La artrosis es una enfermedad articular degenerativa frecuente, que afecta la movilidad y autonomía de la persona. Se acompaña de un estado inflamatorio sistémico.
Son factores de riesgo: Edad superior a 50 años, sexo femenino, obesidad, antecedentes familiares, sobrecarga o uso repetitivo de las articulaciones, menopausia; traumatismos articulares previos, afecciones como diabetes, dislipemia, autoinmunidad y artritis.
Las articulaciones más afectadas son: rodillas, caderas, manos, pies y la columna (lumbar y cervical). Afecta al 70 % de las personas mayores de 50 años. La artrosis es una afección de la articulación en la que el cartílago –el tejido liso que recubre los extremos de los huesos y ayuda a que se deslicen sin fricción– se va dañando y adelgazando con el tiempo. En fases más avanzadas, ese cartílago puede llegar a desgastarse mucho, dejando menos protección entre los huesos que rozan entre sí, con compromiso de los ligamentos y otros tejidos de la articulación; generando dolor e impotencia funcional.
Diagnóstico de artrosis
Es clínico cuando la persona tiene 45 años o más, presenta dolor articular relacionado con la actividad y tiene ausencia de rigidez matinal o rigidez matinal de no más de 30 minutos, crepitación articular y limitación de la movilidad articular. Evaluar fuerza muscular y examen neurológico.
Cuadro clínico: Dolor que empeora con el movimiento o al apoyar peso, rigidez al levantarse, hinchazón, dificultad para mover la articulación, crujidos y problemas al realizar actividades como caminar o subir escaleras. Sensación de inestabilidad o bloqueo articular. Atrofia muscular.
Claves del tratamiento
Objetivos: minimizar el dolor, optimizar la función articular; abordar factores de riesgo modificables como hipertensión, diabetes y obesidad.
Atención centrada en el paciente, considerar su contexto clínico, funcional y comunicación empática. Proveer educación sobre la enfermedad.
Identificación de signos de alarma de patologías graves, orientando estudios complementarios cuando corresponda.
Evaluación de factores psicosociales
Apoyo fisiátrico: Actividad física aeróbica de bajo impacto, junto con ejercicios terapéuticos de fortalecimiento muscular y movilidad; dispositivos de apoyo: plantillas o férulas pueden brindar soporte y estabilidad a las articulaciones.
Terapias de calor/frío.
Terapias complementarias: acupuntura, masaje, meditación y tai chi.
Antiinflamatorios vía oral o tópicos.
Artroplastia total, en casos de artrosis avanzada.
Prevención de la artrosis
Mantener un peso saludable, realizar ejercicio de bajo impacto, fortalecer los músculos, evitar lesiones y la sobrecarga repetitiva de las articulaciones, no fumar, seguir una alimentación saludable; consultar ante síntomas persistentes.
Estas medidas también contribuyen a la prevención de enfermedades cardiovasculares y cáncer.


