En los últimos años, diferentes estudios científicos vienen señalando un fenómeno que ya no puede ignorarse: no es simplemente lo digital lo que tiene efectos en la salud mental, sino la forma en que las redes sociales capturan la atención y las emociones de todas las personas. Esto es importante porque el debate dejó de ser solo generacional, hoy se habla de evidencia, neurociencia aplicada y cambio real en la manera en que los adolescentes y adultos se relacionan con el mundo digital y la influencia con su mundo interno.
Estudios y evidencia
Un estudio de Hunt (2018), realizado con estudiantes universitarios de la Universidad de Pensilvania, demostró que limitar el uso de redes sociales como Facebook, Instagram o Snapchat a 30 minutos diarios redujo de manera significativa los niveles de soledad y síntomas depresivos. No fue un cambio de vida radical, fue poner un límite. Si se realiza paulatinamente los efectos son muy positivos. Por otro lado, Twenge (2023), señala que el aumento de tiempo frente a las pantallas se asocia con mayores niveles de ansiedad y alteraciones del sueño, un patrón que se vuelve especialmente significativo en jóvenes de 18 a 24 años. El problema no es el dispositivo sino la imposibilidad de parar.

Haidt (2024), en su famoso libro La Generación Ansiosa apunta a un factor que es clave, el consumo intensivo de pantallas y redes sociales altera la liberación de dopamina, favoreciendo la impulsividad, la dificultad para sostener la atención, afectación de la memoria y una sensación persistente de vacío interior. Son cambios neurobiológicos medibles que impactan en la autoevaluación, la percepción del cuerpo y la calidad de los vínculos.
La conexión con el mundo interno
La tecnología no destruye al mundo interno, interrumpe significativamente nuestra conexión con él. En ese sentido, es de vital importancia que se pueda establecer una pausa que permita que las emociones decanten, que el pensamiento se organice y que se pueda volver al cuerpo, a sentir lo que habitamos cada día.
Cuando una persona se desconecta del mundo digital estableciendo pausas saludables, no pierde ese mundo, recupera el propio, el interno.
Recordemos que la salud mental necesita pausas, límites, caminatas al aire libre, conversaciones desde la presencia.
El caso Julia
Les comento una breve historia de una joven de 20 años que expresó: “no sabía que estaba cansada hasta que descansé”. En el día a día sentía que si no respondía un mensaje o no estaba atenta a una nueva notificación “se perdía el mundo”. Se dispuso a vivir dos días sin internet y realizar tareas fuera de las pantallas, sin aplicaciones, sin scroll infinito. Luego de esa experiencia pudo dormir 8 horas con tranquilidad, bajaron sus niveles de ansiedad y recuperó su sensación de control. Como Julia, muchos jóvenes son los que viven en estos estados internos de inquietud y excesiva conexión. Es importante que los adolescentes, jóvenes y adultos puedan recuperar la capacidad de decidir, saliendo del modo reactivo. Muchas veces los individuos no se dan cuenta que en realidad no se está decidiendo, se está atrapado en las pantallas. Por ese motivo, en el mundo digitalizado en el que vivimos, decidir dónde colocar la atención es un acto de completa libertad. (097352937)

