La “inédita incertidumbre” global existente obliga al Banco Central del Uruguay a poner pausa a su estrategia monetaria

(EFE)
La escalada de tensión en Oriente Medio y la alta volatilidad de los precios energéticos configuraron un escenario de “inédita incertidumbre” que obligó al Banco Central del Uruguay (BCU) a poner en pausa sus movimientos macroeconómicos. El presidente del organismo, Guillermo Tolosa, aseguró este miércoles que el BCU busca ganar tiempo para evaluar la persistencia de los choques externos antes de calibrar los próximos pasos tras resolver el pasado martes mantener inalterada su Tasa de Política Monetaria (TPM) en el 5,75 %.

Tolosa detalló que la economía uruguaya se enfrenta a “dos fuerzas operando en direcciones opuestas”. Por un lado, advirtió sobre las presiones inflacionarias derivadas de un precio del petróleo que opera considerablemente por encima de los niveles previos al recrudecimiento del conflicto en Oriente Medio.
Por otro, señaló una tendencia a la depreciación del dólar a nivel global —similar a la observada en 2025— que inyectó presiones desinflacionarias en nuestro país. Ante esto, aseguró que la mejor opción es “esperar y observar”.
En el plano local, la inflación se situó en marzo en el 2,94 %, una caída impulsada por el descenso de precios volátiles como frutas y verduras, ubicándose por debajo del centro del rango meta fijado por el BCU (4,5 %).

“La inflación en los niveles actuales, históricamente bajos, ayuda a que Uruguay deje de encarecerse, protege el poder adquisitivo y la competitividad. Sin embargo, no es el objetivo del Banco Central que se mantenga en estos niveles”, afirmó Tolosa.
El jerarca subrayó el compromiso de la institución de hacer que el índice retorne a la meta y se estabilice, algo en lo que confía ya que —según su criterio— “la acción decidida y firme del Banco Central en los últimos meses viene dando resultados positivos” y las expectativas de inflación continúan ancladas a la meta.

Sobre el estado de la economía nacional, el presidente del BCU adelantó que la institución revisará a la baja sus proyecciones de crecimiento para el cierre del año, lastradas por los efectos de la sequía.
Esto se producirá a pesar de que el primer trimestre de 2026 mostró señales de mayor vigor, con un crecimiento trimestral desestacionalizado estimado en un 0,8 %.
No obstante, Tolosa destacó que la actual política monetaria está logrando sostener la actividad económica. En ese sentido, apuntó que el crédito corporativo en moneda nacional experimentó un crecimiento superior al 10 %, impulsado por tasas de endeudamiento reales que rondan el 2,5 %, “niveles históricamente bajos”.

CAYÓ LA DEMANDA LABORAL

(ÁMBITO)
La demanda laboral en Uruguay cayó un 5,8% interanual durante el primer trimestre del año, respecto del mismo período del 2025, y marcó así la primera caída tras dos años de expansión en el mercado laboral, lo que indica una nueva tendencia de contracción en un escenario de bajo crecimiento económico proyectado.
La señales de alarma ya se habían encendido durante el segundo semestre del año pasado, con una evidente desaceleración del crecimiento de la demanda laboral, pero todavía en terreno positivo y con algunos buenos resultados intercalados con la estabilidad predominante que permitieron cerrar el 2025 con un récord de empleo. Sin embargo, el escenario comenzó a confirmarse en febrero, cuando la oportunidades de empleo del mes cayeron por primera vez en términos interanuales tras dos años. El resultado general se dio, incluso, con un buen balance a nivel mensual: en marzo, la demanda laboral creció un 8,2% mensual en términos desestacionalizados y se publicaron un total de 6.843 oportunidades de empleo. El dato es, asimismo, la primera variación positiva después de tres meses de descenso propio de la temporada de verano, y posiciona a marzo como el mes de mayor demanda en lo que va del año.
De todos modos, en la comparación interanual —mismo mes, tanto en 2026 como en 2025—, se observa una caída del 7,9%; lo que representa el segundo mes consecutivo de retroceso, con cifras que se ubican por debajo de las registradas durante el año pasado. Con el dato de marzo, el relevamiento del primer trimestre totalizó en 19,870 oportunidades de empleo, 1.234 menos que en los tres primeros meses del año pasado, que explican la caída del 5,8% y la primera variación trimestral interanual negativa en dos años.

Pero, además, el menor desempeño del mercado laboral se observa también en relación con el trimestre inmediatamente anterior —el cuarto del 2025—, en tanto la demanda disminuyó un 7,8% y se ubicó por debajo de las 20.000 oportunidades publicadas, valor de referencia sobre el cual se mantuvo durante seis trimestres consecutivos. Así, los primeros tres meses del año marcaron el trimestre más bajo desde el período abril-junio de 2024, cuando comenzó a observarse la fase de crecimiento en el mercado laboral; e interrumpen una tendencia que llevó al 2025 a ser un año récord en materia de demanda de empleo.

EL 18,7% DE LA POBLACIÓN EN SITUACIÓN DE POBREZA

(TELENOCHE)
El Instituto Nacional de Estadística (INE), dio a conocer el informe sobre Pobreza Multidimensional 2025, que aplica la metodología internacional Alkire-Foster, señala que el 18,7% de la población uruguaya se encuentra en situación de pobreza, siendo la infancia el sector más afectado. Este informe es diferente al de Estimación de la pobreza por el método de ingreso correspondiente a 2025, presentado días atrás. Ese trabajo señalaba que, para el total del país, la incidencia de la pobreza en las personas se estimó en 16,6%. Estas personas no superan el ingreso mínimo necesario para cubrir las necesidades básicas alimentarias y no alimentarias. El estudio, que evalúa quince indicadores clave en áreas como educación, vivienda, servicios básicos, protección social y empleo, identifica las carencias más críticas que limitan el bienestar de miles de uruguayos. El análisis subraya que las principales privaciones que enfrentan los uruguayos se centran en la escolaridad insuficiente de los adultos y la informalidad laboral.

Sin embargo, al profundizar en la medición multidimensional, se destacan otras áreas de alta vulnerabilidad. Entre las carencias más persistentes se encuentran el hacinamiento (con tres o más personas por dormitorio) y la precariedad de los materiales de construcción de las viviendas. En el ámbito de los servicios, el acceso a un saneamiento adecuado sigue siendo una brecha significativa, especialmente en el interior del país y en zonas periféricas.
La educación es un pilar crítico. Las privaciones se manifiestan en el bajo logro educativo de la población adulta y, crucialmente, en el rezago escolar o la inasistencia de niños y adolescentes, un factor que consolida la reproducción intergeneracional de la pobreza. Los datos revelan un marcado sesgo etario: la pobreza multidimensional afecta de forma mayor a los niños, niñas y adolescentes (NNA).