En la Universidad de la República (UdelaR) se realizó la presentación del “Estudio nacional sobre percepciones en torno al dolor, la muerte y el suicidio”.
En la presentación expusieron el rector de la UdelaR, Héctor Cancela; la docente e investigadora de Facultad de Ciencias Sociales (FCS), Mariángeles Caneiro, y el docente e investigador de la FCS, Pablo Hein.
“Existe una pauta, una matriz social de producción de cómo se enfocan estos temas que se vinculan con cómo vivimos y cómo nos vemos de alguna manera obligadas y obligados a vivir. Estamos en una sociedad que prioriza o enfatiza en todos los planos la productividad y a cualquier costo, tenemos mandatos que tienen que ver con la felicidad, con la juventud, que por supuesto nos tienen que ayudar a situar el tema en su perspectiva social y cultural, además de su aspecto sanitario”, destacó Caneiro.
Los resultados
Hein resaltó algunos de los resultados que obtuvieron de la encuesta, entre ellos que, seis de cada 10 personas, priorizan el dolor emocional antes que el dolor físico; tres de cada 10 personas se sintieron con estrés, tristezas o agobios; dos de cada 10 personas de las que se sentían con agobio, acudieron a un psicólogo; y siete de cada 10 de aquellas personas que presentaron esta tristeza, esta incapacidad de pensarse en un futuro, no buscaron ayuda de ningún profesional. Otro hecho que llamó la atención de las y los investigadores fue el uso de psicofármacos, dos de cada 10 personas consumieron algún tipo de psicofármaco en el último año, un grupo de personas caracterizado por ser adultos mayores, mujeres y un nivel educativo medio; y el 3% de los encuestados consumió psicofármacos sin prescripción médica.
Con respecto a cuánto piensan sobre la muerte, en qué forma la piensan y qué sentimientos le genera esa muerte, los datos más llamativos son que las personas que se encuentran en el pico más alto de recurrencia en el pensamiento de muerte, son en su mayoría gente con un perfil definido, de izquierda, mujeres solas, viudas o solteras, y con estudios terciarios.
En lo que respecta al bloque de suicidio lo más llamativo fue que la sociedad uruguaya mantiene “fuertes y sólidas algunas creencias falsas o mitos como que el suicidio ocurre más en invierno y es más numerosos en los jóvenes, entre otras tradiciones erróneas que nosotros tratamos de combatir”. Por otra parte, los investigadores propusieron a los encuestados distintas hipótesis acerca de los factores causantes del suicidio, la que obtuvo mayor apoyo fue la de los problemas psicológicos, y elegida mayoritariamente por personas de ideología de izquierda, una educación terciaria y media superior y capitalinos. Mientras tanto, el grupo que optó como factor principal causante de suicidio, la falta de apoyo del entorno familiar, aglutinó menos respuestas, y en su mayoría de gente de ideología de centro y de derecha, del interior del país, de entre 30 y 49 años de edad y con educación media básica. Por su parte aquellas respuestas que concuerdan más con los problemas financieros como causa de la problemática, en su mayoría corresponden a personas entre 50 y 64 años de edad, del interior del país, y de género masculino.
El investigador concluyó que estos hallazgos indican que a la hora de pensar los factores que determinan el suicidio, no existe un solo factor. Esto puede determinar al momento de diseñar algunas políticas o focalizaciones en torno a la prevención universal del suicidio, la necesidad de pensarlas diferencialmente, según la educación, la religión y los grupos de edades.
En el ámbito de los Grupos de discusión, el estudio encontró que “el suicidio es concebido, transversalmente en distintos grupos de edad, más que nada con una salida a un dolor o una situación o problemas que son imposibles de resolver”. Para muchas personas, “es una especie de punto cúlmine de un proceso”, explicó Caneiro.
Agregó que surgieron otros puntos que de alguna manera confirman suposiciones, como las diferencias de género que se observan al hablar, al tratar de gestionar con otros y otras estas problemáticas. “Los mandatos del género están fuertemente visibilizados”, señaló, los diferentes grupos y personas en distintas etapas vitales entienden “que las mujeres hablan más, son más sensibles y tienen más facilidades para apoyar emocionalmente”.
Acciones a futuro
En torno a las temáticas del estudio, Hein planteó algunas reflexiones generales sobre posibles acciones a futuro, como la educación emocional, la formación docente para la detección temprana de personas que necesitan apoyo, la mejora en el acceso a la salud, la aplicación de protocolos de prevención. No solo es necesario trabajar en prevención con los sobrevivientes, sino con ellos para toda la sociedad, con abordajes más comunitarios con la idea de “romper el individualismo y fortalecer las redes, hablar, encontrarse y desestigmatizar”. Señaló tres ámbitos comunitarios que deberían priorizarse: el de la salud, más allá de los hospitales, el de la educación, más allá de los centros de estudio, y el del trabajo.

