En la cancha internacional, por inversiones
Mientras el presidente de la República, Yamandú Orsi, arriba al país tras una extensa gira por China, donde se reunió con altos mandatarios, empresarios y académicos, Oddone viajará con una agenda enfocada en la promoción de inversiones, infraestructura y desarrollo sostenible, aunque con una delegación muy escueta.
El secretario de Estado repite la misma premisa desde antes de su designación al frente de la cartera: si el país no crece a tasas superiores a las previstas, no será posible alcanzar la justicia social que su fuerza política pregonó durante la campaña electoral.
Los economistas ponen números a esa afirmación, y Oddone lo hace con una ecuación clara: Uruguay necesita elevar la tasa de inversión al 20 % del Producto Bruto Interno (PBI). Esto equivale a unos 16.000 millones de dólares, que en su mayoría deberán provenir de inversiones empresariales privadas.
Aproximadamente 4.000 millones corresponderán a recursos públicos, mientras que los restantes 12.000 millones deberán ser aportados por otros capitales.
De lo contrario, las cuentas no alcanzarán para cubrir las prioridades del gobierno, centradas en la infancia y la adolescencia, seguidas de otras políticas del área social.
El “pie en el acelerador” está impulsado por un Presupuesto Quinquenal aprobado en diciembre pasado, que resulta insuficiente. Incluso, el ministro fue más allá: creó una “unidad de inversiones” y sostuvo en reiteradas declaraciones que “no hay ninguna razón” para eliminar los incentivos que implican una renuncia fiscal, aunque se comprometió a revisarlos.
El plan del gobierno para estimular las inversiones, previo a los viajes oficiales, fue presentado a mediados del año pasado. Allí se planteó la necesidad de agilizar los procesos y el análisis de los proyectos, mediante la instalación de ventanillas únicas para inversiones y comercio exterior. También se propusieron mayores estímulos para iniciativas desarrolladas en departamentos con mayores problemas de empleo y beneficios específicos para las pymes.
El traslado de la vivienda promovida desde el Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial a la órbita del Ministerio de Economía no es un dato menor. Con este cambio, el gobierno pasó a ponderar esta actividad como un motor de inversión y generación de empleo, con especial énfasis en los departamentos con elevados índices de pobreza y desempleo.
Uruguay viaja, además, con atributos construidos a lo largo de distintos gobiernos: estabilidad democrática, seguridad jurídica, respeto a los derechos de propiedad y estabilidad de su PBI.
En este último aspecto, el Producto Bruto Interno solo se contrajo durante el año de la pandemia, y pese a cierta volatilidad cambiaria, el país mantiene firme el cumplimiento de la meta inflacionaria.
Son condiciones que se han mantenido sin mayores alteraciones, independientemente del color político del gobierno. A pesar de los discursos de campaña, Uruguay sostiene desde hace 15 años el grado inversor y exhibe el riesgo país más bajo del continente.
Sin embargo, crece poco. Y ahí está el problema. La inversión se encuentra rezagada en comparación con otros países de la región y representa apenas el 16 % del PBI. De hecho, la última gran inversión que impactó en los números macroeconómicos fue UPM 2. Por estos días, los gobiernos de la región hablan con grandes expectativas del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur. El punto es que todos compiten por captar esa inversión extranjera y algunos vecinos han mejorado su posicionamiento.
Es el caso de Paraguay, que crece a tasas superiores a las de Uruguay desde hace tiempo, mantiene precios estables, menor presión fiscal, también ostenta grado inversor y una estabilidad política que refleja cambios internos en el país. Brasil cuenta con la ventaja de un enorme mercado interno, y en Argentina parece ser cuestión de tiempo la generación de un mejor clima de inversión, pese a los cuestionamientos partidarios.
En definitiva, la región es hoy más competitiva, Uruguay sigue siendo caro y el gobierno lo sabe.
Resulta complejo analizar por qué, si existe un régimen de promoción de inversiones con importantes exoneraciones del IRAE desde 2008, la tasa de inversión no ha mejorado. Si las reformas económicas no logran reducir el costo país, será difícil revertir este escenario.
El Índice Líder de Ceres evaluó que el año comenzó sin señales de recuperación: persiste la desaceleración y las expectativas de crecimiento se mantienen por debajo de la meta oficial.
El Presupuesto Quinquenal estimó un crecimiento de 2,2 % para 2026. Sin embargo, los analistas consultados en la encuesta del Banco Central proyectan un 1,9 %.
Mientras tanto, hay dos aspectos que no pueden quedar fuera de la discusión. Justamente ahora que el país experimentó una rotación de partidos políticos en el gobierno, deberá debatir sobre el atraso cambiario y el gasto público.
Uruguay viene incrementando el tamaño del Estado en cada presupuesto y eso, en algún momento, se volverá insostenible. Limita la inversión, aumenta los costos fiscales y siempre exigirá reformas estructurales para sostenerse en el largo plazo. No obstante —y aquí aparece un tercer elemento— no existe una convicción clara sobre esta necesidad.
El debate siempre queda atrapado en las preferencias políticas de los gobernantes y, en los hechos, nunca se concreta. A pesar de que la reforma del Estado y el gasto público son figuritas repetidas en cada campaña electoral.




