El Informe Presme (Pro Educación y Salud Mental) del Ministerio de Trabajo y Economía Social de España del año 2025 ofrece un análisis integral de la relación entre precariedad laboral y salud mental en ese país, en el contexto de una policrisis global.
1. Introducción
En palabras de Yolanda Díaz (vicepresidenta segunda del Gobierno de España y ministra de Trabajo y Economía Social) “durante demasiadas décadas, en nuestro país, la salud mental ha sido un tabú perteneciente a la vida privada de las personas, algo que expulsar a los márgenes de la conversación pública, algo de lo que se ocupaban los especialistas y sus pacientes, un sufrimiento que se vivía en privado y se trataba en solitario, muchas veces con pastillas, silencio y una dosis extra de mirar para adelante. Y la salud mental es mucho más que un problema individual: es un problema de salud pública y de derechos laborales. El informe dice, de hecho, que terminar con la precariedad laboral puede evitar hasta 170.000 casos de depresión al año. (…) La salud mental, que no es sino tener vidas vivibles, debe ser un derecho de todos, no el privilegio de unos pocos. No se trata únicamente de tener más psicólogas y psicólogos o una mejor atención primaria, porque ninguna terapia arregla el hecho de no llegar al final de mes”.
2. Precariedad
Para este documento, “combatir la precariedad laboral y sus efectos en la salud mental de la población requiere promover un modelo laboral más democrático, saludable y sostenible, además de intervenciones (incluyendo políticas, legislación e inspección) más eficaces y mejor gestionadas y evaluadas. (…) La precariedad del empleo genera un gran sufrimiento psíquico, y éste, a su vez, trastoca no solo el ámbito laboral, sino que sus perniciosas consecuencias se terminan extendiendo a todos los ámbitos de la vida. Por ejemplo, entre quienes sufren trastornos mentales, la probabilidad de estar desempleado aumenta entre dos y tres veces respecto a quienes no los tienen. Entre quienes padecen trastornos mentales y finalizan su contrato o abandonan el trabajo, más de la mitad tiene serias dificultades para reincorporarse al mundo laboral, y gran parte de quienes lo logran ven empeorar sus condiciones de trabajo y sus salarios”.
3. Trabajo doméstico y cuidados
“El trabajo doméstico y de cuidados ha sido siempre esencial para el sostenimiento de las sociedades, haciendo posible la reproducción de la vida humana. Sin embargo, ha sido sistemáticamente infravalorado e invisibilizado por el sistema patriarcal, causando enormes perjuicios tanto para las personas con necesidades de cuidado como para las mujeres que, de una forma desproporcionada y precaria, han sido relegadas a ejercer de cuidadoras. (…) Los roles de cuidado tienen un papel crucial en las desigualdades de género en la precariedad laboral, ya que uno de los principales factores detrás del mayor número de mujeres en trabajos precarios es la cantidad desproporcionada de tiempo que dedican al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado y, en gran medida, no reconocido, un hecho que también afecta a su posición en el mercado laboral e incrementa la discriminación laboral. Las mujeres suelen ser socializadas para cuidar de los demás, de manera que, cuando hay una necesidad de cuidado en la familia, algunas abandonan o reducen su presencia en el mercado laboral, para cuidar tanto de la infancia como de las personas en situación de dependencia en el hogar. Además, con el fin de compaginar vida laboral y familiar, a menudo eligen puestos de trabajo cercanos al domicilio o a tiempo parcial, aunque sean precarios, priorizando el cuidado de la familia por encima de la calidad del trabajo. A pesar de que en ambos sexos alrededor de la mitad de las personas que trabajan a tiempo parcial señala que la razón es no haber podido encontrar un trabajo a tiempo completo, las obligaciones familiares y, sobre todo, el cuidado de menores o de personas adultas con alguna enfermedad o discapacidad es cinco veces más frecuente en las mujeres. Inversamente, la proporción de hombres que dicen hacerlo por razones de formación es casi el doble que la de mujeres. (…) Todo ello refuerza la mayor tendencia femenina al abandono del mercado laboral cuando se presentan necesidades de cuidado en el seno familiar o al empeoramiento de las condiciones de empleo, creando un círculo vicioso de desigualdad. Sirva como ejemplo de esto último la situación de las personas cuidadoras principales que cuidan de manera informal de personas en situación de dependencia que residen en su mismo hogar.”
El informe destaca, asimismo, que “según la Encuesta nacional de discapacidad, autonomía personal y situaciones de dependencia, en España el 56,7% de los cuidadores y el 52,7% de las cuidadoras principales durante los últimos 6 años reportaron problemas de salud mental como depresión (24,4%), cansancio (44,4%) y un deterioro generalizado de su salud que incluía problemas musculoesqueléticos y dermatológicos derivados de su rol de cuidadores/as. Resultados de estudios internacionales sobre cuidadores/as informales de personas dependientes, principalmente por demencia o enfermedades crónicas, han encontrado un mayor riesgo de morbilidad y mortalidad en este colectivo.”
4. Riesgos psicosociales
“Los riesgos psicosociales más reconocidos son, entre otros, el estrés, la violencia y el acoso en el trabajo. El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (Insst) de España apunta al estrés, la depresión o la ansiedad como el segundo problema de salud más importante relacionado con el trabajo reconocido por las personas trabajadoras, seguido del dolor óseo, articular o muscular”.
5. Informalidad y salud mental
En línea con todo lo mencionado, se señala que “no es de extrañar que las personas trabajadoras informales presenten peor salud mental. Incluso convivir en un hogar en el que un miembro de la familia cuenta con trabajo informal se ha asociado con una peor salud de las personas dentro del hogar, independientemente de la propia situación laboral. El perfil de las personas trabajadoras con contratos informales está caracterizado por mujeres, con menor formación y/o con alguna discapacidad. Por supuesto, también se caracteriza por la presencia de migrantes irregulares que, además de los bajos ingresos y la inseguridad, se exponen a quedar excluidos de los sistemas de protección social”.
Dr. Rodrigo Deleón



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