La creciente disponibilidad de registros de alta frecuencia ofrece nuevas oportunidades para estudiar la resiliencia en los animales. La variabilidad en el crecimiento y en el consumo de alimento puede aportar información relevante sobre el estado de salud y bienestar de los animales, y puede ser utilizada para derivar indicadores de resiliencia que describan su respuesta frente a perturbaciones ambientales.
En este estudio, a cargo de los zootecnistas Fernanda Barchet y Luis F. Britos, junto a los ingenieros agrónomos Gabriel Ciappesoni e Ignacio De Barbieri, los indicadores de resiliencia evaluados mostraron interacciones complejas tanto entre sí como con los rasgos productivos. Las correlaciones observadas entre producción y resiliencia sugieren que la selección actual orientada a mayores tasas de ganancia promedio diaria no habría afectado de manera sustancial la resiliencia animal.
Sin embargo, las asociaciones entre eficiencia de conversión de alimento y resiliencia variaron desde favorables hasta desfavorables, lo que indica que la selección para mejorar la eficiencia en el uso del alimento podría, en algunos casos, mejorar ciertos indicadores de resiliencia, mientras que en otros podría comprometerlos. Dado que la resiliencia y la producción no siempre evolucionan en la misma dirección, la integración de indicadores de resiliencia en índices de selección representa una oportunidad relevante para seleccionar animales capaces de sostener la productividad mientras enfrentan desafíos ambientales. Si bien el tamaño relativamente reducido de la muestra limita la solidez de nuestras conclusiones, esta metodología será aplicada a un mayor grupo de animales y razas. Actualmente se están desarrollando esta y otras metodologías (teniendo en cuenta por ejemplo el consumo acumulado) apuntando a elegir los rasgos más adecuados para luego ser incluidos dentro de las evaluaciones genéticas rutinarias de las diferentes razas ovinas.
DESAFÍOS FRECUENTES
En los sistemas productivos actuales, los animales enfrentan desafíos cada vez más frecuentes y no previsibles, como variaciones en las condiciones ambientales, cambios en el manejo y posibles fluctuaciones en la disponibilidad de recursos. En este contexto, no solo importa cuánto producen los animales, sino también qué tan estables son frente a estas situaciones. En este sentido, la resiliencia se ha convertido en un concepto clave para identificar animales capaces de sobrellevar los distintos desafíos que puedan existir, apuntando así a sistemas más eficientes y sostenibles.
En los sistemas ganaderos actuales se buscan animales con alta producción, ya sea de carne, lana u otras características productivas. Sin embargo, en los últimos años se ha observado que animales seleccionados durante largos períodos por alta producción pueden perder capacidad de adaptación al ambiente. A esto se suma el hecho de que los eventos climáticos extremos son cada vez más frecuentes y menos previsibles, como olas de calor, lluvias intensas o sequías prolongadas. Esta realidad nos lleva a cuestionarnos hasta qué punto nuestros animales están realmente preparados para enfrentar estos desafíos.
En este contexto, en los últimos años ha cobrado importancia el concepto de resiliencia animal. Un animal resiliente es aquel que se ve poco afectado por un desafío y que, en caso de verse afectado, logra recuperarse rápidamente. Desde un punto de vista práctico, la resiliencia va mucho más allá de la salud: implica mayor bienestar animal, menor necesidad de intervenciones por parte de los productores, menor uso de medicamentos y, en consecuencia, una mayor sostenibilidad del sistema productivo, con menores costos sanitarios a largo plazo. La principal dificultad para seleccionar los animales por su resiliencia hoy es la generación de la información necesaria, ya que su evaluación requiere de datos que sean medidos diariamente o con alta frecuencia. Este tipo de información es clave para capturar cómo responde el animal a lo largo de su vida productiva, pero su obtención suele ser costosa o difícil de implementar a nivel de las cabañas. Es así como las pruebas de eficiencia pueden constituir una herramienta importante, ya que permiten generar grandes volúmenes de información relacionada con el consumo de alimento, el comportamiento alimentario, pesos corporales diarios, etc. Dado que estas características se ven afectadas cuando los animales enfrentan situaciones de estrés, y que estos cambios impactan posteriormente en la ganancia de peso, se plantea la hipótesis de que animales más resilientes presentan menores desviaciones respecto a su desempeño esperado. Esto se manifestaría como curvas más estables (por ejemplo: trayectoria de ganancia de peso o de consumo de alimento), sin caídas transitorias marcadas o, en caso de ocurrir, una recuperación posterior más rápida.
Con el objetivo de evaluar esta respuesta en un grupo de animales y desarrollar indicadores de resiliencia, se utilizaron datos de ganancia promedio diaria de peso, consumo de alimento y comportamiento de consumo.
METODOLOGÍA
Se utilizaron datos de consumo de alimento y peso vivo provenientes de la Plataforma de Fenotipado Intensivo de Ovinos, ubicada en la Unidad Experimental La Magnolia (INIA Tacuarembó), en el marco de los proyectos Rumiar y Genera de INIA. Esta plataforma permite evaluar consumo de alimento, crecimiento y comportamiento de los animales bajo condiciones controladas, y calcular el consumo residual de alimento (conocido como eficiencia).
El estudio incluyó 76 corderos Texel (hembras y machos castrados) de seis a siete meses de edad, evaluados durante 53 días (ocho de adaptación y 45 de registro efectivo) en verano. Los animales, provenientes del núcleo Texel de INIA Las Brujas, fueron alojados en corrales con comederos y balanzas automáticas, con acceso ad libitum a agua y heno de alfalfa.


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