Buenos Aires (Por Horacio R. Brum).- En 1983, cuando este corresponsal llegó a Londres para trabajar con la BBC, los colegas especialistas en análisis político no tenían dudas: Margaret Thatcher había obtenido su segundo período de gobierno gracias a la victoria, el año anterior, en la guerra de las Malvinas. Hasta la invasión del archipiélago organizada por la dictadura militar argentina, una gran parte de la población comenzaba a rechazar los planes neoliberales de la primera ministra para reducir el sistema del Estado benefactor y privatizar las principales empresas nacionales. La respuesta enérgica de la Sra.Thatcher, al enviar una flota a restaurar el control británico de las Falkland/Malvinas despertó en sus conciudadanos un nacionalismo unificador, aunque hubo quienes juzgaron a la gobernante con una frase célebre de Samuel Johnson, el gran intelectual del siglo XVIII: “El patriotismo es el último refugio de un bribón”.
El 30 de marzo de 1982, una multitud organizada por la Confederación General del Trabajo (CGT) argentina para protestar por el deterioro de la economía fue brutalmente reprimida en la Plaza de Mayo, por la dictadura que encabezaba el general Leopoldo Fortunato Galtieri. 48 horas más tarde, las masas enfervorizadas aclamaron en el mismo lugar a Galtieri y sus cofrades, tras el anuncio de la “recuperación” de las Malvinas. La guerra atrasó varias décadas el trabajo diplomático con Gran Bretaña, provocó la creación por ésta de una base en las islas, de importancia estratégica para controlar el acceso a la Antártida y las rutas de navegación Atlántico-Pacífico por el cabo de Hornos, y reforzó el deseo de los isleños de no tener ningún vínculo con Argentina. Carlos Menem intentó un acercamiento amistoso, pero con los gobiernos kirchneristas la situación empeoró, porque la Casa Rosada optó por una actitud agresiva, con la pretensión de que América Latina aislara a la comunidad isleña. En 2011, el Mercosur aprobó una declaración para prohibir el ingreso a sus puertos de naves con el pabellón de las Falkland/Malvinas, que hasta la fecha ha tenido escaso impacto.
Agosto estaba terminando mal para el gobierno de Javier Milei; la inflación parecía controlada, en el 1,7% mensual, pero la canasta de los pobres había aumentado en 2,8% y una familia debía tener un ingreso de 1.000 dólares para no caer en la pobreza. Peor estaban los jubilados, quienes, según la Defensoría de la Tercera Edad, necesitaban casi 1.200 dólares por persona para cubrir las necesidades esenciales, cuando cuatro millones de pasivos ganan alrededor de 280 unidades de la divisa estadounidense. Por otra parte, la impopularidad del presidente iba en camino al 60% y no existían signos de una recuperación real de la economía para el ciudadano común y corriente.
El último día del mes, Milei se aferró a una de las tantas vaguedades de Donald Trump, para ganar un respiro. Consultado por un periodista británico sobre si podría retirar su apoyo a Gran Bretaña en el diferendo con Argentina por las Malvinas, el jefe de la Casa Blanca solamente dijo que siempre revisaba sus posiciones. Al parecer, el tema surgió a raíz de unas afirmaciones del diario londinense Daily Telegraph, alineado editorialmente con el Partido Conservador, en el sentido de que Washington podría tomar esa medida de presión al gobierno laborista para el aumento de su gasto en defensa, como integrante de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). En resumen, la cuestión de las islas del Atlántico Sur fue una carta usada por el mandatario estadounidense en su juego con Londres y la alianza militar europea, que no se han mostrado muy dispuestos a apoyarlo en aventuras bélicas como la de Irán.
Javier Milei y su equipo prefirieron creer en otra ayuda de Trump, similar al salvataje financiero del año pasado, y el 3 de este mes, después de varios días de crear un clima de expectativa, el presidente recurrió a la cadena nacional para anunciar un conjunto de medidas destinadas a asfixiar la economía de los isleños, que actualmente marcha bastante mejor que la de los argentinos, con un ingreso per cápita de aproximadamente 60.000 dólares anuales. La Casa Rosada intenta disuadir mediante sanciones económicas a las empresas que buscan petróleo y pescan en los mares malvinenses con licencias otorgadas por las autoridades de Puerto Stanley. La dificultad para lograr ese objetivo está en que la globalización ha creado un entramado de vínculos empresariales que trascienden las fronteras nacionales, lo que quedó patente cuando los medios argentinos divulgaron que Eduardo Elsztain, uno de los principales empresarios nacionales y firme simpatizante de Milei (a quien alojó en su lujoso hotel Libertador durante la campaña de las elecciones presidenciales), tiene acciones en el grupo propietario de la Falkland Islands Company (FIC), que es la mayor empresa proveedora y de servicios de las Malvinas/Falkland. También se supo que la compañía petrolera israelí que opera en el mar de las islas está vinculada mediante paquetes accionarios a Mercado Libre, propiedad de otro partidario del mandatario argentino: Marcos Galperin, el hombre más rico del país y “exiliado tributario” en Uruguay.
