Días atrás, en uno de los parrilleros del Club Pescadores Paysandú, se realizó el cierre definitivo del curso de la escuela de pesca correspondiente a la temporada de verano. Hubo premiación, un asado compartido entre alumnos y familias, y la formalización de un proceso que, según su presidente, Andrés Mannise, ya quedó instalado como una prioridad institucional.
La edición 2025-2026 de la escuela para niños comenzó en diciembre y finalizó con 22 participantes que completaron el ciclo. El día previo al acto de cierre se había realizado un ranking interno de pesca entre los propios alumnos, cuyos resultados fueron premiados durante la jornada final.
El primer puesto fue para un niño de seis años que había ingresado por excepción –la edad mínima establecida es de ocho– debido a que ya había participado el año anterior junto a un hermano. El ganador obtuvo siete piezas y recibió el principal reconocimiento.
Formación más allá del deporte
Aunque la escuela está abierta “de 8 a 80 años”, la propuesta tiene un fuerte componente estacional en lo que refiere a la participación infantil. “Es más de verano para los niños”, explicó Mannise, aludiendo a que con el inicio de clases y el acortamiento de los días disminuye naturalmente la concurrencia.
Más allá del aspecto competitivo, el presidente del club destacó el valor formativo de la iniciativa. Sostuvo que la pesca, entendida como deporte, permite a los niños desarrollarse en un entorno tranquilo, en contacto con la naturaleza, y adquirir conocimientos sobre la fauna ictícola del río.
Relató, a modo de ejemplo, que días atrás conversó con un niño de ocho años en el muelle del club que le explicó con precisión las variedades de peces, los criterios para su devolución al agua y las especies protegidas. “Eso fue todo de la escuelita”, afirmó.
La enseñanza incluye identificar qué especies no deben capturarse, cuáles no están aptas para consumo y por qué determinadas piezas deben devolverse. Para Mannise, esa formación temprana evita prácticas inadecuadas que todavía pueden observarse en la costa, como peces muertos descartados por desconocimiento.
“Eso ya no ocurre cuando hay alguien que les enseña lo que tienen que hacer”, señaló. El aprendizaje, añadió, no se limita a la técnica, sino que implica comprender que la pesca es un deporte regulado y que el respeto por el recurso es parte central de la actividad.
Seguridad y transmisión intergeneracional
Otro de los ejes destacados por la institución es la seguridad. Durante el curso se enseña el manejo correcto de las artes de pesca, el uso responsable de anzuelos y líneas, y la identificación de especies que pueden resultar peligrosas para la integridad física.
La dinámica ha generado, incluso, un efecto inverso al habitual en la transmisión de saberes: hay padres que, según Mannise, reconocen no saber “ni cómo se agarra una caña” y terminan aprendiendo de sus propios hijos a encarnar, armar el equipo o colocar un anzuelo.
Para el club, ese proceso refuerza la idea de que la escuela no sólo forma pescadores, sino que construye cultura deportiva y ambiental. “Es una enseñanza para la vida”, resumió el presidente. Con el cierre formalizado, la institución confirmó que la escuela volverá a comenzar en diciembre próximo, consolidando su continuidad anual.
Obras en el ingreso y adaptación al paseo costero
En paralelo a la actividad formativa, el Club Pescadores continúa con obras en su acceso principal en sintonía con las reformas del paseo costero de la ciudad. El proyecto prevé trasladar hacia el frente del predio la secretaría y el área de control, reorganizando la logística interna. La obra se ejecuta por etapas, en función de los fondos disponibles. Según explicó Mannise, el club presentó además un proyecto ante el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, con el que ya ha ejecutado cuatro convenios anteriores, aunque aún no ha recibido respuesta.
La reconfiguración del ingreso estuvo motivada, en parte, por la modificación de accesos derivada del paseo costero. El club cuenta con un único padrón y anteriormente disponía de dos ingresos diferenciados; actualmente, la entrada y la salida se realizan por el mismo punto, lo que obligó a rediseñar la circulación interna.
El nuevo esquema, destacó el presidente, presenta además una ventaja estratégica: la ubicación elegida queda por encima de la cota 10, reduciendo el riesgo de afectación por inundaciones. En el sector donde funcionaba la secretaría anterior, la institución debió trasladar instalaciones en más de una ocasión ante crecidas del río.
“Va a quedar mejor cuando podamos tener ahí en el frente toda la logística”, afirmó Mannise, subrayando que la obra apunta tanto a mejorar el servicio como a fortalecer la infraestructura frente a contingencias climáticas.
