Escribe: Lic. Ps. Yasmin Buono: La dimensión invisible de la inseguridad

Días atrás, me impactó una noticia que lamentablemente se reitera a diario en nuestro país.
En un club deportivo de Montevideo, los vecinos pedían mayor seguridad para la zona porque estaban cansados de los robos a los adolescentes que concurren. Al principio me detuve en la noticia, luego comencé a analizarla desde mi profesión y desde esa reflexión escribo esta nota.

Porque no solo se pierden objetos: también puede perderse la confianza, la tranquilidad y la sensación de estar protegidos.

Una noticia que debería hacernos mirar más allá

La preocupación de las familias y de la comunidad es legítima cuando reclaman mayor patrullaje, más prevención y mejores condiciones de seguridad.
Sin embargo, hubo un aspecto que pocas veces aparece en estas situaciones y es pensar en: ¿qué impacto mental y emocional tiene esta experiencia en los jóvenes que la atraviesan? ¿Cuántas veces pensamos en esta dimensión al escuchar las noticias en general?
Cuando escuchaba la nota, las personas hablaban de un robo, se prestó mayor atención a aquello que habían perdido: una mochila, un par de championes, un celular. Pero existe otra pérdida, más invisible y profunda: la pérdida de la sensación de seguridad. Como no se habla, se vuelve silenciosa.

El impacto psicológico de sentirse indefenso

Un episodio de amenaza o violencia puede ser vivido como una experiencia disruptiva. No se trata solamente de lo que ocurrió, sino de cómo su sistema nervioso interpretó ese momento. Además interactúan otras variables, si estaba solo o acompañado, si logró contarlo y si al hacerlo fue escuchado, tenido en cuenta y respetado. Como psicóloga especializada en trauma, querido lector, transmito que importa saber que sentirse vulnerable, estar solo frente a una amenaza o percibir que no hay protección, puede dejar una huella psicológica profunda en la red de memorias de la experiencia de la persona. Algunos individuos pueden transitar dentro de cierta calma, aunque otros, pueden comenzar a sentir miedo al salir, evitar determinados lugares, estar más alerta de lo habitual o cambiar rutinas que antes formaban parte de su vida cotidiana.
Desde la psicología del trauma sabemos que una experiencia difícil no siempre termina cuando termina el evento. Muchas veces continúa reviviéndose en forma de pensamientos, imágenes, emociones, sensaciones, creencias y reacciones corporales.

La seguridad también se construye desde la salud mental

La seguridad no debería medirse únicamente por la cantidad de delitos denunciados o por los objetos robados o recuperados. También debería incluir la pregunta: ¿cómo quedan las personas después de atravesar esas situaciones? Las experiencias de inseguridad pueden afectar la forma en que una persona se relaciona con el mundo.

Una responsabilidad de toda la comunidad

Necesitamos políticas de seguridad eficaces, pero también necesitamos una comunidad preparada para acompañar emocionalmente a quienes viven estas experiencias. Los clubes deportivos, las familias y las instituciones educativas pueden ser y muchas veces son espacios fundamentales para escuchar, contener y detectar cambios que indiquen que un adolescente no está pudiendo elaborar lo ocurrido.
Hablar de salud mental significa estar atentos y comprender el problema de la inseguridad en toda su dimensión.

(097352937)

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