Hay un personaje que lo dice en el primer capítulo: “usted se parece a Alain Delon, cuando mataba a mucha gente en las películas y después se ponía a fumar tranquilamente”. ¿Qué tiene que ver Delon con la serie coreana Made in Corea, pues que, justamente, sus dos protagonistas masculinos, el “malo” Hyun Bin y el “bueno”Jung Woo-sung, supieron ser y son además de actores reconocidos en su país, galanes carilindos que saben jugar, como hacía Delon, con esa dualidad de perfección física en contraste con una ambigüedad moral que relativiza todo lo que tienen alrededor.
Pero claro, como uno es el “bueno” y el otro el “malo” (el feo pueden ser varios de los secundarios como el también excelente Roh Jae-Won, que traiciona alternativamente a uno y otro), hay que aclarar que no estamos ante una serie que no profundice en las diferencias entre uno y otro sino todo lo contrario. Porque el personaje que encarna Bin es un alto cargo de la KCIA (la CIA coreana) que pretende, además de subir en los puestos de tal agencia, hacerse millonario contrabandeando metanfetamina entre Corea y Japón. Por otro lado, el fiscal que interpreta Woo-sung tratará de detenerlo por todos los medios. Las razones que tiene uno y otro para hacer lo que hacen es más o menos la misma, los dos vienen de los estratos más bajos de la sociedad coreana de la posguerra (la historia se ubica en la década de los 70) y mientras uno aprende rápidamente que hay que tener poder para sobrevivir y que ese poder solo lo da el dinero, el otro tiene la intención de borrar de la faz de la tierra a todos aquellos que quieran ascender en la sociedad por medios ilícitos.
El choque entonces, es inevitable. Pero lo que realmente enriquece ese inevitable camino al enfrentamiento entre ambos personajes, además de sus propias vivencias, es el panorama a la vez salvaje e implacable que presenta el director Woo Min-ho y los guionistas Park Eun-kyo y Park Joonseok. Acá es cuando se podría leer que en esta historia nadie es inocente y todos son corruptos, pero Min-ho no la pone tan fácil. La diferencia entre quienes son honestos y quienes no es muy simple, si están lejos del poder tienen la posibilidad de no corromperse, pero apenas tienen la posibilidad de acceder aunque sea de lejos, a las “altas esferas”, también tienen la posibilidad de hacer ciertos negocios que de legales tienen menos que cero.
Entonces, que aparezca un fiscal incorruptible es una piedra en el zapato. No deja de ser, sin embargo, la vieja historia de David contra Goliat. El fiscal es un hombre que tiene un grupo de funcionarios que lo seguirán a donde sea, pero ¿será suficiente? La maraña de personajes políticos y de la mafia que aparece en Made in Corea es impresionante, intrincada, puede llegar a ser confusa para quien no esté acostumbrado a un relato de este tipo, pero, qué duda cabe, necesaria para narrar lo que se cuenta.
Cuando tantas veces se habla de parar al narcotráfico aquí y allá, ver este tipo de producciones, por más que se trate de una ficción, de alguna manera ofrece una mirada lúcida y, dentro de todo, realista, que nos dice que la sola voluntad de tratar de guiarse por la senda de lo legal y combatir a los que no lo hacen no alcanza. Hay mucho más en juego.
El director Min-ho ya había filmado una película sobre el tema (The drug king) por lo que habría que suponer que es un ambiente que le interesa y que sabe poner en escena tan bien como otros realizadores más renombrados como Scorsese, Stone o Soderbergh.
Lamentablemente, las ramificaciones que alcanza el tema del narcotráfico siguen siendo de rabiosa actualidad, y una serie como Made in Corea, a la vez que entretiene, da ciertas respuesta a porqué es tan pero tan complicado terminar con ese tan perjudicial y sangriento negocio.
Fabio Penas Díaz


Sé el primero en comentar