Tal como habíamos anunciado en una edición anterior, la comunidad Therian de Paysandú promovió una reunión de sus integrantes, para ayer domingo a las 18:00 horas en la Plaza Artigas. Desde antes de esa hora comenzó a congregarse una considerable cantidad de gente, pese a que el clima amenazaba con lluvias. En breves entrevistas con muchos de los asistentes, EL TELEGRAFO pudo comprobar que todos quienes habían llegado hasta allí estaban movidos por la curiosidad.
La hora avanzaba y ningún therian aparecía. Las calles habían sido cortadas, había presencia policial, y mucha expectativa. Pero los therians no aparecieron. Luego de que este medio intentara comunicarse con ellos sin resultado, pudo saber –extraoficialmente– que su página en Instagram había sido dada de baja a raíz de varias denuncias.
Es que si bien no se conoce mucho del tema, existen opiniones diferentes sobre este fenómeno. La reacción inicial de “la gente común” es el juicio apresurado y fácil de “están todos locos”. Los therians pasaron de ser un contenido de nicho a un tema de conversación masiva. Videos, memes, debates televisivos y opiniones rápidas se mezclan con algo más complejo: adolescentes que se reúnen, se visten, ensayan gestos y dicen sentirse cerca de un animal.
La opinión de los especialistas
Fernán Arana, quien se presenta en un Reel como doctor de sicología y especialista en personalidad y relaciones, plantea la necesaria diferenciación entre la theriantropía clínica y los therians que hoy están viralizados. Los primeros creen que realmente su cuerpo se está transformando en el de un animal, percibiendo el crecimiento de pelos o garras, por ejemplo, lo que viene acompañado de una pérdida de criterio, una distorsionada percepción de la realidad. Los que hoy son noticia, son therians “culturales”, quienes son conscientes de que no hay transformaciones físicas y conservan el criterio de realidad. Arana menciona un estudio reciente donde se comprobó que estos últimos no tienen la desorganización cognitiva propia de los cuadros de esquizofrenia, sino que se son características de una “esquizotipia” lo que hace que las personas tengan dificultad con las relaciones interpersonales y como consecuencia, alteraciones en los patrones de pensamiento, apariencia y comportamiento. Quienes pasan a pertenecer a esta tribu urbana (sostiene), asumir una identidad therian no distorsiona su percepción, y las personas más propensas son quienes tienen rasgos neurodivergentes, la sensación de estar en el cuerpo equivocado, algún grado de autismo, pero no tienen sicosis ni son delirantes. La pertenencia al grupo les permite tener una mejor autonomía.
En otra publicación, para la licenciada en Psicología Aldana Ferreira, el punto de partida es ordenar el vocabulario y bajar el volumen de la burla. “Lo primero es separar términos, porque en redes se usan mal y eso termina armando un juicio injusto” en muchos casos, no se trata de “ser” otra especie, sino de un modo de identificación. “No hablamos de cambiar de cuerpo ni de abandonar lo humano; hablamos de un vínculo simbólico con rasgos de un animal”, explicó. “Pueden tomar conductas o movimientos en ciertos momentos, pero eso no significa que su vida cotidiana se convierta en la de un perro o un zorro”. En esa práctica aparece lo lúdico, el ensayo de roles y la búsqueda de un lugar propio, con códigos compartidos y lenguaje interno, procesos típicos de la adolescencia. No como una moda vacía, sino como una forma contemporánea de pertenencia. “Funciona como un grupo identitario: te reconocen por cómo te mostrás, por lo que hacés y por el sentido de comunidad”, señaló. Puede ser una etapa, una exploración o una manera de expresar emociones que aún no encuentran otras vías. Ferreira propuso una comparación que ayuda a poner el tema en perspectiva histórica; “a otras generaciones nos pasó con las tribus urbanas como floggers, emos o estilos que, en su momento, también fueron motivo de estigmatización. Que sea llamativo no lo vuelve enfermedad”, advirtió, aunque por supuesto que “hay situaciones particulares donde puede haber confusión con la realidad, pero no es correcto generalizar ni convertirlo en diagnóstico automático”.
Por su parte, el sicólogo sanducero Sergio Chánes, dijo a EL TELEGRAFO que “seguirán existiendo un montón de fenómenos sociales que van a seguir apareciendo. Ser Therian es un fenómeno aparentemente identitario, se salen del constructo de lo humano, habría que preguntarles ¿por qué? Este fenómeno forma parte de las identidades alterhuman u otherkin que viene apareciendo en redes hace un tiempo, están por ejemplo los Otakus y nadie va a un cine o un teatro a pegarles porque se identifican con un comic o un personaje; no creo que se trate de gente vaga o enfermos mentales, para esto último debería haber un quiebre o una desconexión con la realidad y ellos se juntan en grupo, en comunidad sin molestar a nadie. Tengo entendido que casi todos viven su vida de modo funcional por así decirlo. Podría pensarse esto como un fenómeno identitario porque no es casualidad que sea en la adolescencia”.
Sugirió que tomemos sus palabras más como una opinión personal, y continuó “no tengo aún bien claro si es una moda o no, de todos modos me preocupa más la intolerancia social que hay y los atributos de jueces morales implacables que las redes le han dado a un montón de gente que no se informa. La consigna de ellos es clara, conectan con su espíritu animal pero tienen claro que no son animales y esa es la diferencia central entre estar fuera o dentro de la realidad. Es un fenómeno adolescente más bien identitario; de grupo de pares, gregario; como lo fueron los punk identificados desde la música y con una estética específica o la cultura Otaku que en Japón mueve a miles.
Conclusiones
Al parecer uno de los desafíos está en cómo se conversa públicamente sobre estos temas.
“Falta ponerle conocimiento y precisión, no opinar por impulso”, “Si usamos palabras incorrectas, terminamos alimentando la burla, el miedo y el prejuicio; y eso lastima más que el fenómeno en sí”, concluyen los especialistas, quienes también sugieren que al detectar cambios en la percepción de la realidad en el joven se realice una consulta con un profesional.
Y la otra conclusión evidente es que la curiosidad mueve multitudes, porque hasta que no empezó a llover, la gente permanecía inamovible en la plaza, esperando a los therians sanduceros.

