Escribe: Lic. Ps. Yasmin Buono: Cuando la mente deja de luchar y empieza a reorganizarse

En esta época actual, las redes sociales se llenan de frases motivacionales, promesas de transformación inmediata y consejos de dudosos “profesionales” para “cambiar la vida”. Sin embargo, quienes trabajamos clínicamente con personas sabemos que el cambio genuino rara vez ocurre como un instante de inspiración. Más bien es el resultado de un proceso profundo en el que la persona comienza a reorganizar la manera en que interpreta, siente y responde a su propia realidad.

En consulta muchas veces aparecen expresiones como: “entiendo lo que me pasa, pero sigo haciendo lo mismo”. Esa frase resume una diferencia fundamental entre comprender intelectualmente un problema y transformarse. Pensar distinto no siempre significa vivir distinto.

Una buena idea puede generar alivio momentáneo. Leer un libro, escuchar una conferencia o mantener una conversación significativa puede producir una sensación de claridad. Durante algunas horas o algunos días parece que todo será diferente. Sin embargo, con frecuencia la persona vuelve a reaccionar como antes.
No sucede porque le falte voluntad, sino porque el funcionamiento psicológico está organizado alrededor de patrones que llevan años consolidándose. Las emociones, los hábitos, las creencias, la forma de interpretar las situaciones e incluso las respuestas corporales conforman un sistema que busca mantenerse estable.

La mente funciona en red

Desde las neurociencias sabemos que nuestras experiencias no se almacenan de manera aislada. Forman redes de aprendizaje donde se integran recuerdos, emociones, significados, sensaciones físicas y formas automáticas de actuar.

Cuando una persona ha vivido durante años reaccionando desde el miedo, la culpa, la vergüenza o la necesidad permanente de control, esos patrones terminan convirtiéndose en la manera habitual de interpretar el mundo.

Por eso, muchas veces alguien sabe perfectamente qué debería hacer y, aun así, siente que no puede cambiar. No es falta de inteligencia, se configura una organización interna que todavía no se ha transformado.

El objetivo de una terapia no es enseñar respuestas, sino facilitar una reorganización

El trabajo terapéutico profundo busca que la persona construya nuevas formas de comprenderse, de regular sus emociones, de relacionarse consigo misma y con los demás. Cuando ese proceso ocurre, no solamente cambia una conducta, cambia además el modo de percibir la realidad. Por ejemplo, una persona que aprende a poner límites siente, en muchos casos, una disminución de sus niveles de ansiedad.
Quien desarrolla una mayor regulación emocional puede mejorar sus relaciones familiares, laborales y de pareja. Al cambiar paulatinamente la estructura, es como modificar los cimientos en vez de solo pintar las paredes de una casa.

Es un proceso posible que requiere guía, tiempo y dirección

(097352937)

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