Venezuela, con un chavismo “reconvertido” y a los bandazos

Tras una liberación por cuentagotas, el chavismo anunció el viernes una amnistía general para los presos políticos encarcelados en Venezuela, y según la “presidenta” encargada Delcy Rodríguez en un acto en el Tribunal Superior de Justicia, “quiero anunciar que hemos decidido impulsar una ley de amnistía general que cubra todo el período de violencia política desde 1999. Estamos dándole una oportunidad para vivir en paz y en tranquilidad en Venezuela. Pido a todos que nadie imponga la violencia o la venganza, para que todos vivamos con respeto”.

Es una noticia que debe ser recibida con esperanza en el mundo democrático, si no fuera que proviene nada menos que de la persona que lidera el actualmente devaluado y ¿reconvertido? Chavismo, sometido a las presiones sistemáticas del presidente de Estados Unidos Donald Trump luego que éste hiciera capturar al “intocable” dictador Nicolás Maduro, quien está a la espera de una resolución de la Justicia en el país norteamericano.

Es que todo lo que refiera a Venezuela debe ser tomado con pinzas, porque según Delcy Rodríguez esta amnistía era también una decisión ya hablada con Nicolás Maduro, y por cierto que la mandataria provisional es una experta en el doble juego de decir una cosa por otra, porque hasta no hace mucho, antes de la incursión militar estadounidense en suelo venzolano para capturar al exdictador, se deshacía en loas hacia la revolución, hacia el chavismo y cada intervención suya signada por un collar de críticas e insultos hacia el “imperialismo” y países que no apoyaban el régimen de Maduro.

Esta “voltereta” de supuesta cooperación y hasta amigable relación con Trump, plantea la interrogante de hasta dónde es genuina y si solo lo hace para salvar la ropa y tratar así de evitar una debacle definitiva del régimen. Una novela de misterios sin develar, porque hay de por medio sobre todo intereses particulares, económicos y político ideológicos, entre otros condimentos.

Se indica que la medida de gracia podría abarcar a cientos de prisioneros políticos que siguen encarcelados desde los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro y a quienes tiene procesos judiciales abiertos, aunque por nuestros lares el comunismo vernáculo y el Pit Cnt reafirmaban una y otra vez que no se trataba de detenidos políticos, que no había en Venezuela.

Este anuncio llega casi un mes después del inicio de las liberaciones, que se han producido con cuentagotas después de que fuerzas de asalto estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro en la madrugada del pasado 3 de enero. En este tiempo se ha liberado a más de 800 presos, según el chavismo (302, según los defensores de los encarcelados).

Rodríguez hizo otro anuncio sorprendente, según algunos de los presentes en un acto que estuvo vetado a los periodistas. El Helicoide, la temida prisión que representa la represión del régimen, se convertirá en un centro de servicios sociales y deportivos para los funcionarios policiales y sus familiares.

La mandataria ha dado carácter de urgencia a la redacción de una propuesta de ley encargada a la Comisión para Revolución del Poder Judicial, presidida por el ministro de Interior, Diosdado Cabello, y al Programa de Convivencia y Paz creado hace unos días con dirigentes del chavismo y algunas personalidades de la sociedad civil. El proyecto será aprobado en la Asamblea Nacional en los próximos días.

“Que esta ley sirva para reparar las heridas de la confrontación política, de la violencia y el extremismo”, señaló la presidenta encargada. “Es un anuncio que hemos discutido en el alto mando político de la revolución y también allí está la decisión del presidente Nicolás Maduro y de la primera dama, con quienes tenemos intercambios”, detalló la mandataria en su discurso que horas después fue transmitido en cadena nacional. La mandataria también pidió iniciar una consulta nacional para un nuevo sistema de justicia y reconoció el retardo judicial y la corrupción.

