La Inteligencia Artificial, el periodismo y la educación

El uso de la IA es un hecho de la realidad tan contundente como imparable, y la discusión sobre su uso o no es tan bizantina como inútil. Nadie discute hoy en día si la Tierra gira alrededor del Sol o por qué punto cardinal amanece en el mundo. Tampoco debería hacerse con la IA, que es como un tren que viene de frente a toda velocidad. Por ello, nuestro esfuerzo debe estar centrado en cómo utilizarla, en lugar de tratar de tapar el sol —o detener un tren— con un dedo.

Un artículo publicado en julio de 2023 por Stefania Giannini, subdirectora general de Educación de la Unesco, expresó que: “La tecnología nunca es ideológicamente neutra. Exhibe y privilegia determinadas visiones del mundo y refleja formas particulares de pensar y conocer. Los nuevos modelos y servicios de IA generativa no constituyen una excepción. Los chatbots de IA como ChatGPT permiten que los usuarios tengan una experiencia radicalmente diferente con respecto a las tecnologías de IA basadas en búsquedas tradicionales de Google u otras webs. La tecnología de búsqueda selecciona y clasifica un menú de contenidos que los humanos han elaborado en respuesta a las consultas de los usuarios. En cambio, los chatbots con grandes modelos lingüísticos generan respuestas singulares y, como tales, mucho más autorizadas, utilizando contenidos producidos por máquinas. Los chatbots de IA funcionan, por tanto, como oráculos omniscientes. (…) En definitiva, las respuestas carecen de humanidad.

Las máquinas que proporcionan respuestas inmediatas, concisas y aparentemente definitivas a preguntas sobre determinados conocimientos pueden resultar útiles para los alumnos, los docentes y otras personas. Pero la tecnología también puede marcar el comienzo de un mundo en el que el conocimiento de las máquinas se convierta en dominante y los modelos de IA patentados se eleven a la categoría de fuentes globales, e incluso veneradas, de autoridad. Estos modelos proyectarán determinadas visiones y formas de conocer el mundo, dejando en un segundo plano a otras. A pesar de las promesas de la IA y otras tecnologías digitales de diversificar aún más nuestros sistemas de conocimiento, es posible que estemos avanzando en la dirección contraria. (…) A medida que la tecnología de la IA sigue impregnando nuestro mundo, debemos preservar y salvaguardar la diversidad de nuestros sistemas de conocimiento y desarrollar las tecnologías de la IA de manera que protejan y amplíen la riqueza de nuestros conocimientos como bien común. No podemos permitir que nuestros diversos sistemas de producción de conocimiento se atrofien, y debemos evitar que la creación de conocimientos se desvincule de los seres humanos. Aunque las máquinas entiendan algún día nuestra moral y nuestra ética, ese día aún no ha llegado. Ajustar la inteligencia de las máquinas a los valores humanos representa, como han afirmado muchos científicos y filósofos, un compromiso apremiante”.

En el marco de esta filosofía anticipatoria, en las últimas semanas “un total de 21 medios de comunicación de 12 países de América Latina han sido seleccionados para la etapa de implementación del AI Product Lab, un programa de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) con el apoyo de la Google News Initiative (GNI). Con el objetivo de impulsar la innovación y la aplicación de inteligencia artificial en las redacciones, esta fase clave permitirá a las organizaciones periodísticas avanzar del diseño de ideas a la implementación técnica de soluciones basadas en IA orientadas a fortalecer la sostenibilidad y el desarrollo editorial en la región. (…) Nuestro objetivo es promover un debate informado, la colaboración regional y el aprendizaje práctico que fortalezcan el periodismo, la innovación y la libertad de expresión en América Latina”, señaló Carlos Lauría, director ejecutivo de la SIP.

Como ha informado la comunicadora argentina Guadalupe López: “El documento firmado por la SIP también tiene como objetivo garantizar que las oportunidades comerciales y la innovación puedan prosperar dentro de un marco ético y responsable. (…) El documento, respaldado por más de 25 organizaciones internacionales, constituye un capítulo más en la batalla de los medios contra los modelos de inteligencia artificial generativa, en línea con el bloqueo que varios medios han realizado para que su contenido no pueda ser rastreado y utilizado para entrenar a ChatGPT”. (…) Ante este panorama, la postura de la SIP debe ser tomada en cuenta como un ejemplo sobre cómo abordar un tema que no es una moda pasajera, sino que ha cambiado y seguirá cambiando nuestra manera de vivir, de trabajar y de interactuar con otras personas.

En ese abanico de posibles afectaciones, el propio periodismo y la educación son áreas que requieren especial atención. En el periodismo, por los desafíos ya mencionados y por la tentación de recurrir a la ley del mínimo esfuerzo para retener información sin informarse debidamente acerca de lo que se está hablando, lo que lleva indefectiblemente a una menor conciencia de lo que se escribe. En parte, ello se debe a una pérdida de capacidades cognitivas que se arrastra de generación en generación.
En efecto, como lo ha señalado la historiadora argentina Laura Peiró: “Desde finales del siglo XIX, cada nueva generación superaba a la anterior en las pruebas de desarrollo cognitivo, un fenómeno que los expertos documentaron y celebraron como una constante de la evolución social.

Sin embargo, los datos más recientes indican que hemos llegado a un oscuro punto de inflexión histórico: la Generación Z es, oficialmente, la primera en registrar niveles de inteligencia inferiores a los de sus predecesores, los millennials. (…) Este retroceso no es una percepción subjetiva ni una queja generacional de café; es una realidad técnica respaldada por estudios globales y expertos en neurociencia. En enero de 2026, el doctor Jared Cooney Horvath, neurocientífico cognitivo especializado en aprendizaje humano, presentó un testimonio impactante ante el Senado de los Estados Unidos confirmando este declive. La tendencia que nos hizo ‘más inteligentes’ que nuestros padres y abuelos durante décadas se ha revertido, planteando una emergencia social que cuestiona directamente los pilares del sistema educativo moderno”.

Sin lugar a dudas, el uso responsable de la IA requiere un marco normativo basado en la ética, la responsabilidad, la libertad de expresión, la libertad de prensa y la protección de la individualidad de las personas. Todo ello exige reglas claras que impidan “monopolios de hecho”, como sucede hoy con varias empresas de tecnología y comunicaciones. A ello debe sumarse, además, la perspectiva humana en los temas importantes, que siempre es necesaria y bienvenida.

Si la IA hubiese existido en 1492 y los Reyes Fernando de Aragón e Isabel de Castilla le hubiesen preguntado si la Tierra era redonda, seguramente Colón todavía estaría esperando la respuesta en el puerto de Palos. Gracias a la decisión de los Reyes, no fue así. Y ello demuestra que, muchas veces, la IA no es sinónimo de progreso, sino de confirmación de lo ya conocido y, por ende, de una posible limitación para el progreso humano.