Dr. Ricardo Diez: Dolor pelviano crónico (DPC) en la mujer

El dolor pelviano crónico (DPC) es un dolor no cíclico de al menos seis meses de duración, localizado en la pelvis anatómica, la región lumbosacra, las nalgas, la pared abdominal anterior o por debajo del ombligo, y que es lo suficientemente intenso como para provocar incapacidad funcional o motivar la consulta médica.

El DPC puede tener múltiples causas. Puede ser el síntoma de otra enfermedad o constituir una afección en sí misma. Frecuentemente se asocia con consecuencias cognitivas, conductuales, sexuales y emocionales negativas. Afecta entre el 5 % y el 25 % de las mujeres en edad fértil.

Clínica del DPC

El síntoma principal es el dolor, que puede presentarse de formas muy diversas: intenso y constante, intermitente, en forma de punzadas o como una sensación de presión profunda en la pelvis, el abdomen o la región lumbar.

Puede aparecer asociado a síntomas sugestivos de patología del tracto urinario inferior, trastornos sexuales, enfermedades intestinales o patologías ginecológicas, tales como dolor durante las relaciones sexuales, dolor con las deposiciones, dolor al orinar, dolor con determinados movimientos o simplemente aumento del dolor al permanecer sentado.

Causas

Endometriosis: presencia de tejido similar al revestimiento del útero que crece fuera de este.

Antecedentes de abuso sexual.

Enfermedad hemorroidal.

Fisura anal crónica.

Síndrome de atrapamiento del nervio pudendo.

Trastornos musculoesqueléticos, como fibromialgia o tensión muscular.

Enfermedad inflamatoria pélvica: infección, generalmente de transmisión sexual, que puede producir cicatrices y afectar los órganos pelvianos.

Síndrome del remanente ovárico (persistencia de tejido ovárico después de una cirugía).

Síndrome del intestino irritable.

Síndrome de vejiga dolorosa.

Congestión pélvica: dilatación de las venas (várices) que rodean el útero y los ovarios.

Depresión y estrés crónico.

Mala higiene personal.

Cesárea previa.

Sin causa aparente.

Diagnóstico

Historia clínica metódica y completa.

Estudios paraclínicos básicos: examen de orina y urocultivo.

Examen ginecológico completo.

Estudios por imágenes: ecografía, tomografía computarizada y resonancia magnética de pelvis.

Laparoscopía: permite observar los órganos pelvianos y detectar inflamación, infección y otras alteraciones.

Tratamiento

Terapia física y rehabilitación.

Fármacos: analgésicos, tratamiento hormonal y antibióticos, según la causa.

Psicoterapia.

Conclusión

Dada la complejidad del DPC, es prioritario un abordaje multidisciplinario, integral y global. El objetivo del tratamiento es mejorar la calidad de vida y disminuir la intensidad del dolor.

Muchas de las afecciones relacionadas con el DPC pueden controlarse, aunque no siempre curarse. El ejercicio físico, la meditación y las técnicas de relajación guiada o visualización pueden resultar herramientas complementarias eficaces para el manejo de los síntomas.

Banderas rojas

Se consideran banderas rojas los siguientes signos y síntomas, que requieren evaluación médica:

Hemorragia rectal.

Síntomas intestinales nuevos y/o sangrado intestinal en personas mayores de 50 años.

Dolor de nueva aparición después de la menopausia.

Presencia de masas pélvicas.

Ideación suicida.

Pérdida de peso significativa e involuntaria.

Sangrado poscoital.

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