Taller Jacarandá: calabazas talladas

Otro de los puestos de artesanías que descubrimos en el predio, es el del sanducero Julio Barrios, quien vive en nuestra ciudad, pero casi toda su trayectoria la hizo en Argentina, ya que durante 16 años trabajó en una feria en Córdoba. Contó a EL TELEGRAFO que “todo lo que hago es en base a calabazas, de distintas especies, distintos cortes y las distintas formas las voy logrando con las uniones entre calabazas diferentes. Las traigo de Tranqueras (Rivera) que es un lugar muy seco, la calabaza necesita mucho calor, pero no calor húmedo como el que hace acá, este no sirve porque no permite que la calabaza se seque nunca, al contrario de esa zona que además de seca, es de tierra colorada y al no tener humedal, crecen con un cuerpo grueso que me permite tallarlas, que es mi fuerte”.

Ha participado en bienales, concursos y con sencillez contó que ha sido premiado muchas veces por diferentes trabajos y en varios países, pero destaca especialmente el premio “Morosoli” obtenido por haber construido un bandoneón, que luego la empresa Manos del Uruguay lo llevó a lucir a la feria mundial.
Sus creaciones son variadas: mates, adornos, tambores, juguetes para niños, instrumentos musicales, y mucho más, pero se detiene para explicar algo: “en cada mate, yo cuento una historia, siempre le digo a la gente que al elegir un mate lo miren bien para ver lo que estoy contando. Es que antes, el gaucho solía trabajar toda la semana y al terminar se iba a la pulpería, y esas cosas están talladas, jugar al truco, a la taba, así entre trago y trago pasaban las horas y los días también, y el alcohol a veces los llevaba a pelearse entre ellos con facón; también están grabadas distintas posiciones de la doma”.

Otro tema muy presente en sus trabajos, es la presencia de la “curandera”, al respecto, contó lo siguiente: “yo soy de Pandule, mi madre me trajo a vivir a Paysandú cuando tenía siete años, pese a que viví pocos años allí, me quedó grabada la imagen de la curandera, la nuestra era Doña Leandra, una viejita muy buena, se le notaba de lejos que era buena. Es que ellas llegan donde no llega la medicina, porque en el interior profundo no siempre estaba el doctor, no solía ir a campaña, entonces estaba ella, y otras más en todo el país, que siguen existiendo que con yuyos, pases, oraciones o lo que tuviera a mano te curaban empacho, ojeo, aire, la famosa culebrilla y muchísimos otros males; en honor a ellas, en algunos mates cuento sus historias también”.

Si no lo visitaron en el predio, lo pueden encontrar en Meriggi 1398 o en el teléfono 47221167.