Los políticos y el gasto público: seguimos pagando los nabos de siempre

Durante las últimas semanas, e incluso meses, los escándalos en materia de dineros públicos protagonizados por legisladores, ediles, ministros y otros funcionarios públicos son moneda cada vez más corriente. No se salva ninguno.
Cuando la prensa publica algunas de esas situaciones, inmediatamente el político acusado o su partido recurre a una estrategia que es “más vieja que el agujero del mate”: argumentan que hay que cuidar la democracia, porque difundir esas noticias estaría atentando (según ellos) contra un régimen que ha destacado a nuestro país a nivel regional e internacional. Los políticos no son bobos --“a río revuelto, ganancia de pescadores”-- y por eso tratan de atribuir a quien denuncia el estar poniendo en peligro algo tan valioso para los uruguayos sin distinciones. La situación, en realidad, es totalmente al revés: ese tipo de publicaciones ayuda a la democracia porque le permite librarse de las “manzanas podridas” que existen en todos los partidos, establecer responsabilidades y aplicar las sanciones que resulten pertinentes. Eso es cuidar la democracia. Lo otro, que practican los políticos, es el amiguismo, el encubrimiento y las tapaderas de algunas “bicheras” de podredumbre institucional que nada tienen que envidiarle a las que sufren los animales en el campo.

De acuerdo con la información publicada en la página web de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), “el gasto del Poder Legislativo en Uruguay representa miles de millones de pesos anuales, concentrándose mayoritariamente en sueldos, secretarios y subsidios para los legisladores”. Concretamente, según la OPP, el gasto de ese poder del Estado asciende a más de 4.880 millones de pesos (U$S 119 millones). En la Cámara de Senadores, por ejemplo, “el 96% de su presupuesto se destina a sueldos y remuneraciones políticas (incluyendo asesores designados a discreción y secretarios)”. Asimismo, se gastan más de 212 millones de pesos (más de cinco millones de dólares) en subsidios para exlegisladores que pierden su banca. Así y todo, el senador del Partido Nacional Sergio Botana consideró que su sueldo mensual de 400.000 pesos no le alcanza para vivir. Según los últimos datos de la web del Parlamento, el salario que reciben los senadores en Uruguay es de 399.346 pesos nominales, más la partida para el pago de secretarios, que es de 246.508 pesos; una partida para el pago de secretarios de sectores, cuya remuneración depende de la cantidad de integrantes del sector, y otra partida para gastos de celular, con un tope de 4.627 pesos. En total, el gasto por senador es de entre 709.899 y 837.162 pesos por mes.

Pero las remuneraciones no son todo. Para tener una idea aproximada del descontrol que es el Parlamento Nacional: entre marzo de 2025 y julio de 2026, el Parlamento uruguayo registró 241 viajes individuales al exterior (incluyendo senadores, diputados, la vicepresidenta Carolina Cosse y funcionarios), con un gasto total de 621.668,25 dólares. El legislador con más viajes fue el diputado blanco Juan Martín Rodríguez, con 17 misiones, seguido por Carlos Reutor (Frente Amplio), Rodrigo Goñi (Partido Nacional) y Óscar Andrade (Frente Amplio). Sin embargo, en el Parlamento nadie logra superar a la funcionaria Carina Galvalisi, quien acumuló 272.106 dólares en gastos de viaje internacional entre los años 2010 y 2026: 124.598 dólares en pasajes y 142.877 dólares en viáticos que, según la información disponible, devuelve muy poco o nada. El promedio de Galvalisi es de 17.000 dólares anuales, durante 16 años seguidos. Los destinos incluyen Serbia, Turquía, Azerbaiyán, Indonesia, Ruanda, Angola, Uzbekistán, Baréin, Costa de Marfil, Irán, Kuwait, Emiratos Árabes, Tailandia y decenas de países más.

Por su parte el ministro de Relaciones Exteriores, Mario Lubetkin realizó 30 viajes internacionales en total, de los cuales siete tuvieron como destino Roma, acumulando 48 días en esa ciudad (lo que representa el 30% de sus días en misión oficial). Recibió un total de 90.419 dólares en viáticos, de los cuales devolvió 36.937 dólares (aproximadamente el 40%), quedando un saldo no reintegrado de 53.482 dólares. Pero lo más llamativo de los viajes de Lubetkin es que varias de esas jornadas en Italia no contaban con actividades oficiales registradas o se extendían más allá de las reuniones públicas que debían celebrarse.

Con estos antecedentes de conductas clientelistas y prebendarias de los políticos uruguayos, se entiende por qué la última encuesta de Latinobarómetro, realizada en 2026, revela que el 65% de los uruguayos no se siente representado por diputados y senadores y que, dentro de las instituciones, los partidos políticos son los que menos confianza inspiran en Uruguay, con el 23%. Es más, el 45% de los encuestados en Uruguay dijo que no le importaría que un gobierno no democrático llegara al poder si resuelve los problemas. Con respecto al Estado, el 75% de los uruguayos no confía en que el dinero que paga por impuestos sea bien gastado.
Acá es donde está la madre del borrego: ¿por qué los políticos no cuidan los dineros públicos y siguen gastando dineros que no les pertenecen? La respuesta es corta y simple: porque los seguimos votando. Porque cada cinco años les renovamos “la beca” a una casta política displicente que solo piensa en su “puestito”. La solución para un político es muy simple: si no alcanza para pagar el gasto público, se suben los impuestos y que pague otro. Como ha señalado Guillermo Fossatti en el portal de noticias Observa, “la evidencia comparada es incómoda pero clara: para la política, revisar el gasto público suele ser más costoso que subir impuestos, incluso cuando lo primero favorece el desarrollo y lo segundo lo compromete”. Los políticos no son la solución al gasto público: son su causa.

Mañana, cuando suene el despertador y tenga que levantarse para ir a trabajar, piense en los políticos uruguayos de todos los partidos y en su fiesta sin fin: viajes al exterior, viáticos que no se devuelven y un “vivir la vida loca” que pagamos entre todos los nabos de siempre. Y si este mes no llega a pagar el agua, la luz o el alquiler, o si lo mandan al seguro de paro, pídale prestado dinero a un político a ver qué respuesta le da. Buena suerte con eso.

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