El Banco Central del Uruguay publicó hace pocos días los datos de la actividad económica correspondientes al pasado año, que mostraron un crecimiento del 1,8% respecto a 2024. Desde una mirada optimista, el dato del último trimestre —0,1%, similar al del mismo período del año anterior— cortó una racha a la baja. Sin embargo, con una visión de más largo plazo, el resultado quedó por debajo de las proyecciones realizadas por el equipo económico al momento de elaborar el presupuesto quinquenal, por lo que deberán introducirse ajustes, tal como señaló el ministro de Economía, Gabriel Oddone, en una rueda de prensa tras la reunión que mantuvo con la Confederación de Cámaras Empresariales.
De acuerdo con el informe del Banco Central, el resultado se explica “en parte por el crecimiento de la actividad de la refinería de petróleo, las industrias de producción de alimentos, la mayor actividad comercial y el dinamismo en el suministro de comidas y bebidas”. Estos factores fueron parcialmente contrarrestados “por el desempeño negativo de la construcción y la menor generación de energía eléctrica”.
Desde el enfoque productivo, se destacó “la incidencia positiva de las actividades de industria manufacturera, comercio, alojamiento y suministro de comidas y bebidas, y servicios financieros, así como la incidencia negativa de la construcción y de energía eléctrica, gas y agua”. Desde la perspectiva de la demanda, el crecimiento de la actividad económica “se asocia a un incremento de la demanda interna, compensado en parte por una caída de la demanda externa neta”. Este aumento de la demanda interna responde tanto al crecimiento del gasto de consumo final como de la formación bruta de capital.
En cuanto al sector externo, el informe señala que “el volumen físico de las exportaciones de bienes y servicios aumentó 1,9%, mientras que las importaciones crecieron 4,1% interanual”, lo que se traduce en “una demanda externa neta menos positiva en términos de volumen físico respecto al año anterior”.
Oddone reconoció que estos números están por debajo de lo previsto y que se sigue “con detenimiento la evolución de la economía y del escenario fiscal durante este año”, aunque por ahora el gobierno se mantiene “vigilante” del proceso. Resulta evidente que se está ante una economía que se desaceleró, aunque continúa en crecimiento, levemente por debajo de lo esperado, pero con algunas señales de mejora en el último trimestre del año pasado.
Claro que estos datos corresponden al cierre de diciembre y no reflejan lo ocurrido en los meses recientes, que han sido particularmente agitados: primero por la situación en Venezuela y luego por el conflicto en Oriente Medio. Ambos factores han impactado en el precio internacional del petróleo, con las implicancias que ello tiene para un país importador como Uruguay.
El efecto de estos movimientos comenzará a reflejarse en los próximos meses, entre otras razones porque los nuevos embarques de petróleo llegarán con ajustes de precio. Así lo explicó días atrás la ministra de Industria, Energía y Minería, Fernanda Cardona: existía cierto margen, pero se ha ido reduciendo. En este contexto, no se descarta incluso adelantar el ajuste en los precios de los combustibles, inicialmente previsto para fines de abril. “Estamos evaluando medidas que están bajo nuestro control, como el precio de los combustibles. Todavía no hay una decisión tomada.
En principio, el ajuste bimestral indicaría que debería realizarse el mes que viene, pero estamos analizando las circunstancias”, señaló Oddone.
En este escenario, que obligará al gobierno a moderar el ritmo del gasto y que suma la presión de un eventual aumento anticipado de los combustibles —con su consiguiente impacto en toda la economía— comienzan a formarse algunos nubarrones. Estos llevan a pensar, incluso dentro del propio equipo económico, en un crecimiento para 2026 por debajo de las estimaciones iniciales.
Cabe esperar, entonces, que en la próxima Rendición de Cuentas —que deberá presentarse este año ante el Parlamento— se introduzca una adecuación a esta nueva realidad. La incógnita es si la interna del partido de gobierno estará dispuesta a asumir ese costo político o si, por el contrario, optará por sostener la situación mediante mayor endeudamiento, como ha ocurrido en otras ocasiones, o a través de soluciones de corto plazo.
En cuanto a posibles factores que puedan mejorar el panorama, uno de ellos es el acuerdo Mercosur–Unión Europea, que trasciende lo estrictamente comercial y abre nuevas oportunidades para la inversión extranjera. Si bien sus efectos concretos pueden demorar, la eventual entrada en vigor transitoria el 1º de mayo podría generar impactos en el corto plazo, aunque sea en términos de expectativas y clima de negocios entre los actores de ambos bloques.
Por otro lado, un aspecto menos mencionado es el de las tareas de prospección en aguas territoriales. Mucho se ha hablado de los posibles efectos negativos de estos estudios, pero un eventual hallazgo de petróleo podría implicar un cambio de magnitud para la economía del país.
