La volatilidad dejó de ser un evento aislado para transformarse en la nueva normalidad de los mercados globales. En un escenario dominado por conflictos geopolíticos y tensiones económicas, los precios reaccionan de forma cada vez más abrupta, generando incertidumbre entre los operadores.
El artículo publicado por Esteban Moscriello en Clarín, sostiene que el foco principal continúa en Medio Oriente. El bloqueo del Estrecho de Ormuz entra en su sexta semana, impulsando al petróleo a niveles cercanos a los 115 dólares por barril en Londres. Sin embargo, este rally no ha sido lineal: la zona de 110-120 dólares ya ha mostrado fuertes correcciones en varias ocasiones, evidenciando un mercado extremadamente sensible a cualquier cambio en el tono político, incluso tras declaraciones de Donald Trump.
El petróleo se ha convertido en el principal termómetro de la incertidumbre global. Sus movimientos reflejan no solo el impacto directo del conflicto en Medio Oriente, sino también la interacción con otros factores como las tensiones entre Estados Unidos y China y los cambios en las políticas energéticas.
En paralelo, la guerra en Ucrania sigue condicionando el comercio agrícola mundial. Las restricciones de Rusia sobre exportaciones de fertilizantes agregan presión sobre los costos de producción, complicando aún más el panorama para el sector agroindustrial.
A esto se suma la reciente actualización de políticas de biocombustibles en Estados Unidos, impulsada por la Environmental Protection Agency. Si bien estas medidas refuerzan la demanda estructural de aceites vegetales, su impacto inmediato fue moderado.
De cara a los próximos días, la atención seguirá dividida entre los datos económicos y la evolución de los conflictos. No obstante, el mensaje es contundente: mientras no haya señales concretas de desescalada, la guerra continuará siendo el principal motor del mercado, afectando desde el precio del petróleo hasta las decisiones de inversión y política monetaria a nivel global.
SOJA
El mercado de la soja mostró un cambio clave en las últimas horas: con primas brasileñas más firmes, la demanda china se retiró momentáneamente del escenario. Este comportamiento genera incertidumbre en el corto plazo, especialmente en un contexto donde Sudamérica gana competitividad y Estados Unidos necesita sostener el ritmo de exportaciones.
Para cumplir con las proyecciones del USDA, el mercado estadounidense de exportaciones de soja deberá mantener un ritmo constante en las próximas semanas: 250.000 toneladas semanales de soja, junto con niveles sostenidos en harina y aceite. Esto deja poco margen para desaceleraciones en la demanda.
A nivel geopolítico, las tensiones en Medio Oriente volvieron a escalar luego de declaraciones de Donald Trump, quien advirtió sobre posibles acciones militares contra Irán y condicionó el apoyo a Ucrania. Este escenario aporta volatilidad adicional a los mercados, especialmente por su impacto en la energía y los biocombustibles.
En Sudamérica, las primas FOB reflejan dinámicas divergentes: Brasil continúa fortaleciéndose en soja y harina, mientras que Argentina muestra debilidad en la harina. Este contexto refuerza la presión competitiva sobre Estados Unidos, especialmente con la abundante oferta brasileña aún disponible.
ESTRECHO DE ORMUZ
El mercado agrícola arranca la semana con fuertes tensiones externas, lideradas por el cierre del Estrecho de Ormuz, que mantiene firme al petróleo y genera impacto directo sobre los granos. Sin embargo, mientras el crudo sigue sostenido, los commodities agrícolas comienzan a mostrar señales de desacople en un contexto donde los fondos acumulan una posición comprada récord tras ocho semanas consecutivas, aunque ya empiezan a evidenciarse señales de agotamiento.


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