Dr. Ricardo Diez: Abordaje de la rosácea

La rosácea es una alteración crónica de la piel muy frecuente que afecta principalmente al rostro, produciendo enrojecimiento y granos en las mejillas, en ocasiones con formación de pus. Es más frecuente entre los 30 y los 50 años de edad y tiene una prevalencia aproximada del 5,5 % en la población. Se observa con mayor frecuencia en mujeres.

Su causa no se conoce con exactitud. Se han propuesto alteraciones en la respuesta inmunológica, reacciones inflamatorias, la participación de microorganismos de la piel (Demodex), la exposición a la luz ultravioleta y factores genéticos.

Puede asociarse con síndrome metabólico, enfermedades autoinmunes, migraña y depresión.

Tipos de rosácea

Rosácea eritematotelangiectásica: enrojecimiento permanente (eritema) con tendencia a ruborizarse fácilmente.

Rosácea papulopustulosa: enrojecimiento permanente acompañado de protuberancias rojas (pápulas) y pústulas.

Rosácea fimatosa: se asocia con rinofima, un agrandamiento de la nariz.

Rosácea ocular: afecta los ojos y los párpados.

Síntomas

Ruborizarse con facilidad (episodios de flushing).

Enrojecimiento de las mejillas, la nariz, el mentón y/o la frente.

Ardor o sensación de quemazón en la cara.

Pequeños vasos sanguíneos visibles en la cara (telangiectasias).

Nariz roja y/o engrosada (rinofima), más frecuente en hombres.

Pápulas y pústulas.

Afectación de los párpados (blefaritis) y compromiso ocular, como conjuntivitis, queratitis e iritis.

Posibles factores desencadenantes o exacerbantes

Exposición al calor, al sol, al frío o al viento.

Ejercicio físico.

Baños calientes y saunas.

Irritantes químicos.

Estrés y ansiedad.

Comidas picantes.

Alcohol.

Corticoides tópicos.

Alteraciones de la barrera cutánea.

Diagnóstico

El diagnóstico es clínico; sin embargo, debe diferenciarse de otras afecciones como acné, dermatitis seborreica, foliculitis, enfermedades autoinmunes, fotodermatitis y dermatitis de contacto.

Tratamiento

Evitar los factores desencadenantes.

Utilizar protector solar y lentes de sol tanto en invierno como en verano.

Emplear productos hipoalergénicos, cremas descongestivas e hidratantes, y mascarillas de manzanilla o malva.

El metronidazol en gel o en crema ofrece buenos resultados.

En brotes severos con pústulas pueden indicarse tetraciclinas, doxiciclina por vía oral o isotretinoína por vía oral.

Para las telangiectasias, la luz pulsada intensa ha demostrado ser eficaz.

En los casos de rinofima se han obtenido buenos resultados con criocirugía, cirugía y láser.

Conclusión

La rosácea es una afección que impacta significativamente en la calidad de vida. Controlarla es fundamental para mejorar el bienestar de quienes la padecen. Vivir con rosácea puede resultar frustrante si no se comprende la enfermedad o no se recibe un tratamiento adecuado. Sin embargo, con un enfoque médico personalizado y cuidados constantes es posible reducir los síntomas, controlar los brotes y mejorar tanto el confort como el aspecto de la piel.

Es importante destacar el valor del diagnóstico dermatológico. La rosácea puede confundirse fácilmente con otras afecciones cutáneas, por lo que un diagnóstico correcto es esencial. Una valoración dermatológica permite identificar el tipo de rosácea, descartar otras patologías, establecer un plan de tratamiento personalizado y prevenir la progresión de la enfermedad.

Ingresa o suscríbete para leer la noticia completa y todo el contenido del diario.

IngresarPara quienes tienen una suscripción activa o quieren renovarla.SuscribirmePara quienes se suscriben por primera vez.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo no será publicada.


*