Uruguayos campeones

El presidente del Banco Central del Uruguay, Guillermo Tolosa, aprovechó su conferencia en el marco de las jornadas de economía que organiza la institución para transmitir varios mensajes interesantes. Una hora y dos minutos le alcanzaron para afirmar que los uruguayos somos extremadamente conservadores, miedosos, financieramente cortos de vista, y a la vez los campeones de América en estabilidad financiera. Los datos parecen darle la razón.
El planteo con el que abrió la presentación fue la tan vigente discusión sobre por qué Uruguay crece lento, de quién es la culpa de que el país tenga un crecimiento marginal, por más que crecimiento al fin. Entre las razones que citó como explicación, situó las decisiones financieras de los uruguayos. “Cómo ahorramos, cómo nos endeudamos, lo que invertimos: por debajo de esos números, esas decisiones financieras hablan de nosotros mismos. Hablan de cómo interpretamos la realidad, cómo imaginamos el futuro, hablan de nuestra cultura, hablan de los valores que tenemos”, planteó, antes de ingresar en un análisis de las carteras financieras de los uruguayos. “En Uruguay, aproximadamente el 70 u 80% de los activos financieros son depósitos”. En otros países emergentes, como Rumania o Chile, esa cifra se sitúa en el 30 o 40%. “En los países avanzados es aún menor”, dijo. Pero además, dentro de estos depósitos, el uruguayo elige “depósitos que no cambian de valor, digamos, que son ‘seguros’, y nos exponemos relativamente poco, comparado con otros países, a opciones que tengan más retorno y algo más de riesgo”. Es decir, el ahorro de los uruguayos está en cajas de ahorro o cuentas corrientes que no generan interés. “Alrededor del 80% de los depósitos en el año 2024 estaban a la vista, con la mayor liquidez posible”. Y además, en dólares.
Viene al caso recordar en este punto la prédica cuasi obsesiva de Tolosa por la pesificación de la economía uruguaya, una de las más dolarizadas del mundo, según el propio presidente del BCU. “Más del 70% de los depósitos de los uruguayos están en dólares, allá arriba, con Congo, Camboya y Nicaragua. Esto incluye países que tienen inflación bastante más alta que Uruguay”, dijo, refiriéndose a economías en las que el dólar verdaderamente actúa como refugio frente a la variabilidad de la moneda local. Lo curioso del caso es que, siempre según los datos presentados por Tolosa, “los extranjeros que invierten en Uruguay ganan 5%”, mucho más que el rédito que obtienen los uruguayos por sus ahorros, que estimó en un promedio de 1,6%. “Quiere decir que tenemos en nuestras narices activos que rinden con tasas de interés muy interesantes, pero preferimos invertir en opciones conservadoras, con muy pocos retornos”.
Agregó que los uruguayos “depositan una cifra inusualmente alta, en la comparativa internacional, en bancos públicos”, con lo que “sienten alivio no solo por darle su dinero a un banco, sino porque está el Estado todoprotector detrás de esos depósitos”. También, dijo, sienten alivio “con una proporción completamente desproporcionada a nivel internacional de sus activos en ladrillos”, activos que, según describió, no dependen de la confianza: “los puede ver, los puede tocar, son tangibles”. También afirmó que la mitad de los uruguayos “dice tener efectivo en su propia casa, de forma que le da alivio poder tocarlo y no depender del sistema”. Del mismo modo, aseguró que las empresas uruguayas son “particularmente cautas” y que la inversión en el país en los últimos diez años “es de las más bajas del mundo”, lo que refleja una “actitud igualmente ultraconservadora” de los empresarios, aunque reconoció que hay “otros factores que explican estas tendencias”. Todos estos datos, estos resultados, “hablan de quiénes somos; estos resultados gritan quiénes somos y qué creemos los uruguayos”, y afirmó que detrás de ellos “hay un factor que atraviesa todas las decisiones, y ese factor es el miedo”.
Este miedo, dijo, traducido en estas “opciones conservadoras, de refugio, de terror a la pérdida”, termina generando “costos muy altos para los uruguayos, para sí mismos y para la sociedad”: por ejemplo, al renunciar al interés de esos depósitos y al hacerlo, además, en dólares. “En los últimos 30 años los uruguayos perdimos la mitad del poder adquisitivo que teníamos (…). Los uruguayos tenemos un árbol que quiere crecer, pero por protegerlo no lo dejamos crecer”, resumió.
La conferencia en su totalidad es sumamente interesante por los datos que presenta y por el análisis que transmite el presidente del Banco Central; es recomendable verla (y quien lo desee puede hacerlo siguiendo el código QR). En su repaso, Tolosa definió características recientes de la economía nacional, elementos que hacen al “buen clima”. Desde 2003, dijo, “ya van 23 años que está conduciendo una obra de ingeniería y blindaje, de fortalecimiento de cimientos, con apertura económica que ha sido, creo, ejemplar en el mundo”. A modo de ejemplo, señaló que Uruguay ha bajado su dolarización de la deuda pública de casi 90% a 45%. Fruto de este proceso de derisking (reducción del riesgo), “Uruguay absorbe los shocks externos, y todas las recesiones (en Uruguay) empiezan con un choque externo”.
Para el jerarca, este temor a asumir riesgos es fruto de viejos resquemores, de cicatrices de situaciones pasadas que costaron mucho. Y no solo costaron plata: costaron vidas. Hablar del quiebre de la tablita, en noviembre de 1982, o de la crisis de julio de 2002, para muchos son, más que cicatrices, heridas aún abiertas, porque muchos sufrimos incluso la pérdida de familiares en aquellas tristes circunstancias. De allí que no se pueda culpar del todo a quienes, habiendo atravesado esas dolorosas situaciones, sientan todavía, tantos años después, cierta desconfianza respecto a dónde poner su dinero. ¿Es justificado? Tal vez no del todo, como sugiere Tolosa. Pero tampoco es plenamente reprochable, y más aún después de ver cómo miles perdieron en los últimos años la totalidad de sus ahorros en un negocio que se suponía seguro y rentable, como los ya tristemente célebres fondos ganaderos. Es de reconocer que se trataba de una actividad que no estaba supervisada por el Banco Central, gracias a una estrategia de quienes llevaban adelante el fraude, y hay incluso una primera sentencia judicial que responsabiliza al Estado por la omisión en la supervisión de esta actividad —aplicable solo a algunos de los casos—, pero que, de confirmarse, podría sentar un precedente. Veremos.

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