Con la muerte del profesor José A. García Dantaz, ocurrida en las últimas horas, Paysandú pierde a una de sus voces más reconocibles en el periodismo cultural, la docencia y la reflexión sobre las artes. Conocido afectuosamente como “Pinocho”, desarrolló durante décadas una tarea intensa y respetada en distintos ámbitos de la vida cultural sanducera, muy especialmente desde las páginas de EL TELEGRAFO, donde dejó una huella perdurable. De acuerdo a lo que fue su voluntad, no se realizará velatorio.
García Dantaz tenía 86 años, que había cumplido el 22 de diciembre pasado. Profesor de música en Secundaria, formó generaciones desde la cátedra, en una dimensión tan profunda como silenciosa de su trayectoria. Esa labor docente convivió con una sostenida producción en el periodismo y la comunicación, campos en los que se distinguió por la solidez de sus conocimientos, la sensibilidad de su mirada y la firmeza de sus juicios.

En la radiotelefonía compartió micrófono con destacadas figuras, entre ellas en recordadas entregas de “Mucho Gusto Súper Extra”. Pero fue en EL TELEGRAFO donde consolidó buena parte de su perfil público, abarcando el comentario y la crítica de recitales, conciertos, exposiciones y diversas manifestaciones artísticas. También sostuvo columnas de fuerte identidad propia, entre ellas “Autores y Libros” y la recordada “Musicalmente Hablando”, convertida con el paso del tiempo en una marca personal.
Poseedor de una vasta formación, escribía con solvencia sobre pintura, danza, literatura y música en sus más diversos géneros. Su palabra era escuchada y respetada porque provenía de un conocimiento auténtico y de una mirada cultivada durante años. Podía ser elogioso, pero también severo cuando entendía que debía serlo, siempre desde una convicción crítica que lo identificó a lo largo de toda su trayectoria.
Su figura queda además asociada a la memoria cultural de Paysandú. Fue cronista atento de coros, conciertos, artistas y procesos formativos, y también uno de esos hombres que ayudaron a preservar, a través de la escritura, una parte esencial de la historia artística local. Su vínculo con la música fue particularmente estrecho, tanto en el análisis como en el acompañamiento de intérpretes y creadores.
En su vida personal, formó junto a su esposa María un binomio profundamente ligado a la música y la enseñanza. La muerte de su compañera significó para él un golpe hondo, de esos que reordenan la existencia desde el dolor.
Con su partida se va un profesor, un periodista y un crítico, pero también un hombre que hizo del pensamiento sobre la cultura una forma de compromiso. Queda su firma, queda su estilo, queda el recuerdo de una palabra autorizada que durante años acompañó la vida artística sanducera, musicalmente hablando…



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