Flormaría Soria González pasó por las exigentes cocinas de MasterChef Uruguay en su sexta edición

La sanducera Flormaría Soria González vivió una experiencia que define como “una aventura” al atravesar las exigentes cocinas de MasterChef Uruguay en su sexta edición. Aunque su camino no culminó con el delantal blanco, su paso por el reconocido certamen dejó una huella imborrable y una historia cargada de emoción, esfuerzo y pasión por la cocina.

Todo comenzó de manera inesperada, en un momento cotidiano. Durante una reunión con amigas, en medio de risas y charla distendida, apareció en su celular una convocatoria abierta para aspirantes al programa. “Lo vimos medio en chiste, pero también con algo de verdad”, recuerda. Días después, ya en la tranquilidad de su casa, decidió comenzar la inscripción, que incluía un extenso formulario y la presentación de un video cocinando un plato representativo. Sin embargo, el primer intento terminó frustrado: al enviar la información, un error borró todo el contenido.
Lejos de rendirse, y alentada por compañeros de trabajo, retomó el proceso y logró completar la inscripción. El plato elegido no fue casual: el sushi, una de sus especialidades, al que le incorporó variantes personales para darle un toque distintivo. “Siempre me gusta salir de lo tradicional”, explicó. El video, además, llevó su impronta de humor, reflejando su personalidad. Días más tarde, una llamada inesperada cambió el rumbo. Del otro lado de la línea estaba la producción del programa: su video había sido seleccionado y debía presentarse a un casting presencial en octubre. Allí, con un plato ya elaborado, defendió su propuesta ante el equipo, mientras compartía su historia y el origen de su vínculo con la cocina.

En ese sentido, Flormaría destaca la influencia familiar. “La cocina me trae recuerdos de mis abuelas, que eran excelentes cocineras, y de mi madre, que siempre le puso amor a la comida”. Incluso rememora viajes a Montevideo por motivos de salud familiar, donde su madre transformaba esos momentos en experiencias positivas a través de la gastronomía, llevándola a conocer nuevos sabores.
El proceso continuó con nuevas etapas de selección. De aproximadamente mil postulantes iniciales, 200 accedieron al casting y finalmente 40 llegaron a la instancia de grabación. “Ya estar entre esos 40 era una emoción enorme”, aseguró.

Sin embargo, el desafío no tardó en llegar. En una de las primeras pruebas, los participantes debían demostrar habilidades básicas. A Flormaría le tocó picar cebolla, una tarea que, según confiesa, detesta. “Odio picar cebolla, lloro muchísimo”, relató entre risas. Aun así, logró superar esa instancia y acceder a una nueva oportunidad: el delantal gris, que permitía cocinar en busca de un lugar en la competencia.
En la siguiente prueba, el desafío fue mayor. Debía elaborar un plato en apenas 30 minutos, con espacio reducido y utilizando el huevo como ingrediente obligatorio. Inspirada en un recuerdo gastronómico de un viaje, decidió arriesgar con una propuesta diferente: un timbal que combinaba peras, nueces y queso roquefort, con una yema de huevo como protagonista, buscando generar una experiencia de sabores y texturas.
“Quise jugármela, salir de lo común”, explicó. Sin embargo, el momento de la devolución fue tenso. Frente a los jueces, los nervios le jugaron una mala pasada. “No me salía decir nada, estaba completamente en blanco”, recordó.

Finalmente, su nombre no fue el elegido para continuar en competencia. Pese a la lógica decepción, el balance es ampliamente positivo. “Llegar hasta ahí ya fue un logro enorme. Fue una experiencia hermosa que voy a atesorar para siempre”, afirmó.
Más allá del resultado, Flormaría rescata los vínculos generados durante el proceso y la intensidad de cada jornada. “Se crean lazos muy lindos, más allá de la competencia”, destacó.
Con la satisfacción de haberlo intentado, deja además un mensaje para quienes dudan en dar el paso: “Las oportunidades son como un tren, pasan una vez. Si tienen ganas, anímense”. Su historia, atravesada por la perseverancia y la pasión, demuestra que a veces el verdadero premio no es ganar, sino animarse a intentarlo.

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