El legado que convoca: Eduardo Franco, presente en el recuerdo de sus fans

Frente al busto de Eduardo Franco, sobre avenida España, se realizó el clásico “Una flor para Eduardo” en el marco del Tercer Encuentro de Iracundómanos. Un homenaje que combina emoción, música y ese ritual sencillo que los fans repiten año tras año para mantener vivo el legado de Los Iracundos.

La convocatoria reunió a algunas decenas de personas, con fuerte presencia de visitantes llegados desde Argentina, Ecuador, Perú y Paraguay, aunque con escasa participación de sanduceros. Aun así, el clima fue de cercanía, de abrazos, historias compartidas, anécdotas de viajes largos y la certeza de estar, por unas horas, en “la ciudad de los ídolos”.

l homenaje tuvo además un marco especial pues en la víspera se cumplieron 20 años ininterrumpidos de estos actos frente al busto, inaugurado el 1º de febrero de 1997.

En el primer acto de “Una flor para Eduardo”, aquel miércoles 1º de febrero de 2006, participaron figuras profundamente ligadas al universo Iracundo: Dana María Karlowicks, esposa de Eduardo; el recordado locutor Beto Dione; y Daniel Escondeur, amigo de los integrantes del grupo y presidente de la comisión que hizo posible el busto en 1997, durante el segundo período de Jorge Larrañaga. En esa jornada quedó una frase que todavía resuena: “Eduardo fue un simple con alma de long play”, dijo Dione.

Este año, el acto -coordinado por Julio Baccaro- fue parte de una programación que se desplegó durante varios días, consolidando el 1º de febrero como un punto firme del calendario.

“DESCUBRIR PAYSANDÚ TAMBIÉN ES EL OBJETIVO”

En el acto estuvo presente el director de Turismo, Diego Torres, quien destacó el valor del encuentro como motor para posicionar a la ciudad como destino. “Apoyar la dinámica de los visitantes -señaló-, también es una forma de poner en valor a Paysandú en el marco de un homenaje que atraviesa generaciones”.

“Ponderar la ciudad como destino turístico, en el marco del homenaje a Eduardo Franco y a todos Los Iracundos -una música que marcó a muchas generaciones-, está dentro de nuestros objetivos”, expresó.

VOCES, POEMAS Y ESA EMOCIÓN QUE NO SE EXPLICA

Como cada año, el homenaje se alimentó de testimonios. Hablaron varios fans y también Daniel Escondeur, quien subrayó la persistencia del fenómeno, pues décadas después, la gente sigue viajando para estar presente.

“Son 37 años, es una barbaridad. No sé si hay otro caso de un artista al que todos los años la gente vaya, se congregue y conviva así”, dijo, celebrando además la llegada de “mucha gente nueva” y reconociendo ausencias de quienes estuvieron hasta el año pasado. Hubo aplausos largos, de esos que no son protocolo sino descarga.

Entre las historias que pintaron el espíritu del encuentro, se escucharon relatos de viajes extensos y esfuerzos personales para llegar. Uno de los casos más comentados fue el de un fan peruano que, tras una tormenta que complicó vuelos y conexiones, buscó alternativas por tierra para no perderse la fecha. “Cosas que hacen los locos fanáticos”, se escuchó, con una sonrisa que no juzga, entiende.

También tomó la palabra Luisa, llegada por primera vez desde Paraguay, quien definió su presencia como un sueño hecho realidad y recordó cómo esas canciones la acompañan desde la juventud, entre radios, dedicatorias y silencios cómplices.

MÚSICA EN EL CIERRE Y LA FLOR COMO SÍMBOLO

El acto culminó con la entrega de la flor, la foto grupal y la invitación a continuar la noche en el Teatro de Verano, para disfrutar de un cierre musical con Pasión y Vida y Eduardo Laviano.

Entre canciones y una emoción que vuelve cada febrero, el homenaje confirmó lo esencial, Eduardo Franco no es solo un recuerdo. Para quienes llegan desde lejos -y para quienes lo llevan cerca desde siempre- sigue siendo presente.