Milei es un admirador confeso de Margaret Thatcher, al extremo de que alguna vez tuvo el retrato de la Dama de Hierro sobre su escritorio presidencial. Thatcher fue una enérgica apologista del pasado imperial británico, pero el presidente afirmó que Gran Bretaña va “en un camino de declive”. Lo mismo que imaginaron los militares de la dictadura, cuando creyeron que un “imperio decadente” no estaba en capacidad de defender las islas. Otro error compartido con la dictadura es el de apostar al apoyo de Washington, porque Argentina –al decir de Milei–, es “un socio confiable, alineado con los valores occidentales”. En 1982, el régimen militar se declaraba defensor de la civilización “occidental y cristiana” y por ello dio por descontado el respaldo estadounidense. Estados Unidos hizo de mediador inicialmente, pero cuando sus gestiones no progresaron, se volcó al bando británico y permitió el uso del arsenal de la OTAN para atacar a la Fuerza Aérea Argentina.
Si el equipo de propaganda de la Casa Rosada contaba con que el discurso malvinero distrajera la atención de los problemas acuciantes de la ciudadanía, el plan falló, porque las encuestas siguen indicando el descenso de la aprobación al gobierno. Por otra parte, hasta los veteranos de la guerra rechazaron el discurso, con algunos calificándolo de maniobra para ganar votos para las elecciones presidenciales del año próximo. El ex combatiente y periodista Marcelo Rosasco resumió así la opinión de los veteranos: “Hay un año electoral, necesita apoyo, las encuestas no le dan bien y el tema Malvinas es un tema transversal … un tema que une a los argentinos … hay una cuestión de especulación política”. Rosasco también habló de la falta de una búsqueda de apoyo en la región, con una mención específica: “Uruguay … tiene una alianza incondicional con los habitantes de las islas. En la feria de la Rural que empieza ahora, el estand más grande es el de Reino Unido y ahí el más importante es el de las islas Malvinas”. Esta declaración antecedió por casi una semana a la nota de tono intervencionista con la cual la embajada argentina en Montevideo pretendió que no hubiera contactos oficiales con los representantes de las Falkland/Malvinas en la Rural del Prado, lo que dio lugar a otras especulaciones en la opinión pública argentina sobre el oportunismo en el manejo de lo que aquí se denomina usualmente “la causa Malvinas”.
Aunque en el siglo XIX Buenos Aires mantuvo la disputa confinada al ámbito diplomático, el uso político del asunto de las Malvinas puede remontarse a la década de 1930, cuando Argentina era estrechamente dependiente de las inversiones británicas. En 1936, el vicepresidente de la República fue a la capital británica poco menos que a implorar que Gran Bretaña mantuviera las compras de carnes, ante la posibilidad de que esas importaciones se trasladaran a miembros del Imperio, como Canadá y Australia. Un acuerdo que aumentó las ventajas a las empresas británicas en Argentina fue rechazado por los sectores nacionalistas, los cuales tuvieron en las Malvinas una bandera a mano para atacar la relación de dependencia. En 1938, el periodista Juan Carlos Moreno, con el auspicio de una Junta de Recuperación de las Malvinas, publicó el libro Nuestras Malvinas, el resultado de un viaje de investigación de varias semanas a las islas. Entre sus conclusiones, Moreno afirmó: “Hay quienes piensan en la conveniencia de medidas radicales… de una invasión por sorpresa, con el apoyo o sin el apoyo de las fuerzas navales. Esta es una actitud aventurada y destinada a fracasar… La situación internacional exige procedimientos más realistas”.
Esas palabras resultaron proféticas en 1982, pero la obra de Juan Carlos Moreno también marca el punto a partir del cual la población argentina ha sido estimulada para considerar el tema de las Malvinas con un fuerte componente emocional. Los escolares recitan poesías y cantan canciones alusivas y en el fútbol, cada partido con Inglaterra es una sublimación de la guerra perdida, como se vio en el último Mundial.
Si bien a lo largo de los años hubo algunos intentos de establecer procesos diplomáticos serios para la recuperación de la soberanía, la tentación de los gobiernos de hacer capital político mostrando diversas formas de “mano dura” es muy poderosa. Ella llega a la negación de la identidad y la cultura de los isleños, que oficialmente son denominados “pueblo implantado” y “usurpación” es la palabra que incluso los periodistas moderados emplean para referirse a los hechos de 1833.
El título de esta nota parafrasea el del libro: Unas islas demasiado famosas, publicado por el historiador Federico Lorenz en 2013, quien a su vez tomó un verso de un poema de Jorge Luis Borges referido a la tragedia de la guerra. Lorenz es una de las pocas voces que llaman a tratar el asunto de las islas con espíritu crítico y su afirmación de trece años atrás vale para el presente: “…muchos piensan Malvinas simplemente en el plano interno … prestando atención sólo al rédito que agitar esa bandera puede darles”.


