Roy Ayala (49), orgullosamente guichonense, hace 17 años que vive en Adeje, Tenerife, donde trabaja como panadero en una cadena del rubro en Islas Canarias. Deportista desde su adolescencia, ha jugado al fútbol, ha practicado canotaje, es atleta y, como tal, participa en maratones. Pero en los últimos nueve años se ha venido especializando en carrera de montaña –también llamada trail running o mountain running–. Se trata de un deporte de resistencia que combina el running con la exploración de entornos naturales: montañas, sierras, bosques o senderos rurales, en el que los desniveles, los terrenos escarpados y las distancias desafían la técnica y la preparación mental de cada atleta.
El sanducero cuenta con la experiencia de haber participado en unas 50 competiciones de este tipo, que incluyen alguna ultramaratón (76 kilómetros) y la Ruta 040, una de las ascensiones más famosas del trail running y del entrenamiento de montaña en Tenerife. El recorrido sube desde el nivel del mar hasta el pico del Teide, siguiendo aproximadamente el trazado del antiguo camino 040 del Parque Nacional. Se inicia en la playa del Socorro (municipio de Los Realejos, norte de Tenerife) y finaliza en la cumbre del Teide, por lo que recorre senderos volcánicos, bosque, alta montaña y terreno técnico. Implica 56 kilómetros entre ida y vuelta y un desnivel positivo (de ascenso) de 4.000 m. Integra el club Triabona Adeje, donde entrena bajo la dirección de Jorge García.
Pero esta vez la competencia será completamente diferente, porque lo hará representando a Uruguay entre el 26 y el 28 de junio en el Campeonato Mundial Máster de Carrera de Montaña 2026 (World Masters Mountain Running Championships 2026), en Janské Lázně, región montañosa de los Krkonoše (cordillera del norte de la República Checa), uno de los eventos más importantes del calendario mundial de mountain running para las categorías máster.
Se trata de un campeonato mundial oficial de carrera de montaña –equivalente, por su categoría, a un Campeonato Mundial de Atletismo–, con corredores de diversas partes del mundo y varias modalidades diseñadas para distintos perfiles de atletas. De los tres formatos de carrera que habrá, Ayala participará en la prueba de 21 kilómetros, con subidas y descensos entre senderos naturales de montaña en los referidos bosques alpinos centroeuropeos.
La Confederación Atlética del Uruguay (CAU) –que rige el atletismo, incluyendo trail y carrera de montaña, y por lo tanto centraliza clubes, reglamentos y selecciones nacionales–, a través del entrenador Rogelio Fernández, abocado al proceso de selección y comunicación oficial a atletas, fue quien contactó a Roy Ayala, dando inicio a un proceso que determina que ya esté inscripto oficialmente en el campeonato en representación de Uruguay.
Su entrenamiento diario tiene lugar en el monte Teide, un volcán en reposo cuya altura es de 3.715 metros sobre el nivel del mar –el punto más alto de España y, por lo tanto, uno de los centros de entrenamiento en altura más utilizados por atletas europeos–, aunque también debe complementarse con preparación física de fuerza y, obviamente, alimentación y tiempos de descanso adecuados, algo que puede parecer un reto casi imposible dada su ocupación y horarios de trabajo. Sin embargo, su disciplina deportiva, su pasión por el deporte y la enorme motivación que significa para él representar a su país hacen que lo viva no solo con naturalidad y entrega, sino también con felicidad.
De esta manera, suma también a lo que debe lograr la cobertura de todos los gastos que implica el vuelo, la estadía de cuatro días en el lugar y demás insumos, para lo que está realizando un particular esfuerzo personal, en el que se espera que encuentre apoyos desde esta, su patria chica.
En diálogo con EL TELEGRAFO, acerca de lo que significa esta instancia en su carrera deportiva, Ayala manifestó: “Yo hice mucho fútbol ahí e incluso estuve en las inferiores de Nacional, en Montevideo, y desde siempre viví el anhelo de todo deportista de poder triunfar y un día integrar una selección nacional. Y más allá de que emigré y ya no vivo en el país, la sangre, la ilusión, sigue siendo siempre la misma. A esta edad, en que hago este deporte que empecé más bien de modo recreativo, era inimaginable que pudiera suceder, pero a la vez era una ilusión tremenda. Durante las dos semanas que pasaron entre el contacto y que se concretara la inscripción pasé muchos nervios, porque es lo máximo a lo que uno puede aspirar en el running y en la montaña: representar a su país. Ponerse la camiseta de Uruguay creo que para cualquier uruguayo es lo máximo, pero cuando uno está fuera del país se nota más y es mucho más fuerte el anhelo y la felicidad de poder concretarlo”.

