El desarrollo del hidrógeno verde en Uruguay empieza a delinearse bajo una premisa central, la de su viabilidad, que se encuentra atada a criterios estrictos de sostenibilidad. Así lo plantearon asesores de distintos ministerios durante una instancia de intercambio en Paysandú, en la sede del Cenur Litoral Norte de la UdelaR, en el marco de la Evaluación Ambiental Estratégica (EAE) de la cadena de valor de este sector emergente. La actividad, abierta a organizaciones sociales y ciudadanía –cuyo intercambio generó rispideces y algunas discusiones–, permitió exponer los principales lineamientos técnicos que guían el proceso. Desde el Ministerio de Industria, Energía y Minería, el asesor Federico Rehermann situó el tema en clave global y lo vinculó directamente con el desafío del cambio climático.
“Entendemos que el desarrollo del hidrógeno verde y sus derivados, si lo hacemos de forma sostenible –y hago énfasis en esto– puede ser una oportunidad para el desarrollo de triple impacto en el país”, afirmó. En ese sentido, explicó que la EAE busca precisamente “definir cuáles son esos criterios de sostenibilidad en caso de que se desarrolle este sector”.
Rehermann enmarcó el impulso al hidrógeno verde en la necesidad de descarbonizar la matriz energética global. “El 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero proviene del sector energético. Es ahí donde tenemos que hacer énfasis para reducir el calentamiento”, señaló. Y advirtió que pese al crecimiento acelerado de las energías renovables a nivel mundial, “eso no ha sido suficiente para compensar el aumento del consumo de petróleo, que sigue creciendo”.
En contraste, destacó el caso uruguayo como una excepción relativa. Recordó que el país logró transformar su matriz eléctrica en las últimas dos décadas, alcanzando niveles superiores al 90% de generación renovable. Sin embargo, matizó ese avance al señalar que, si se considera el consumo total de energía –y no sólo la electricidad–, “el 36% sigue siendo de origen fósil”, con un peso determinante del transporte.
“Casi dos tercios de las emisiones del sector energético en Uruguay provienen del transporte, que es muy intensivo en combustibles fósiles”, explicó. Es en ese segmento donde el hidrógeno verde aparece como una alternativa complementaria a otras soluciones, como la electrificación o los biocombustibles. “Hay usos que no se pueden electrificar, como el transporte de carga pesada, la aviación o algunos procesos industriales. Ahí es donde podría entrar el hidrógeno”, indicó.
El asesor también detalló, en términos generales, la cadena de valor del hidrógeno verde, señalando que su producción depende fundamentalmente de dos insumos: agua y electricidad de origen renovable. “Es un proceso muy intensivo en energía. De hecho, casi dos tercios de la inversión de un proyecto de hidrógeno están asociados a la generación eléctrica”, sostuvo.
A partir de allí, subrayó que Uruguay cuenta con ventajas comparativas, como su potencial en energías renovables y la disponibilidad de CO2 biogénico para la producción de derivados como metanol o amoníaco, que podrían utilizarse en transporte, industria o producción de fertilizantes.
No obstante, insistió en que cualquier desarrollo deberá estar condicionado por criterios ambientales y territoriales. “Si esto se desarrolla, queremos que se haga teniendo en cuenta criterios de sostenibilidad”, reiteró.
Recurso hídrico
En esa misma línea, Paloma Nieto, asesora del Ministerio de Ambiente, puso el foco en el recurso hídrico como variable crítica. “El primer objetivo ambiental tiene que ver con orientar el desarrollo del hidrógeno verde alineado con la gestión integrada y sostenible del recurso hídrico, sin comprometer su disponibilidad para otros usos ni para los ecosistemas dependientes”, afirmó. Según explicó, los factores clave de decisión incluyen “la disponibilidad y la compatibilidad hídrica”, en un contexto donde la producción de hidrógeno requiere volúmenes significativos de agua.
Ambos equipos técnicos coincidieron en la importancia de adoptar una mirada anticipatoria. La EAE, a diferencia de las evaluaciones de impacto ambiental tradicionales, no se aplica a proyectos específicos sino a políticas, planes y programas. Su objetivo es analizar escenarios de desarrollo y prever impactos acumulativos.
“Nos interesa no evaluar emprendimientos de forma aislada, sino entender qué pasa cuando varias iniciativas se concentran en una misma zona”, se indicó durante la jornada.
Esa perspectiva busca evitar conflictos futuros, especialmente en territorios donde podrían coincidir múltiples inversiones.
La dimensión territorial fue, de hecho, otro de los ejes destacados. Los asesores señalaron que la localización de los proyectos deberá considerar no solo la eficiencia económica, sino también las características sociales, productivas y ambientales de cada región.
El proceso, además, incorpora instancias participativas como las realizadas en Paysandú y Tacuarembó, con el objetivo de recoger aportes desde el territorio. “Nos interesa validar, cuestionar y también incorporar nuevas ideas que surjan de estos espacios”, se señaló.
De este modo, mientras Uruguay explora su potencial en el mercado global del hidrógeno verde, el debate interno comienza a estructurarse en torno a una pregunta central: bajo qué condiciones se desarrollará esta nueva industria. Por ahora, la respuesta desde el gobierno apunta a un enfoque que prioriza la sostenibilidad, la planificación y la prevención de impactos desde las etapas iniciales.

