Una fecha simbólica refleja la realidad argentina

Buenos Aires (Por Horacio R. Brum).- En Argentina hay muchas cosas que no se hacen como en el resto de América Latina, para bien o para mal… Recientemente hubo una que llamó la atención a quien acostumbraba a agasajar a su madre con tortas y flores en el segundo domingo de mayo: el 18 de octubre fue aquí el Día de la Madre, una conmemoración atrasada casi seis meses respecto de todos los países de la región. La discrepancia de fechas se debe a que Argentina tuvo su propio Día de la Madre antes de que se generalizara una celebración originada en Estados Unidos, donde una mujer decidió honrar a su progenitora fallecida, quien se había destacado por su trabajo sanitario entre los pobres y por promover la armonía entre los vecinos. El 10 de mayo de 1908, Ann Jarvis repartió claveles blancos en su barrio y dió inicio a una costumbre nacional, que fue oficializada en 1914 por el presidente Woodrow Wilson, un mandatario comprometido con la paz mundial.

La efeméride llegó a Buenos Aires a través de la Asociación Cristiana de Jóvenes y el Ejército de Salvación, pero en 1932, cuando el papa Pío XI proclamó a la Virgen María “madre de Dios”, algunas organizaciones católicas resolvieron homenajear a las madres en la fecha litúrgica de dicha proclamación, el 11 de octubre. Con esa referencia, en 1941 el Club de Madres de Buenos Aires fijó el tercer domingo del mes como el día en que la familia debía reunirse en torno a la madre relevándola de todas sus tareas domésticas y agasajándola con manjares hechos en casa. Aunque el papel de la mujer en el hogar y las ideas sobre la maternidad cambiaron desde entonces, los festejos para las madres dieron paso al consumismo en la forma de regalos de todo tipo. También era común ver en los restaurantes, confiterías y pizzerías mesas encabezadas por la madre, con la presencia de los hijos y los nietos.

El tercer domingo del mes pasado, tal escena pareció cosa de tiempos lejanos, porque en muy pocos locales gastronómicos se ofrecieron menús especiales y fueron escasos los comercios que pusieron decoraciones alusivas en sus vidrieras. En el barrio de este corresponsal, cercano a las avenidas Corrientes y Santa Fe, dos de cada tres confiterías o restaurantes estaban cerrados y en aquellos abiertos sobraban las mesas libres. Ese panorama se condice con los datos de algunas encuestas recientes, según los cuales en la mayor parte de los hogares del país hay dificultades para llegar a fin de mes y la reducción de los ingresos ha obligado a las personas a cambiar radicalmente sus hábitos de consumo. Para la empresa de consultorías de imagen y mercado Hugo Haime y Asociados, más de la mitad de los argentinos “no compra lo que quiere, sino lo que puede, y puede poco”. Otros estudios indican que costumbres tradicionales de la clase media, como comer fuera de la casa o ir al cine o al teatro también se ha reducido drásticamente. A mediados de setiembre, el gobierno difundió por las redes sociales un video de la zona teatral de Corrientes, que mostraba una multitud; el presidente y el ministro de Economía se ufanaron de que esa imagen desmentía las afirmaciones sobre las estrecheces del presupuesto de la gente. Sin embargo, Carlos Rottemberg –el principal empresario teatral del país–, dijo que el video se refería a un solo teatro, durante el pico de asistencia de un sábado a la noche, pero que las ventas de entradas vienen disminuyendo de forma sostenida. En una entrevista para el diario Clarín, Rottemberg recordó que durante la crisis de 2001 una sola obra atraía multitudes, mientras numerosos teatros estaban cerrados.

“Si se quedan sin plata verdaderamente al día 20, ¿me pueden decir cómo hacen para vivir 10 días sin comer y sin beber?” dijo unos días atrás Milei en un seminario con los sectores empresariales que aplauden su gestión de la economía. La respuesta, al parecer desconocida o ignorada por el mandatario, la dan otros estudios de opinión y mercado, que revelan que ya se ha vuelto común el endeudamiento para pagar los servicios de agua, luz o gas, o para hacer las compras de alimentos. En algunos supermercados, como los de la cadena Disco, se ofrecen adelantos de dinero por las cajas, de hasta 160 dólares, pero el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) informó que en agosto las ventas en esos establecimientos llevaban ocho meses de baja.

