El domingo 3 de mayo celebramos los 50 años de esta comunidad parroquial, una oportunidad para agradecer a tantos que en estos años han sembrado la semilla del evangelio.
Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre, esta celebración es una oportunidad de agradecer el pasado, vivir con pasión el presente y con esperanza el futuro.
La Iglesia no es primeramente una institución que se organiza, sino un misterio que se trasmite. No es una maquinaria que funciona, sino una vida que se entrega. Cada Parroquia, más aún cada comunidad cristiana, decía Juan XXIII, es como una fuente en medio del pueblo para que puedan venir a beber todos los sedientos, de sentido de luz y de vida.
Comunión, participación y misión: las tres palabras indican el camino de la comunidad cristiana en este tiempo, caminando juntos, testigos del evangelio de la alegría en un mundo y en una sociedad violenta y fragmentada. Desde su surgimiento, por tanto, la parroquia se plantea como respuesta a una precisa exigencia pastoral: acercar el Evangelio al pueblo a través del anuncio de la fe y de la celebración de los sacramentos. La misma etimología del término hace comprensible el sentido de la institución: la parroquia es una casa en medio de las casas y responde a la lógica de la Encarnación de Jesucristo, vivo y activo en la comunidad humana. Así pues, visiblemente representada por el edificio de culto, es signo de la presencia permanente del Señor Resucitado en medio de su Pueblo. Caminamos con la esperanza de que nuestras comunidades sean lugar de encuentro, celebración y servicio cristiano de la caridad.
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