Alta renovabilidad

El Balance Energético Preliminar 2025, presentado por la Dirección Nacional de Energía (DNE) del Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM), volvió a mostrar una alta —por no decir altísima, que correspondería— incidencia de las fuentes renovables en la matriz de generación eléctrica, un 98%. Más allá de este dato puntual, cabe hacer algunas consideraciones acerca de la información presentada en el informe, que es un avance apenas del definitivo, que verá la luz a mediados del año. El título con el que se presentó fue “Uruguay continúa reduciendo la participación de fuentes fósiles en la matriz primaria”. También podría marcarse como destaque que Uruguay produjo un 8% menos que el año previo, 2024, mientras que el consumo final eléctrico aumentó 2% y hubo que apelar a más importación.

De acuerdo con el informe, el sector industrial volvió a ser el líder en el consumo final energético (52%), y en ello tuvieron una participación importante los residuos de biomasa. También se destaca el gran aumento que tuvo el consumo eléctrico en el sector del transporte en 2025, que se triplicó respecto a 2024 y pasó a representar casi el 1% de la electricidad entregada al Sistema Interconectado Nacional (SIN). Este dato es relevante en un contexto en el que los automóviles eléctricos está en un momento de auge, aunque no es directa la conversión de un eléctrico más / un “naftero” menos, porque la casuística es amplia. También, en buena medida, este dato responde al crecimiento de la flota eléctrica en el transporte urbano de Montevideo y el área metropolitana, que ha tenido un crecimiento muy significativo en unidades. En una entrevista con Radio Carve, el expresidente de Cutcsa, Juan Salgado indicaba que la empresa alcanzó el 25% de la flota electrificada, con 281 unidades en circulación y que el objetivo es alcanzar el 100% de buses eléctricos en 2040.

Volviendo al Informe de la Dirección Nacional de Energía, la generación eléctrica el año pasado fue de 15.855 GWh, lo que es un 8% menos que lo generado en 2024. Al mismo tiempo, el consumo final eléctrico creció un 2% y resultó en un valor de 13.488 GWh. El año pasado se exportó la mitad de energía eléctrica que en el año previo (1.022 GWh), mientras que la importación de electricidad fue de 633 GWh, luego que en 2024 había sido de solo 7 GWh.

Siempre de acuerdo al Balance Energético Preliminar, si miramos la composición por fuente de generación, en 2025 la hidroelectricidad se ubicó el primer lugar en la matriz de generación (6.100 GWh). Esto no es novedad, porque históricamente lo ha sido, y aunque sobre todo los últimos meses del año pasado fueron de una sequía importante, en realidad en la mitad norte del país las lluvias no fueron escasas, como tampoco lo fueron en la cuenca alta del río Uruguay, que son los datos relevantes a tener en cuenta para la generación hidroeléctrica. Así, aunque parezca una paradoja, hubo buena generación hidroeléctrica mientras se generaban las condiciones para una emergencia hídrica. A la que otorgaron las represas, le siguió en importancia la electricidad de origen eólico (4.457 GWh) y la obtenida a partir de la quema de biomasa (4.415 GWh). La energía eléctrica generada a partir de energía solar y con combustibles fósiles fue de menor magnitud: 591 GWh y 293 GWh, respectivamente. De allí el dato de que la matriz de generación eléctrica fuera 98% de fuentes de origen renovable en 2025.

El último párrafo refiere al consumo energético —en general, no solo la electricidad—, y al respecto indica que se registró un crecimiento en 2025 del 2% respecto a 2024, que, al igual que en años anteriores, lo lideró el sector industrial (52%), seguido por el sector transporte (25%), el consumo residencial alcanzó al 14%, el comercial, servicios y sector público al 6% y las actividades primarias el 3%.
En cuanto a las fuentes, el 38% del consumo final energético correspondió a residuos de biomasa —esperable con la incidencia que tiene en nuestro país la actividad forestal—, que tuvo un crecimiento de 7% respecto a 2024, luego siguieron el consumo de electricidad (19%) y de gasoil (16%), con aumentos de 2% en cada caso.

El informe ministerial también hace referencia a las emisiones a la atmósfera. “El factor de emisión de CO2 del Sistema Interconectado Nacional (SIN) fue de 12 toneladas de CO2 por GWh de electricidad generada y entregada a la red, indica. Si bien se duplicó respecto a 2024, se mantuvo entre los niveles más bajos de los últimos diez años”. Aunque este es un dato que de este lado del Atlántico parecemos desdeñar, o menospreciar, en el contexto actual de activación de un acuerdo comercial con la Unión Europea, donde este tipo de datos son sumamente valorados, el que se mantenga una generación eléctrica baja en emisiones puede favorecer a productos nacionales a la hora de posicionarse en el exterior.

Es pronto para verlo, por supuesto. En todo caso corresponderá más adelante sopesar si los esfuerzos adicionales que el país —el país en este caso somos todos quienes pagamos por la energía— está haciendo por convertir su matriz eléctrica se ve recompensado. Porque aunque el viento, el agua y la luz del Sol sean “gratis”, las inversiones que se han hecho para captar la energía que proveen no lo son, ni cerca. Por ello, aunque se trate de energías renovables, dependen de infraestructuras costosas que hay que comprar, instalar y mantener.

La ventaja es que —al menos una vez instaladas— no dependen de los precios internacionales del petróleo y de que esté abierto o no el paso de Ormuz, son fuentes genuinamente nacionales y los pasos que se han dado, se dieron en el marco de —acertadas— políticas de Estado que datan de fines del siglo pasado y que se han mantenido a lo largo de los diferentes gobiernos que han transcurrido.

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