“Si yo te debo una libra esterlina, tengo un problema; pero si te debo un millón, el problema es tuyo”, decía el gran economista británico John Maynard Keynes, odiado por Milei debido a que abogaba por un papel del Estado como motor de la economía. Tales frases podrían aplicarse a la relación entre la Casa Rosada y el Fondo Monetario Internacional, cuya notable tolerancia crediticia obedece a que Argentina es el principal deudor del organismo, con más del 44% de su cartera de créditos. Por otra parte, la estrategia oficial de contraer deudas para pagar deudas hizo que al cierre de setiembre la deuda bruta del Tesoro llegara a 484.229 millones de dólares, 32.612 millones más que el año pasado. Esas son cifras de lo que los expertos en finanzas denominan “macroeconomía”, pero es la economía del día a día la que tiene a una buena parte de los argentinos envueltos en las pesadillas de las deudas.

Una semana antes del despacho de esta nota, los pizarrones de una de las mayores cadenas de carnicerías mostraron que el precio del kilo de asado subió casi $ 3.000 (alrededor de dos dólares). Si bien es cierto que no había habido un aumento durante varios meses, la actualización reflejó los datos de las organizaciones de productores de carne, según los cuales entre enero y setiembre, la carne vacuna subió 15,6%, lo que representa casi el 50% respecto al año pasado, superior a la inflación oficial del 33,4%. En ese contexto, el estudio Monitor de Opinión Pública, de la empresa consultora Zentrix, revela que el 55% de las personas endeudadas recurrió al crédito para cubrir necesidades básicas, como los alimentos y la atención de la salud. Zentrix informó además de un “circuito de retroalimentación financiera”, en el cual el endeudamiento empleado para llegar a fin de mes tiene que ser cancelado con el ingreso del mes siguiente, que tampoco es suficiente y se agota en un plazo menor.

Las estadísticas del Banco Central hablan de unos seis millones de deudores en mora con los bancos tradicionales y otros proveedores de crédito, de los cuales la mitad no podrá saldar su deuda. Los más afectados por el problema son quienes no tienen calificaciones para el crédito bancario (como un empleo fijo y registrado), ya que recurren a las financieras electrónicas, las que llegan a cobrar intereses cercanos al 1.000% anual. Para descargar de responsabilidades al gobierno en la búsqueda de soluciones, el presidente suele decir que “nadie les puso una pistola en la cabeza” a la gente para sacar créditos. Sin embargo, el tema también preocupa a la Iglesia, cuyo presidente de la Conferencia Episcopal instó a las autoridades a “no tener una mirada superficial y decir que no interesa”.

Aunque todos los estudios muestran que los adultos mayores son quienes más cumplen con sus compromisos crediticios, la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia determinó que va en aumento la cantidad de jubilados que, para llegar a fin de mes, emplean sus ahorros, sacan préstamos, recurren a la ayuda familiar, venden pertenencias o reciben aportes de conocidos o instituciones de beneficencia. Seis de cada diez jubilados cobran la pensión mínima, de unos $ 500.000 –poco más de 320 dólares–, pero de acuerdo con la Defensoría de la Tercera Edad, en octubre los gastos básicos de cada pensionado, incluyendo el alquiler, alcanzaron los dos millones de pesos. Al otro extremo de la escala de edades, muchos jóvenes de 18 a 25 años están afectados por la imposibilidad de pagar sus créditos. Ello se debe principalmente a la precariedad e inestabilidad laboral, que los lleva a recurrir a las empresas electrónicas o a prestamistas informales. En este último ámbito ya comienzan a aparecer fenómenos preocupantes, porque en los barrios populares hay prestamistas vinculados al narcotráfico, quienes emplean los métodos de su ambiente, como tiros en las piernas, para cobrar las deudas o castigar a los morosos.

Al atardecer del viernes 23 del mes que terminó, varias personas sin techo comenzaban a buscar refugio en los portales de los edificios y los locales vacíos de la manzana donde vive este corresponsal. Algunos eran los quebrados por la droga y el alcohol, pero otros eran las víctimas del desempleo y su correlato de endeudamiento. Por esas mismas horas, Javier Milei llegaba a la elegante sede del Yacht Club de Puerto Madero, para ser el centro de una cena de la Fundación Faro, que recauda fondos para promover sus ideas. Los representantes de los principales grupos empresariales del país pagaron hasta 30.000 dólares por mesa. Esta semana, por otra parte, los medios se preguntan qué empresarios pagaron los 140.000 dólares del arriendo del avión con el cual el excandidato presidencial Flávio Bolsonaro escapó de Brasil, vía Argentina, presuntamente con la cooperación del gobierno de Milei.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo no será publicada.


*