Tras una trayectoria musical de muchos años en Paysandú, la cantante Liliana Flores abrió una nueva etapa en su camino artistico con el lanzamiento de “Mi lugar en el mundo”, un single que la muestra también como autora y compositora. Publicado en febrero en las plataformas digitales, la canción funciona como carta de presentación de un proyecto más grande, que desembocará en un álbum de ocho canciones. “La elegimos como primer lanzamiento. Pero estamos en un proceso de grabación de otras”, cuenta la artista desde Aguas Dulces, donde reside desde hace cuatro años y que inspira directamente la obra. “Habla de este lugar que me ha abierto las puertas, y la comunidad que yo elegí, además, para vivir”. De tono sereno y contemplativo, la canción construye una atmósfera íntima a partir de escenas cotidianas como el viento, los paseos en bicicleta, el silencio invernal y la presencia constante del mar.
Del mundo interior a la experiencia compartida
Aunque ya había escrito algunas letras, recuerda Liliana, su faceta como compositora se consolidó durante la pandemia, cuando aun trabajaba como cantante y tallerista en la Dirección de Cultura, en Paysandú. “Nos mandaron a todos para la casa, en aquel período nefasto”, recuerda. “En 2021 me vine a Aguas Dulces. Y al estar sola, con la guitarra en este lugar, que es un lugar muy energético, de tanta naturaleza, empecé a escribir”. Todo aquello generó las condiciones para un proceso de introspección que derivó en canciones atravesadas por experiencias personales. “Empecé a sacar todos esos sentimientos, esos estados de ánimo… partiendo incluso de duelos”, señala. El impulso para compartir esas canciones llegó a partir de una alumna de canto, que le dijo: ‘¿Por qué no las grabás y las tirás ahí en Spotify? Por lo menos no quedan guardadas en un cajón”. “Eso me animó”, recuerda Liliana.

El proyecto tomó forma junto a su hijo, el músico Mateo Fernández, quien asumió un rol central en la producción. “Las bichamos un poco juntos, pero ya como que las llevo cocinadas. Mateo a veces obviamente le agrega algún acorde, alguna cosita, esos condimentos que hacen que las canciones suenen diferentes”. Despues se fueron sumando otros músicos como William Amarillo, Nazareno Ruiz, Lucas González, Mathías Bentancourt, Mateo Pintos o Lucía Cabrera, quien cantó algunos coros. La grabación se desarrolló de forma flexible, entre Aguas Dulces, Montevideo y Paysandú, y la mezcla estuvo a cargo de Matías Hernández en su estudio Cámara Escéptica, “también un poco dándole paso a esas cabezas jóvenes. Porque es otra etapa: otra etapa en la actividad musical, otra etapa en la vida”.

Una vida de música
La trayectoria artística de Liliana se inició en Paysandú a mediados de los años 80. Por entonces integró la murga Guarda del Pomo, y estuvo vinculada al Teatro Ciudad de Paysandú (TCP). En 1990 ingresó por concurso a la Dirección de Cultura como cantante. Formó parte del Movimiento de Música Moderna, cantó junto a la Banda Municipal “José Debali” y fue integrante del Coro Polifónico “Ciudad de Paysandú”. También integró formaciones de tango como La Garufa y Cuarteto Avellaneda. “El tango fue para mí lo más lindo y digno que como cantante siento que realicé”, confesó.
En paralelo, desarrolló una intensa labor como docente y tallerista, tanto en la Dirección de Cultura como en otros ámbitos. Entre ellos la Sociedad Suiza, donde se desarrolló gran parte del proyecto Mundo Sonoro, que llevó adelante junto a Cristina Baptista. Actualmente continúa con esa línea de trabajo en Rocha, con talleres de canto en Aguas Dulces, Castillos y, desde este año, también en Valizas. Las presentaciones en vivo también forman parte de su presente, en espacios pequeños y con conciertos íntimos, donde incluye sus nuevas canciones. “Estoy haciendo cosas muy tranquilas. Nada que me estrese, porque eso es lo que no quiero”, resume.


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