obtenido en un juego de póker fundó la publicación que fue la pionera de la prensa popular y le dio un gran poder político. Por otra parte, el guitarrista, cantor y compositor montevideano José Razzano formó el dúo Gardel-Razzano, base de la carrera de Gardel, y administró los negocios de éste hasta 1933.
José Podestá, nacido en Montevideo, es reconocido como uno de los fundadores del teatro nacional argentino; Florencio Sánchez alcanzó la fama como dramaturgo en Buenos Aires, así como el salteño Horacio Quiroga se convirtió con sus cuentos en una de las glorias de la literatura de ambos países. Desde la literatura hasta el fútbol, los uruguayos triunfaron y triunfan en Argentina sin estar envueltos en misterios respecto de su origen, pero como dice en Comediantes y Mártires Juan José Sebreli, Gardel “se había creado un personaje idealizado con sucesos reales o fantaseados… El biógrafo no puede internarse en los entresijos del personaje y queda sólo un misterio destinado a no desvelarse”.