“Farmear aura” es la frase que más se repite este mes entre adolescentes y jóvenes en TikTok —una red social donde se comparten videos cortos— y que ya se trasladó de las pantallas a las plazas de varias ciudades de América Latina. Para quien no usa redes sociales, la explicación más simple es esta: es un juego de palabras que combina un término de los videojuegos (“farmear”) con un concepto que la generación más joven usa para hablar del carisma o la actitud de una persona (“aura”).
Qué significa cada palabra
“Farmear” viene del inglés “to farm” (cultivar, cosechar) y se usa desde hace años en videojuegos como League of Legends: describe repetir una tarea una y otra vez para acumular puntos, recursos o experiencia y así hacer más fuerte a un personaje.
“Aura”, en este uso, no tiene relación con el sentido esotérico de la palabra. Para los adolescentes de hoy, el aura es una especie de energía o estilo personal: la mezcla de seguridad, carisma y presencia que una persona proyecta ante los demás.
Unir ambas palabras dio como resultado una forma de hablar en la que las actitudes de alguien “suman” o “restan” puntos, como si existiera un marcador invisible. Decir que alguien “ganó mil de aura” equivale a decir que hizo algo que impresionó o dio seguridad; decir que “perdió aura” equivale a decir que pasó vergüenza o cometió un error torpe.
De dónde salió
El fenómeno tiene un origen concreto: a mediados de 2025 se viralizó en TikTok un video filmado en Indonesia, en el que un niño de 11 años bailaba de pie en la proa de una canoa durante una fiesta tradicional, con gestos serenos pese al movimiento del agua. Los usuarios de internet empezaron a repetir e imitar esa escena —incluidos deportistas y celebridades internacionales— como sinónimo de tener “aura”: actuar con seguridad total incluso en una situación incómoda. De ahí en más, el término se extendió a cualquier gesto, pose o frase que transmita esa misma sensación de carisma sin esfuerzo.
Antes fueron los “therian”…
“Farmear aura” no apareció de la nada: llegó apenas unos meses después de que se apagara otra moda adolescente, la de los “therian” —jóvenes que en TikTok afirmaban identificarse mental o espiritualmente con un animal, al punto de reunirse en plazas para desplazarse en cuatro patas, con colas y orejas postizas— (una suerte de evolución, o involución, del ambiente TikTok y de una generación que parece necesitar cada vez más un código propio para diferenciarse). Aquel fenómeno, que tuvo fuerte presencia en Argentina desde 2023, generó desconcierto entre adultos y debate entre psicólogos sobre hasta qué punto se trataba de un juego identitario o de una señal de malestar adolescente.
Medios de la región ya marcaron esa continuidad: “después de los therians, un nuevo código nacido en internet se instala entre los más jóvenes”, señaló el sitio argentino La Opinión al analizar el nuevo fenómeno. La observación de fondo es que las modas juveniles en TikTok se suceden cada vez más rápido —apenas una empieza a perder fuerza, otra ocupa su lugar— y que, a diferencia de los therian, “farmear aura” no quedó solo en los videos: se trasladó directamente al espacio público a través de las “batallas” callejeras; algo así como ver quién se “pavonea” mejor, en onda “generación Z”. Para especialistas consultados por esos medios, ambos fenómenos comparten una misma lógica de fondo: adolescentes que construyen identidad y pertenencia a partir de códigos nacidos en internet, y que necesitan volverlos visibles fuera de la pantalla para que tengan valor dentro del grupo.
De las pantallas a la calle
En las últimas semanas, el juego pasó de las redes a la vida real: en varias ciudades de Argentina, Perú, Bolivia, Paraguay, Ecuador y México se organizaron “batallas de farmear aura” en plazas públicas, donde grupos de jóvenes compiten mostrando bailes, poses y gestos frente a un público que aplaude o abuchea según el resultado. Algunos de estos encuentros convocaron a cientos de personas y generaron videos con millones de reproducciones. En al menos un caso, en Mar del Plata, Argentina, una de estas reuniones terminó con un ataque a piedrazos contra los participantes, lo que puso en discusión los riesgos de este tipo de convocatorias masivas organizadas por redes sociales sin control previo.

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