Timothy Snyder es un académico judío estadounidense, desde hace algún tiempo radicado en Canadá. Es profesor de Historia Europea Moderna en la Universidad de Toronto y miembro permanente del Instituto de Ciencias Humanas de Viena. Autor de libros como Sobre la tiranía y Sobre la libertad, ambos en Galaxia Gutenberg.
También es miembro permanente del Instituto de Ciencias Humanas de Viena. Snyder forma parte del Comité de Conciencia del Museo Conmemorativo del Holocausto de Estados Unidos e integrante del Council on Foreign Relations.
Snyder ha destacado como investigador de la historia del siglo XX, en particular de los procesos autoritarios como el fascismo y el nazismo. Es autor de “Tierras de sangre: Europa entre Hitler y Stalin” (2010), “Sobre la tiranía: veinte lecciones del siglo XX” (2017), “El camino hacia la libertad” (2018) y “Nuestra enfermedad” (2020). Y más recientemente, los ya mencionados “Sobre la tiranía” y “Sobre la libertad”. Varios de estos textos trascendieron el ámbito de la reflexión académica y alcanzaron ventas para ser categorizados como bestsellers. En particular “Sobre la tiranía” y “El camino hacia la falta de libertad”, que examinan el auge del autoritarismo, fueron destacados por su rigurosidad y nivel de ventas por el New York Times. El libro de Snyder del año 2017, “On Tyranny: 20 Lessons from the 20th Century”, ocupó el primer puesto en no ficción, en tanto que otro libro suyo, éste del año 2018, “The Road to Unfreedom: Russia, Europe, and America” ocupó el décimo puesto en la lista de los 15 más vendidos de esa categoría. Lo relevante, es que en uno y otro texto hay una rigurosa revisión del auge del autoritarismo. Y también en ambos estudios, Snyder advierte, con la angustia de la urgencia, que la democracia estadounidense estaba y está amenazada. El propio Snyder diría que la “mala noticia es que nuestra república está en serios problemas. La buena noticia es que ‘Sobre la tiranía’ es una guía práctica sobre cómo defender una república, cómo defender las libertades individuales, así que si mucha gente lo está leyendo, eso es una buena noticia”.
“Algo huele mal en…”
Hamlet no es el título original de una de las mayores obras de William Shakespeare. Su título original es “The Tragedie of Hamlet, Prince of Denmark”, y así se la publicó en 1601. Una de las escenas más populares de la obra que se desarrolla en la explanada del palacio real de Elsingor, es cuando el príncipe Hamlet oye a su centinela Marcelo lanzar una cauta afirmación de advertencia: “algo huele mal en Dinamarca”, antes de que apareciera el fantasma de su padre, rey de Dinamarca, quien anuncia a su hijo e informarle que acababa de ser asesinado por su hermano Claudio para usurparle la corona y casarse con la viuda. Fue inmensa la tristeza que el vaticinio provocó al príncipe Hamlet. “Quisiera que mi cuerpo se desintegrara en lágrimas”, dice no ocultando su inmenso pesar, al saber que su madre había subido al “tálamo incestuoso”. De inmediato sintió la obligación de la venganza contra su tío, el asesino. Y se abre, a partir de ese momento en que Hamlet simula demencia, cuestionamiento acerca de la compleja conducta humana, tan persistente que obstinadamente siguen presentes. Así, la relación entre Hamlet y la locura emerge como una de las cuestiones desafiantes y complejas, que desafía nuestra comprensión sobre la naturaleza del sufrimiento humano, la venganza y la verdad, y también, sobre todo en estos tiempos, la mentira.
De esta compleja relación entre Hamlet y la locura brota una duda profunda de respuesta caprichosamente incierta: ¿es el príncipe simplemente un actor en su propia tragedia, o su locura es auténtica? ¿O todo se basa en una mentira, en la simulación de una locura para restaurar un poder deseado y esquivo? Y extrapolando a nuestros días, qué tan semejante como es la compleja relación entre Trump y el engaño contumaz, un contexto de falsedades que instala la duda de si es mundo de simulación o de locura. O son añagazas que arrastran a la humanidad a un sacrificio inútil e inmoral.
Fascismo y corrupción
En la obra de Shakespeare aparece esa síntesis conceptual maravillosa acerca de la corrupción y su inadvertido desarrollo: “algo huele mal en Dinamarca”. De tal contundencia, que se incorporó a la vida política para desnudar que hay cuestiones que no marchan bien a causa de la corrupción.
En el año 2004, el filósofo italiano Norberto Bobbio, en sus “ensayos sobre el fascismo” alertaba lo que vendría pero no le quiso escuchar. La indiferencia, resume Bobbio, ha sido el aliado mayor del fascismo.
Para Bobbio el enfrentamiento es fascismo vs democracia. El fascismo, dirá, es sólo una herramienta para atacar a la democracia y no una estructura en sí misma. El análisis sobre el fascismo que hace Bobbio pinta parcialmente las debilidades y las atrocidades del régimen. En una mirada reduccionista, consideraba que el fascismo era “un paréntesis”, “un accidente histórico”.
Sin embargo, el fascismo es una ideología política y cultural fundamentada en un proyecto de unidad monolítica denominado corporativismo. Y concluyo con una condición del nazifascismo, tan presente en esta realidad de las redes y las nuevas formas de hacer política. Cito a Joseph Goebbels y su texto “11 principios de la propaganda”: “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas… Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.
La advertencia tardía
En su columna de ayer, 28 de febrero, publicada por El País de Madrid, titulada “El estado de Trump”, Snyder lanza una advertencia que a las pocas horas se haría triste realidad: “Para completar la transición fascista, el republicano debe darle a Estados Unidos una guerra que no quiere, y luego ganarla”.
Tras precisar que el discurso sobre el estado de la Unión (24/03/26) “estuvo plagado de atmósferas fascistas, pero que en última instancia pintó la imagen de un fanfarrón exhausto” … “Todo esto es horrible. Pero también es estancamiento”.
Y luego advierte: “Para pasar del autoritarismo competitivo al fascismo con todas las letras, Trump necesita otro tipo de conflicto: una guerra sangrienta, popular y victoriosa. Y eso está fuera de su alcance”.
Agrega que “ha llevado a Estados Unidos al borde de una gran guerra con Irán, pero cuando habló de los preparativos en el discurso sobre el estado de la Unión, miró a su alrededor con desesperanza y agitó las manos”.
Apenas unos días después, ayer sábado, Trump comenzó una guerra de desarrollo incierto, que ya parece regionalizarse. Son millones los ciudadanos expuestos, de todas las edades y de todas las culturas. No hay solución mágica, ni aventurero que se resista a huir hacia el precipicio.