El Mercosur cumplió el pasado jueves 26 sus primeros 35 años de vida y, aunque en los últimos tiempos de él solo hemos escuchado sobre los vaivenes del acuerdo con la Unión Europea y la disconformidad de los últimos gobiernos de nuestro país, que lo consideran una limitante —un corsé, fue el término elegante— para que Uruguay suscriba acuerdos bilaterales con otros países, el bloque regional sigue caminando, con dificultades, como un muñeco armado con partes de varios otros juguetes. Aun así, no deja de ser un instrumento con un potencial enorme que ni los propios miembros han sido capaces de comprender.
Con motivo de este aniversario, en varios medios argentinos circuló un análisis realizado por Gustavo Scarpetta, experto en comercio internacional y docente en la Universidad Católica de Córdoba, quien puso la lupa sobre el bloque, al que definió como “un adulto que aún no se fue de la casa de sus padres, aunque pronto —el 1º de mayo— comenzará la mudanza, ya que se inicia el proceso de integración con la Unión Europea”.
Lo que plantea Scarpetta es una evaluación de cómo les fue a los integrantes del bloque después de todo este tiempo.
En su planteo recuerda que el Mercosur firmó acuerdos con Chile y con Bolivia a mediados de los años 90, a los que luego se sumaron algunos otros, y que este acuerdo con la Unión Europea —que se persiguió, y se sigue persiguiendo, tras 25 años de negociaciones— constituye su mayor desafío.
“Nació con el objetivo de propiciar un espacio común que generara oportunidades comerciales y de inversión a través de la integración competitiva de las economías nacionales”, como explicita la página oficial del bloque. El análisis indica que Brasil y Paraguay aumentaron su participación en el comercio global desde el nacimiento del Mercosur; Uruguay la mantuvo, y Argentina fue el único país que redujo su incidencia en el intercambio mundial, encuadró el experto.
Como antecedente directo del Mercosur, Scarpetta refiere a la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (Alalc), nacida bajo el influjo del Tratado de Roma, que dio origen a la integración europea, en la década de 1960. En ese entonces, indica, “los países que conforman el Mercado Común del Sur representaban el 1,92% de las exportaciones globales. Las exportaciones de Argentina eran de U$S 1.079 millones y las de Brasil, de U$S 1.268 millones”. La iniciativa no prosperó.
“Latinoamérica no pudo fortalecer su integración y, en 1980, volvió a suscribir un acuerdo que sería base para la firma del Mercosur: la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi), firmada en Montevideo, que funciona hasta la actualidad y tenía como objetivo crear una zona de libre comercio subcontinental”. En ese entonces, menciona, “la participación de los países que luego serían miembros fundadores del Mercosur descendió de 1,92% a 1,45%”.
Finalmente, en marzo de 1991, Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina firmaron el Tratado de Asunción, por el cual crearon el Mercosur. Para ese año, la participación de los países miembros en el contexto global había vuelto a descender: pasó de 1,92% en 1960 a 1,31% al momento de la firma. Hasta ese punto, en 30 años, la participación del bloque cayó de forma sostenida.
El análisis prosigue con el período posterior, es decir, con los 35 años transcurridos desde la suscripción del tratado.
“Mientras el mundo se abría y el comercio internacional ganaba cada vez más importancia, América Latina sufría cierto aislamiento, en parte por la injerencia de la política de sustitución de importaciones. La caída del Muro de Berlín aceleró los tiempos y, en los años 90, ocurrieron hechos que cambiaron la configuración del comercio mundial”. Entre esos hitos menciona la creación de la Organización Mundial del Comercio, la consolidación de la Unión Europea y su moneda común —el euro—, la firma del Nafta (Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte) y la creación de la zona de libre comercio de la Asean (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático). “Todo ocurrió en solo cuatro años. El Mercosur formó parte de este movimiento aperturista que se observó en el mundo” y, en cuanto a su participación en el comercio global, “el bloque logró detener el descenso”.
Entre la firma del Tratado de Asunción y el año 2000, la participación subió a 1,33%. “Y si consideramos los últimos datos oficiales, la participación de las exportaciones de los países socios en el comercio global alcanzó el 1,57% (datos de 2020), una representación incluso superior a la de 1970, por lo que se habría logrado el objetivo de inserción internacional de las mercaderías producidas en la región”.
No obstante, advierte que el comportamiento de los países socios “no fue similar y no en todos se refleja el mismo auge”. Resume que, cuando nació el Mercosur, “Brasil representaba el 69% de las exportaciones del bloque; Argentina, el 26%; Uruguay, el 3,5%, y Paraguay, el 1,5%”.
¿Cómo cambió esta composición? Brasil pasó de 0,90% a 1,17% de las exportaciones mundiales; Argentina bajó de 0,34% a 0,30%; Uruguay se mantuvo en 0,05%, y Paraguay duplicó su participación, al pasar de 0,02% en 1991 a 0,05% en 2020.
Según datos de la Organización Mundial del Comercio procesados por el autor, se incluye también a Chile con fines comparativos, como un país de la región que siguió una estrategia distinta. “Aumentó su participación desde 0,25% en 1991 a 0,38% de las ventas mundiales, con lo cual supera a Argentina”.
Agrega el experto que, “considerando el ingreso nacional bruto per cápita (INB en U$S a precios actuales), se observa que todos los países firmantes del Tratado de Asunción mejoraron de manera importante su ingreso per cápita, incluso por encima del promedio mundial”.
Al concluir, plantea que este acuerdo con la Unión Europea supone “una oportunidad de ampliar su comercio internacional y de venderle al mercado más exigente”, a la vez que implicará la llegada de productos competitivos desde esa región. “Todo parece indicar que Brasil está preparado para el desafío y que será positivo para Uruguay y Paraguay, que tienen economías más abiertas. El gran interrogante es si Argentina podrá estar a la altura, considerando que enfrentará la competencia de algunos sectores poderosos de Europa, en medio de una crisis de consumo”.
En todo caso, cabe agregar al análisis de Scarpetta que no todos los países partían de las mismas condiciones iniciales ni tuvieron, en el mismo lapso, una conducta similar en sus políticas macroeconómicas; pero, claro, eso sería motivo de un análisis más fino.
La sensación es que el instrumento, como ya se ha dicho, tiene un enorme potencial que no hemos sabido explotar. Nunca llegaron a concretarse ideas que estaban muy claras desde el comienzo, como la libre circulación de bienes y personas.
En cambio, hubo un período muy complejo en el que, en aras de coincidencias ideológicas entre gobiernos, el bloque adoptó una fase política que aportó poco a su esencia económica y aduanera, que es la que debería seguir primando.
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