
El cineasta y escritor uruguayo Enrique Fernández, guionista y codirector de la reconocida película “El baño del papa”, presenta hoy viernes, a las 18.30, su libro “La imagen que no se borra”, en la Alianza Francesa de Paysandú, en 19 de Abril 1024. La obra propone un recorrido por los recuerdos de infancia y adolescencia del autor en su ciudad natal, Melo, mediante una serie de relatos que reconstruyen el universo familiar, las costumbres y los personajes que marcaron sus primeros años.
A través de escenas cotidianas, pequeños acontecimientos y experiencias personales, Fernández recupera un mundo que permanece vivo en la memoria, aunque el paso del tiempo haya transformado sus escenarios y protagonistas. El libro constituye una evocación de los afectos familiares y de una forma de vida que el autor observa desde la distancia, con sensibilidad y atención a los detalles.
Fernández conserva su “vocación de registro”, característica también de su trabajo cinematográfico. Entre veredas de tierra y rituales domésticos, reconstruye su infancia con la familia como centro, otorgando importancia a experiencias que podrían parecer insignificantes, pero que terminan conformando una identidad.
Enrique Fernández alcanzó reconocimiento internacional con “El baño del papa”, película que escribió y dirigió junto con César Charlone, estrenada en 2007 y presentada en el Festival de Cannes, en la sección Un Certain Regard.
Ambientada en Melo durante los preparativos de la visita de Juan Pablo II en 1988, la película retrata las expectativas de los habitantes más humildes de la ciudad, que imaginan en la llegada de miles de peregrinos una oportunidad para mejorar su situación económica.
Protagonizada por César Troncoso, Virginia Méndez y Mario Silva, la historia combina humor, drama y una mirada sobre la vida cotidiana de los sectores populares de la frontera uruguayo-brasileña.
En distintas entrevistas, Fernández ha explicado que la construcción de los personajes y ambientes de aquella película estuvo profundamente vinculada con sus recuerdos personales de Melo, donde vivió hasta los 19 años. La observación de los vecinos, los contrabandistas en bicicleta y las historias familiares constituyó una fuente fundamental de inspiración.
Esa relación entre memoria y creación reaparece ahora en “La imagen que no se borra”, aunque trasladada del lenguaje cinematográfico al relato literario. En lugar de reconstruir una historia colectiva mediante personajes de ficción, el autor vuelve sobre su propio pasado, buscando recuperar imágenes, sensaciones y vínculos que permanecen a través de los años.


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