“¿De dónde eres?”, preguntó Laura Pausini en pleno show. “De Paysandú”, respondió Andrea Bottesch, y ese breve intercambio alcanzó para convertir un recital multitudinario en una escena íntima, inesperada y profundamente emotiva.
La excantante de Wanco y de Los Winnis subió al escenario invitada por la propia artista italiana durante el recital que ofreció en el Antel Arena de Montevideo, donde ambas compartieron “Víveme” en uno de los momentos más especiales de la noche.
Para Bottesch, no fue simplemente un episodio sorpresivo dentro de un concierto esperado durante años. Fue, según lo contó después, la materialización de una historia personal atravesada por la música de Pausini. “Soy fan de Laura Pausini desde los 6 años. Crecí con su música, me acompañó en un montón de momentos de mi vida y lo que pasó en Montevideo fue algo que nunca imaginé ni en mis mejores sueños”, expresó. Andrea estaba en la cuarta fila, bien al centro, y venía cantando cada tema con intensidad. “Estaba en cuarta fila. Bien en el medio. Y cantaba cada tema”, relató. En medio de esa emoción, decidió ir por todo y pedirle a la cantante italiana que le cumpliera un sueño. “Le dije, ‘Cumplime el sueño de cantar contigo. De regalo de cumpleaños’”, recordó.
La situación derivó en un cruce espontáneo y cálido. “Ella pensó que era mi cumple el día del concierto”, contó Bottesch entre risas. Cuando aclaró que en realidad su cumpleaños es el 27 de abril. “Pero soy de Tauro como vos”, le dijo Andrea, y ese detalle terminó de encender la complicidad.
La emoción no terminó arriba del escenario. Andrea también contó lo que sintió en ese instante en que pasó de ser una espectadora apasionada a compartir micrófono con una artista que la acompaña desde la infancia. “Cuando me subió al escenario sentí una mezcla de emoción, nervios y felicidad imposible de explicar”, afirmó. Y resumió lo vivido con una frase que concentra el valor de la experiencia: “Más que un concierto, fue un momento que me marcará para siempre”.
La noche de Montevideo, entonces, dejó mucho más que un recital. Dejó la imagen de una sanducera que pasó de cantar desde la cuarta fila a hacerlo sobre el escenario, frente a miles de personas, junto a la artista que admira desde niña. Y dejó también una de esas historias que parecen escritas para ser recordadas. Porque a veces la música hace eso, une el sueño de toda una vida con un instante que, de pronto, se vuelve real.

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