Encuentran texto del dramaturgo Ernesto Herrera en Paysandú

Encontrar una carta, o más bien un pensamiento manuscrito y original que date de hace más de un siglo puede ser algo muy particular. Pero que ese texto además esté firmado por una personalidad de la cultura nacional y que, además, exprese un pensamiento que bien podría describir el mundo actual, da una importancia nada habitual al hallazgo. Esto hasta puede parecer inventado, pergeñado por algún inventor de historias. Sin embargo realmente sucedió y aquí mismo en nuestra ciudad hace unos pocos días.

Todo comenzó debido a la pasión libresca de Eduardo Harguindeguy, una persona que dedica sus ratos libres a navegar, o más bien bucear, en la web en la búsqueda de libros. Su principal interés es la Historia, pero esa misma búsqueda lo ha convertido también en una autoridad local respecto a lo que tiene que ver con ediciones de todo lo que tenga que ver con tomos y hasta enciclopedias con información sobre diversos temas. La política, la sociedad, la navegación, los trenes, los descubrimientos, todo cae en el afanoso interés de Harguindeguy. No faltará quien objete que, para todo eso ya tenemos internet, pero cualquiera que visite su casa y vea los libros que ha conseguido a través de las décadas, no podrá negar que, como bien se dice, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

Harguindeguy sabe también que a la misma Historia se la interpreta de diversas maneras a través del tiempo y ese detalle no deja que se le escape quién y por qué escribió y publicó tal cosa en tal año. Para cualquier interesado en los libros y la Historia esto ya sería más que suficiente para una nota periodística, pero, como adelantábamos, pasó algo más.

Un siglo abreviado

Y lo que pasó es que hojeando uno de los libros que recientemente había comprado (vía internet, hay que decirlo) se descolgó de él un papel. En los libros antiguos es común que eso pase y lo primero que pensó este coleccionista sanducero fue que una hoja se había desprendido. Sin embargo se trataba de otra cosa.

Era una página manuscrita que nada tenía que ver con el libro en cuestión. Y no era un texto firmado por cualquiera, sino por Ernesto Herrera. Tal vez hoy su nombre no diga nada a la mayoría de los lectores, pero en las primeras décadas del siglo XX Herrera fue considerado por varios como el “sucesor” de Florencio Sánchez. Dramaturgo y periodista, fue toda una personalidad de la cultura que, entre otras cosas, tuvo el honor de ser el autor de la primera obra representada por la Comedia Nacional; El león ciego, que luego fue puesta en escena muchísimas veces y que, durante décadas representó como casi ninguna otra creación uruguaya los bemoles del caudillismo.

Pero Herrera además de dramaturgo y periodista era un conferencista requerido y, en 1915 estuvo en nuestra ciudad para dar una charla sobre la filosofía utilitaria, en el para entonces Liceo Departamental. En esa estadía escribió el texto encontrado ahora.

Es solo una carilla y si ya es curiosa su mera aparición a 111 años de su escritura, su contenido lo convierte en una especie de cápsula del tiempo. Porque en él Herrera no habla de literatura ni de política, y menos de filosofía, sino de sus impresiones de los adelantos del tiempo que le tocaba vivir. Dice, por ejemplo que si bien la humanidad ha “medido el espacio, dominado el mar y conquistado el aire”, son progresos que no ocultan que “nos hemos olvidado de lo más fácil que presenta en este caso el pequeño inconveniente de ser fundamental, nos hemos olvidado de nosotros mismos”.

Hay que tener en cuenta que muchos de los “adelantos” de los que habla el autor en ese pensamiento, inclusive citando algunos como el telescopio, la locomotora o el telégrafo, para el primer tramo del siglo XX aún eran vistos como novedades; eran, de alguna manera, la inteligencia artificial del momento, por decir algo de lo que ahora hablamos como un aporte tecnológico que, se supone, llegó para cambiar el mundo como lo conocemos.

Pero Herrera desconfiaba. “Hemos conseguido disciplinar todo lo exterior a las leyes matemáticas de la lógica y nos encontramos fuera de ellas sin explicarnos cómo”, escribe en otro pasaje. Y, por supuesto plantea que todo lo que se había hecho hasta el momento era “lo fácil” ya que lo más complicado era, justamente, encontrarse con el ser humano debajo de ese andamiaje de progreso imparable.

Concluye diciendo que “¡el hombre es el único borrón del siglo de las luces!”, en una especie de llamamiento a la búsqueda de lo intrínsecamente humano que parecía verse amenazado por, ya que estamos, la piqueta fatal del progreso.

Texto y mensaje

A estas alturas muchos podrán ver como casi infantil el pensamiento de Herrera, pero no se puede negar que detrás de esa simpleza hay una actualidad imposible de esquivar. Lo que escribió hace más de un siglo puede perfectamente adaptarse a lo que muchos piensan hoy en día sobre muchos de los avances tecnológicos que, en vez de conectar al hombre consigo mismo y los demás, lo desconectan de prácticamente todo. Un mensaje simple que sin embargo perdura a través de las décadas gracias al talento para escribir de una personalidad mayor de nuestra cultura como era Herrera.

De haber sido “solamente” dramaturgo e intelectual no hubiese dejado plasmado en tan pocas palabras lo que muchos pensaban y sentían sobre lo que vivían a principios del siglo XX. Pero Herrera también era periodista y, si había que ser conciso, sabía perfectamente cómo.

Y ante la pregunta de si aquí lo que importa es más el texto o el mensaje que quiere dejar, se podría decir que se esté de acuerdo o no con lo que dice, no deja de tener su peso la visión humanista, por más simple que sea. Sin embargo, la forma en que apareció en nuestra ciudad y que haya perdurado tanto tiempo también tiene su importancia fundamental.

Ese texto, si vamos a los hechos duros, viajó a través de un siglo y pico por haber sido escrito en papel. Hoy podríamos escribir lo mismo en un mensaje en la web que llegaría a existir ¿cuánto tiempo? Los minutos que se puede demorar en leerlo y basta.

Sin saberlo, Herrera, al no tener más remedio que escribir su mensaje en papel, estaba dejando en el propio medio que utilizó para comunicar su pensamiento lo más poderoso de su mensaje.

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