La búsqueda de hidrocarburos bajo el lecho marino mediante la utilización de tecnología sísmica preocupa enormemente a las organizaciones ambientalistas.
Si bien el ministro de Ambiente, Edgardo Ortuño, aseguró que se iban a exigir todas las garantías para proteger el ecosistema marino y recientemente se aumentaron las restricciones –como limitar la actividad a una distancia mínima de un kilómetro de la fauna de gran tamaño y exigir cuatro especialistas para observar cómo evoluciona la vida marina en el entorno— preocupa el alto impacto que las explosiones acústicas provenientes de los cañones de aire comprimido puedan causar, considerando que emiten sonidos que superan los 230 decibeles.
Recordando que el máximo permitido para nosotros en un trabajo de ocho horas es de hasta 80 decibeles, más de 200 para los animales en la superficie del mar durante las 24 horas del día y varias semanas o meses, provocaría un daño descomunal e irreversible.
“SER GUARDIANES DEL
MAR Y DEFENDERLO”
Sandra Corbo reside en Maldonado, representa a Amigos del Océano y a la Red Unión de la Costa, que junto a Mar Libre de Petroleras Uruguay convocaron a una manifestación en Punta del Este para intentar detener las prospecciones sísmicas que comienzan en marzo.

En diálogo con EL TELEGRAFO, Corbo compartió la proclama que leyó y señaló que más de 400 personas se hicieron presentes en la convocatoria y luego marcharon por la calle Gorlero. “…Gracias a quienes se han involucrado y sienten que este es el camino que elegimos, el de ser guardianes del mar y defenderlo…”. “Hoy estamos aquí de pie; personas comunes haciendo algo extraordinario que es defender lo que amamos. Estamos aquí con una convicción clara: el mar no se toca. No lo hacemos por interés y no lo hacemos por protagonismo, lo hacemos por conciencia. Defender el lecho marino es defender la vida invisible que allí habita. Es defender la flora, la fauna que sostiene el equilibrio del océano. Es defender las ballenas, los peces, microorganismos, ecosistemas completos que no tienen voz en esta plaza, pero cuya existencia depende de nuestras decisiones. Es también defender a las comunidades costeras, a quienes viven del mar, a quienes trabajan con el mar y a quienes enseñamos a nuestros hijos a respetarlo. Lo que defendemos es mucho más que un ecosistema, es la vida misma. El mar, las especies que habitan en él, las comunidades que dependen de su salud…”.

Lo que está en juego es la esencia de nuestro país, de nuestra cultura y de nuestra humanidad. Este es el grito de un pueblo unido; un pueblo que entiende que nuestra existencia está profundamente vinculada a la salud del mar y de sus especies”. “Las corporaciones petroleras no vienen a ofrecer nada que valga la pena para nuestro país, vienen a aprovechar lo que no les pertenece. A explotar lo que no debe ser tocado sin consideración. En su búsqueda de ganancias inmediatas arrasan con lo que no puede ser restaurado: el mar, sus especies, los ecosistemas que nos dan vida. Las ballenas, delfines, corales, todas las criaturas que habitan en el mar sufren en silencio”, explicó.
“Los gobiernos no nos representan. Fueron elegidos para velar por el bienestar del pueblo, para proteger lo que es de todos y, sin embargo, hoy se muestran serviles a las multinacionales, firmando contratos secretos y actuando de espaldas al pueblo…”.
“Exigimos que el gobierno actúe con responsabilidad, que se alinee con el bien común y abandone su complicidad con quienes destruyen lo que no les pertenece. El mar no es una mercancía, no está en venta…”, demandó, expresando luego que “el mar no se toca, el mar se defiende y la dignidad de nuestro país también. No a la prospección sísmica y sí a la vida”.
