Comienzo este escrito con una pregunta que por momentos observo en consulta y es motivo de análisis en terapia: ¿por qué razón algunas personas sienten que nunca hacen lo suficiente? Y es importante la palabra sienten, porque a nivel cognitivo las personas se dan cuenta que en realidad trabajan muchas horas por día, pero la pregunta surge en el nivel de las emociones y sensaciones.
La presión forma parte de la vida laboral: cumplir ciertos objetivos, responder a demandas, tomar decisiones, y afrontar imprevistos que requieren esfuerzo y capacidad de adaptación. Sin embargo, no todas las personas experimentan esas exigencias de la misma manera. Mientras algunas logran movilizar sus recursos y aprender de los desafíos, otras pueden llegar a paralizarse, desgastarse físicamente o vivir cada tarea como una prueba de su propia capacidad o valor personal.
¿Qué explica esta diferencia?
Además de tener en cuenta las condiciones laborales, la historia personal puede estar influenciando en la forma en que interpretamos las exigencias, evaluamos nuestros resultados y reaccionamos ante los errores.
Los mandatos familiares que llevamos al trabajo
Durante la infancia, un individuo aprende hábitos y diversas normas de convivencia en la vida familiar, social y comunitaria. Además, con el paso del tiempo, construimos ideas de quienes somos, qué esperan los demás de nosotros y qué necesitamos hacer o decir para sentirnos queridos y aceptados.
Frases como “tenés que hacerlo todo bien”, “si no rendís no serás querido” pueden convertirse, cuando se incorporan de manera rígida, en reglas internas con las cuales nos definimos y continuamos operando en la vida adulta.
Es importante aclarar que no toda exigencia familiar produce consecuencias negativas; importa además el contexto, la historia y característica de cada persona y el significado que esas experiencias adquieren. Sin embargo, cuando el reconocimiento estuvo asociado al rendimiento, el error puede dejar de ser una oportunidad de aprendizaje y transformarse en una amenaza: “si me equivoco significa que no soy competente”.
¿Presión que moviliza o presión que desgasta?
En este aspecto, no toda presión es perjudicial. Para muchas personas, tener un desafío razonable, cierta presión, puede ordenar la mente, establecer prioridades, estimular la concentración o la creatividad. La dificultad aparece cuando no se logra reconocer en qué punto la exigencia o la presión comienza a generar malestar psicofísico y comienza a comprometer el descanso, la salud o los vínculos. Estimados lectores, les dejo dos preguntas para reflexionar: ¿puedo reconocer mi esfuerzo aunque el resultado no sea perfecto?, ¿estoy trabajando para alcanzar un objetivo o para demostrar que soy suficiente? Se trata paulatinamente de construir una relación más flexible con el desempeño, en la que sea posible aprender, equivocarse, pedir ayuda cuando sea necesario y descansar, sin interpretar esas conductas como signos de incapacidad.
(097352937)

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