En este segundo Domingo de Pascua, (Octava de Pascua) la Iglesia celebra estos ocho días como si fueran un solo día ante la magnitud de la que celebramos la Resurrección del Señor.
Hoy es Domingo in Albis, en que la Iglesia recuerda que los nuevos bautizados vestían de blanco durante toda la semana posterior a la Pascua como símbolo de la vida nueva recibida en el Bautismo.
En esta Pascua muchos adultos recibieron el Bautismo en nuestra Catedral en distintas parroquias y en todo el mundo. En Francia se habla de más de 20.000 nuevos cristianos en estos días de Pascua.
En un mundo desgarrado por la guerra y la violencia que sigue optando por la cultura de la muerte y el sinsentido, más que nunca necesitamos razones para vivir, luchar y construir.
Celebramos hoy también el Domingo de la Divina Misericordia. En el año 2000 el Papa San Juan Pablo II decretó que este domingo se pudiera enfatizar el regalo de la misericordia de Dios tras la resurrección.
El Papa Francisco “el Papa de la Misericordia”, escribía “Misericordia et misera son las dos palabras que san Agustín usa para comentar el encuentro entre Jesús y la adúltera (cf. Jn 8,1-11)”.
No podía encontrar una expresión más bella y coherente que esta para hacer comprender el misterio del amor de Dios cuando viene al encuentro del pecador:
“Quedaron sólo ellos dos: la miserable y la misericordia”. En la realidad que vivimos, ante el desamparo humano necesitamos más que nunca testimonio de la ternura y la misericordia de Dios.

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