El productor y artista argentino Big One se mostró entusiasmado por presentarse por primera vez en Paysandú y subrayó que llegaba con muy buenas referencias sobre la fiesta. “Ya había escuchado de la fiesta hace tiempo, tengo amigos y colegas que han tocado acá y me han dicho que ha estado muy bueno. Esta es mi primera vez, así que muy contento de estar acá con ustedes, expresó, dejando ver que la Semana de la Cerveza ya figuraba en su radar como una plaza importante.
En una conferencia de prensa distendida, Big One habló también sobre el corazón de su trabajo artístico, la construcción de esos cruces musicales (crossovers) que se han convertido en una de sus marcas. Lejos de presentar una fórmula rígida, explicó que cada tema nace de una lógica distinta. “Cada canción tiene su propia historia”, resumió. A veces, contó, surge “como un junte así de amigos, de juntarnos y hacer música”, mientras que en otras ocasiones aparece como algo más planificado, a partir de una idea ya armada que luego encuentra su intérprete ideal. Para él, justamente ahí está una de las riquezas de su oficio. “Cada tema como que tiene su propia vida, su propia historia”.
Consultado sobre colaboraciones soñadas, abrió dos caminos. Por un lado, dijo que le interesa acercarse a músicos históricos del rock argentino, como forma de “cambiar un poco también la vibra y explorar nuevos géneros”. Por otro, volvió a mencionar a una artista internacional que aparece de manera recurrente entre sus deseos. “Siempre nombro a Sia, que es una cantante internacional que me gusta mucho”. A la vez, destacó que ya viene ampliando su mapa de trabajo con artistas de otros países, entre ellos Uruguay, en un proceso que definió con una idea muy concreta, desde que pretende “expandirme y explotar nuevos caminos”.
Al repasar su recorrido, recordó que el gran quiebre comenzó en 2018, cuando todavía estaba en Necochea. “Yo ya venía haciendo música hace rato, pero esa explosión fue muy de repente”, dijo sobre aquel primer impacto que lo sacó del plano local y lo puso en el centro de proyectos cada vez más visibles. Más adelante situó otro momento decisivo en 2023, cuando decidió pasar de un perfil predominantemente de productor a un proyecto más personal. “En 2023 fue el momento que yo dije, bueno, ya tuve la oportunidad de producir a varios, es el momento de hacer un proyecto más personal”, explicó.
También se detuvo en el modo en que piensa una canción con potencial masivo. Lejos de hablar de una receta mágica, reconoció que conviven método e intuición. “Yo siempre me enfoqué en eso, en buscar la estructura perfecta de la canción”, señaló, aunque enseguida admitió que el tramo final de una composición escapa a cualquier cálculo exacto. “Tiene algo de racional, pero termina siendo más que nada intuición”, afirmó, en una definición que ayuda a entender cómo trabaja uno de los nombres más influyentes de la escena actual.
Entre las anécdotas más llamativas, eligió como uno de los cruces más impactantes de su carrera el que reunió a Ciro con Miranda. “Fue algo muy zarpado”, dijo, todavía con tono de asombro, al recordar un proyecto que involucró a figuras que definió como “leyendas en Argentina”. Incluso contó una escena de esa grabación. Ciro llegó dos horas antes que el resto y ese tiempo inesperado terminó en provechoso espacio de estudio, prueba y música. “Grabamos armónica, hicimos de todo”, relató.
La idea del crossover apareció una y otra vez durante la conferencia, y Big One dejó en claro que lo seduce especialmente encontrar combinaciones improbables. Ante una consulta sobre un eventual cruce entre Chacho Ramos y Duki, respondió con humor pero también con una pista conceptual sobre lo que busca. “Estoy pensando mucho últimamente en tratar de encontrar match así bien raros, que sorprendan”. Esa voluntad de mezclar universos distintos es, precisamente, uno de los rasgos que más lo identifican y que lo ha vuelto un nombre central en el juego de las alianzas musicales.
En otro pasaje colorido, le pidieron que definiera su estilo como si fuera un plato de comida. Y respondió con una imagen tan simple como gráfica. “Sería un flan con crema y dulce de leche; son cosas diferentes pero que combinan”. La comparación, simpática y espontánea, sintetizó bastante bien la lógica de su música, con elementos diversos, procedencias distintas, pero una búsqueda de equilibrio final.
Ya sobre el cierre, y cuando le preguntaron por cruces históricos con artistas que ya no están, nombró sin dudar a Rodrigo y Gilda, figuras que siguen latiendo en la memoria popular argentina. “Esos artistas que ya no están y que siguen formando parte de la cultura, está bueno traerlos de alguna forma”, señaló. La frase dejó ver que, en su mirada, el crossover no es apenas una estrategia contemporánea, sino también una manera de tender puentes con tradiciones, voces y símbolos que permanecen vivos.


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