Una noche de lluvia, una cábala de años y un auto que quedará en la familia

Ricardo Ambroa todavía revive con emoción la madrugada en que supo que había ganado el primer premio de la Rifa de la Semana. Junto a él, los vendedores Pablo Di Santo y Álvaro Barrios aportan la otra cara de una tradición que cada año mezcla trabajo, esperanza y vínculo con la gente.
Ricardo Ambroa –colaborador de esta casa periodística– estaba el domingo en su casa, acostado, mirando televisión, mientras afuera llovía y el frío invitaba a no moverse. Fue entonces, cerca de las 20.30, cuando empezó a sospechar que tenía el número ganador del auto. “Me levanté, lo tenía pegado en la heladera y decía 01362. Dudé, porque había salido el 1.362, no es el mío. Pesaba para mí el cero era válido”, recordó.
La incertidumbre duró poco. Llamó a Carlos Gamarra y Daniel Parente, y ellos terminaron de convencerlo de que sí, que había ganado. “Esa noche no dormí, hasta las 3 de la mañana no dormí, no podía dormir porque estaba emocionado”, contó. Aun así, a las seis se levantó para ir a trabajar. “Sentía una satisfacción grande”, resumió.

UNA CÁBALA QUE VENÍA DE LEJOS

La historia del premio tiene además un componente muy personal. Ambroa contó que desde hace unos 40 años repite la misma costumbre en cada comienzo de la Semana de la Cerveza: sale desde su casa y le compra la rifa al primer vendedor que encuentra. “Para mí la Semana de la Cerveza es una identidad de Paysandú”, dijo. Este año volvió a hacerlo. Primero pidió algunos números que le gustaban, pero no estaban disponibles. Entonces apareció el 1.362, asociado al 62, el número de su casa. “Lo guardé, fui al espectáculo de noche, cuando volví a casa lo puse ahí y me olvidé”, relató. No era la primera vez que la suerte lo acompañaba. “Me faltaba ganar un auto”, dijo, luego de recordar que ya había sacado una moto, un combinado e incluso una vivienda por sorteo hipotecario. Ahora, la idea es que el vehículo permanezca en la familia. “Probablemente el auto quede en la familia”, señaló, pensando en uno de sus hijos, estudiante de Medicina.

ÁLVARO BARRIOS Y EL OFICIO DE VENDER

La otra cara de la historia la aportó Álvaro Barrios, un vendedor con más de dos décadas de experiencia en la rifa de la Semana. Para él, la tarea no es solo una forma de ingreso, sino también una costumbre ligada al encuentro con la gente. “Hace más de 20 años que vendo rifas en la Semana”, contó. Y enseguida explicó qué lo sigue motivando: “Aprovecho la venta y aprovecho a ver caras que no veo en todo el año”. Por las mañanas se instalaba en las inmediaciones de un supermercado, donde mucha gente ya sabía que podía encontrarlo. Por la tarde se trasladaba al predio, a la entrada principal por calle Éxodo. “La gente sabía que yo estaba todas las mañanas ahí parado”, señaló.
Barrios aseguró haber vendido unos 1.000 números en esta edición y destacó con orgullo que le tocó vender premios importantes en años consecutivos. Sin embargo, todavía espera que aparezcan quienes compraron esos números. “Lo único que me gustaría es que aparezcan ya mis ganadores”, dijo.

PABLO DI SANTO Y LA PELEA DE TODOS LOS DÍAS

Pablo Di Santo, por su parte, aportó un testimonio franco sobre lo que significa vender la rifa en el marco de una economía ajustada. Hace cuatro años que se dedica a esta tarea, aunque su experiencia en la venta viene de mucho antes, en distintos rubros y en una larga etapa comercializando libros en todo el país. Hoy, explicó, sigue “peleándola”. “Tengo 58 años y la voy peleando, vendo una cosa, vendo otra y la venta me gusta”, relató. Di Santo dijo que la rifa representa un aporte importante dentro de esa realidad cotidiana. “Si estamos vendiendo la rifa es porque realmente necesitamos una extra”, expresó. Se definió como “callejero”, alguien que prefiere moverse por distintos puntos de la ciudad, aunque en esta edición encontró una buena oportunidad al ubicarse cerca del auto en sorteo. Estimó haber vendido entre 500 y 600 números.
También destacó que el respaldo institucional facilita la tarea. “La gente te lo compra porque tiene un respaldo”, explicó. Y la historia tuvo para él un matiz especial, porque conocía a Ricardo Ambroa de años atrás, de la época en que ambos trabajaban en Paycueros.
Veo además que en esta versión quedaron cruzados los nombres de Barrios y Di Santo respecto de la entrevista original. Puedo dejártela ya corregida.

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