En distintas oportunidades, agencias del Poder Ejecutivo han seleccionado a Paysandú y otros departamentos del litoral como lugares para instalar proyectos de desarrollo tecnológico o de innovación, con la finalidad de contribuir a transformar la matriz productiva del Interior incorporando tecnología o valor agregado.
En esta línea se inscribe el plan piloto del Ministerio de Industria, Energía y Minería, del cual dimos cuenta en la edición de la víspera, y que pretende “generar capacidades locales” para desarrollar proyectos de innovación y facilitar el acceso al financiamiento, en el entendido de que, como señaló la responsable de la Unidad de Políticas de Innovación del referido ministerio, Gabriela Schroeder, “Uruguay es un país ultracentralizado” y el Interior tiene una participación reducida en proyectos de este tipo.
Sin embargo, suelen tratarse de iniciativas de corto alcance que, una vez corrido el celofán de las buenas intenciones e incluso de la propaganda gubernamental, dejan al descubierto la imagen de una estructura débil. Los “programas piloto” o “hubs” en general carecen de asignaciones presupuestales significativas, quedando reducidos a talleres de capacitación, seminarios de emprendedurismo y fondos de capital semilla que por lo general apenas alcanzan para financiar prototipos sin escala ni mercado.
Estas políticas de descentralización sin presupuestos reales pueden ser percibidas incluso como intervenciones cosméticas de bajo impacto, más allá de las fotos de inauguración y algunos titulares referidos al compromiso territorial o la descentralización. Mientras tanto, se siguen necesitando inversiones de largo alcance, exoneraciones tributarias, zonas francas o parques industriales reales, que suelen ubicarse a escasos kilómetros de Montevideo.
Es muy difícil —si no imposible— construir ecosistemas de innovación a través de charlas y seminarios. Es casi un espejismo irresponsable. ¿Cómo pensar en reconversión tecnológica o transformación de la matriz productiva con esos instrumentos y sin políticas industriales que incentiven la radicación de empresas de base tecnológica?
Es verdad que no siempre hay que mirar para afuera y que las realidades locales también importan, pero la experiencia internacional dice que para desarrollos reales se necesitan buenos instrumentos: exenciones fiscales a largo plazo, subsidios a la contratación de mano de obra calificada local y descentralización en las propias compras públicas.
Muchas familias de esta región del país hacen un esfuerzo enorme para formar profesionalmente a sus hijos. La sociedad en su conjunto también invierte en las formaciones que se dan en forma gratuita en instituciones como la Universidad de la República, UTU y UTEC en el litoral del país, que representan algunas de las conquistas sociales y educativas más democratizadoras de las últimas décadas en el Interior del país.
Sin embargo, si contrastamos con el mercado laboral regional, es posible advertir una profunda contradicción. ¿Acaso no es una injusticia que, luego de formar a estos jóvenes profesionales y sacarse la foto de graduación, muchos tengan que continuar emigrando para poder trabajar en lo que estudiaron? Es necesario que exista también en esta región del país un entramado empresarial privado y políticas públicas locales de absorción de esa “materia gris” que puede generar valor y crear riqueza desde aquí.
Sin embargo, no se avizora en el escenario local algún tipo de respuesta conjunta desde los departamentos del litoral que, por el contrario, suelen continuar disputándose inversiones, radicación de sedes de organismos y proyectos sin —aparentemente— haber comprendido aún que el eje geopolítico del río Uruguay tiene los mismos problemas socioeconómicos y ha padecido el mismo centralismo montevideano. Y, en esa competencia que no mira la región con perspectiva estratégica y de largo plazo, lamentablemente, la suma siempre da cero.
Quienes desde el escepticismo argumentan que un bloque regional del litoral es una utopía están olvidando ensayos relativamente recientes. Por ejemplo, el Corredor de los Pájaros Pintados constituyó una prueba de que, cuando los departamentos del litoral del río Uruguay logran superar el caudillismo local y trabajan en bloque, la región eleva su perfil.
Es verdad que la experiencia duró poco y se prefirió desmantelar o dejar morir en la inercia burocrática la integración regional alcanzada. Aun así, dejó la enseñanza de que el litoral es fuerte cuando asume una sola voz.
Parece bastante evidente que la identidad industrial que alguna vez tuvo Paysandú no se reconstruye a partir de la nostalgia, pero tampoco si las cámaras empresariales locales, los sindicatos, la Universidad y las intendencias no son capaces de construir un verdadero bloque que establezca las bases y negocie el desarrollo de la región litoral del río Uruguay, no como un eslogan de integración romántica sino con la urgencia de la supervivencia económica.
Las veces que esporádicamente los departamentos de la franja litoral del río Uruguay han superado el individualismo y se han presentado como un frente articulado, la región ha adquirido un volumen geopolítico que ha resultado imposible de ignorar para el gobierno central. Un claro ejemplo ha sido la negociación por el precio de los combustibles y el subsidio a la venta de estos en los departamentos de frontera.
En otros temas, en cambio, la miopía localista termina imponiéndose y la inercia burocrática liquida cualquier iniciativa.
Evidentemente, al gobierno nacional le queda mucho más cómodo negociar de forma aislada con los intendentes necesitados de presupuestos o de anuncios que aporten al próximo ciclo electoral.
Mientras Salto, Paysandú o Young sigan compitiendo por un programa piloto, ninguno tendrá la fuerza suficiente para exigir obras, iniciativas y apoyos de la envergadura real que la región requiere.
Una apuesta regional implicaría, por ejemplo, negociar el Presupuesto Nacional como región de más de 300.000 habitantes que produce alimento, genera energía, procesa madera, alberga aulas universitarias y custodia la frontera fluvial del país.
Una postura de ese tipo permitiría exigir que los ministerios dejen de enviar talleres de capacitación y apliquen incentivos reales para que empresas de tecnología, la industria farmacéutica, la biotecnología aplicada al agro y la logística se radiquen en el eje del litoral, o que se instalen parques científicos y tecnológicos que, al menos en su etapa inicial, cuenten con compras públicas garantizadas por el Estado.
¿Acaso es solo un sueño trasnochado pensar en un bloque geopolítico para el Litoral Norte?


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