Esta disposición al perdón y apuesta a la convivencia pacífica no condice en nada con lo que hacía y decía el chavismo hasta poco antes de la “incursión” de las huestes de Trump, incluso con Maduro bailando en los estrados y mofándose del “imperialismo”, por lo que es de rigor si realmente esta era la idea de la revolución bolivariana o es simplemente una forma de acomodar el cuerpo para que las cosas no pasen a mayores con la embestida del gobierno de Trump, y así aparece el chavismo en un todo de “acuerdo” sobre la explotación del petróleo y la “redemocratización” del régimen. Y la amnistía, además, tiene sus bemoles, dado que los liberados han salido de la cárcel, pero siguen sometidos a medidas cautelares como la prohibición de salir del país, hacer declaraciones o incluso acceder a determinados empleos. Son además carne de cañón de extorsiones si vuelven a ser interceptados en algún control policial. La futura ley, según advirtió la presidenta encargada, excluirá de la medida de gracia a condenados por delitos de homicidio, drogas y delitos comunes.

Es que el chavismo lleva años usando a los presos políticos como moneda de cambio. Un aparato represivo orquestado entre los cuerpos policiales y el sistema de justicia que ha arrojado miles de detenidos en los últimos años.

El proceso se ha desarrollado de forma opaca, sin información oficial que permita saber quiénes serán los beneficiados. Los familiares han exigido sin éxito la publicación de las listas. En algunos casos, las concesiones ni siquiera han supuesto la excarcelación, sino únicamente el acceso a visitas para detenidos que llevaban meses incomunicados.

Las oenegés defensoras han confirmado que algo más de 300 personas han sido excarceladas en el último mes, pero aún quedarían entre 600 y 700 presos políticos, según distintas fuentes. A esa cifra se suman más de 9.000 personas sometidas a medidas judiciales y un número indeterminado de exiliados por persecución política.

El personaje que supuestamente se encarga de llevar a cabo la “transición” del régimen anterior al nuevo, en una forma que todavía se presenta como indescifrable es precisamente Delcy Rodríguez quien que apenas tiene un mes como dictadora – mandataria de Venezuela, pero su poder lleva años forjándose, según los analistas internacionales. Rodríguez prestó juramento el 5 de enero después de que Estados Unidos atacara Venezuela y capturara a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores.

Desde entonces, ha cambiado a buena parte de los responsables de ministerios y de puestos cercanos a ella como el Despacho de la Presidencia o el responsable de la Guardia de Honor Presidencial; ha bajado de la primera línea política a fichas de Maduro; se ha reunido con el director de la CIA, Jon Ratcliffe, en Caracas y firmó un acuerdo por el cual EE.UU. comercializará hasta 50 millones de barriles de petróleo venezolano, por imposición de Trump.

Al mismo tiempo que ha avanzado en esta dirección, en sus malabares ha intentado quedar bien con Dios y con el diablo, porque también ha denunciado “el secuestro de dos héroes que tenemos como rehenes en los Estados Unidos de Norteamérica” (Maduro y su esposa), pero es aventurado determinar el rumbo que tomará –el que podrá tomar, en realidad– teniendo en cuenta las dinámicas internas tanto de Venezuela como del propio chavismo, así como la naturaleza cambiante de Trump.
¿Será la abanderada de un chavismo 3.0 reconvertido, mientras dure en el poder Donald Trump? ¿Podrá resistir el pase de facturas internas, de acuerdo a cómo evolucione la situación? ¿Podrá seguir con su doble juego, del amago por acá pero voy por allá? ¿Se potenciará como cultora del como te digo una cosa, te digo la otra, al estilo de José Mujica?

Y encima está su hermano Jorge Rodríguez, quien logró construir vínculos en el chavismo y manejó campañas a Chávez, y que además siempre aparece detrás de su hermana, tras bambalinas. Muchas especulaciones, tantas como incógnitas del régimen que quiere sobrevivir, pese a que el dictador está preso en Estados Unidos. Y cuando deje de tener incidencia el factor Trump, la cosa se entreverará mucho más, para bien o para mal.

Pero eso sí: será siempre muy difícil enderezar el árbol, cuando el tronco ha crecido torcido y se ha llegado al grado de deterioro que padece Venezuela, donde hay manos muy largas e intereses geopolíticos de actores de todos los signos.