No se trata de una “loca aventura tercermundista”, sino de una idea que ha derivado en un debate amplio y cada vez más tenso. La iniciativa se resume como el “gravamen único del 5%” que recaería, en caso de lograr aprobación, sobre la fortuna de unos 200 multimillonarios del estado de California.
La segunda particularidad es que se trata de un cobro único, con lo que se aspira a recaudar unos 100.000 millones de dólares. Quienes impulsan esta iniciativa explican que su propósito es compensar los recortes federales que sufrieron en sanidad, en ayudas a la alimentación y en educación, ante lo que describen como una caída de fondos a nivel federal.
Para sacar esta idea adelante, los impulsores trabajan para recoger firmas y llevar la iniciativa a la papeleta de voto en noviembre. Con este propósito, cada martes, durante los últimos meses, una suerte de comité informal de dos docenas de las personas más ricas del mundo, muchas veces representadas por asesores de extrema confianza, participan en una videoconferencia y planean una guerra de amplio espectro o, con un poco de humor, de banda ancha.
Pero quienes se la han tomado más seriamente no ocultan su preocupación por la idea y el temor de que iniciativas de este tenor “empiecen a hacer costumbre” en el sistema político; que se deje de hablar y discutir de subsidios y otros beneficios fiscales para este grupo privilegiado.
Mayoría para el cambio
Silicon Valley está en el estado de California. Su localización abarca principalmente el condado de Santa Clara, pero no hay que olvidar áreas vecinas como el sur de la península de San Francisco.
Silicon Valley toma su nombre del material clave que se utiliza para fabricar los chips semiconductores, básico para la fabricación de dispositivos electrónicos para computadoras, teléfonos celulares… El silicio, abundante en esta región, fue el factor que contribuyó al desarrollo de la industria tecnológica.
El origen de Silicon Valley se ubica a mediados del siglo XX y se asocia a la figura de Frederick Terman, un profesor de la Universidad de Stanford. Terman promovió entre sus estudiantes iniciativas tecnológicas e innovaciones en el área, que rápidamente impactaron en la generación de un ecosistema de startups. La otra característica que Terman le imprimió al Stanford Research Park fue una creciente y dinamizadora colaboración entre la universidad y la industria.
Pero Silicon Valley enfrenta una realidad compleja: alta desigualdad económica, graves problemas de vivienda y “problemas éticos”. En este bolsón de cuestiones se encierran asuntos relacionados con el poder y la influencia de las grandes empresas tecnológicas, y prácticas empresariales cuestionables, como la privacidad de los datos, la monopolización del mercado y el impacto ambiental de la industria tecnológica.
Volvamos al impuesto
Repasando el estado de situación, en California se está debatiendo un impuesto a la riqueza que recaerá sobre los multimillonarios, unos 200 que viven en este estado. La propuesta consiste en un gravamen único del 5%, con lo que se pretende recaudar alrededor de 100.000 millones de dólares de una sola vez.
Dos iniciativas forman parte de la contraofensiva de estos multimillonarios: las Proposiciones 41 y 42. En los hechos, constituyen la herramienta política con la que salen al cruce de la Proposición 40. Esta última tiene como objetivo ayudar a financiar programas de atención médica estatales y busca compensar los recortes derivados de la ley impulsada por Trump, denominada “One Big Beautiful Bill Act”.
Desde el punto de vista de la puja, alcanzará una victoria aquella iniciativa que obtenga la mayor cantidad de votos a favor; esto significa que, aunque una mayoría respalde la Proposición 40, esta podría quedar anulada si la Proposición 41 o la 42 reciben más votos.
La Proposición 41 establecería requisitos de auditoría y, además, prohibiría las exenciones a los límites de gasto estatal respecto a los ingresos recaudados mediante nuevos impuestos, una disposición que sí está contemplada en la Proposición 40.
Adicionalmente, la Proposición 42 prohibiría los impuestos sobre el patrimonio, independientemente del valor neto de los activos de una persona. También vetaría la aplicación de impuestos retroactivos, como los incluidos en la 40, dado que dicha medida afectaría a cualquier multimillonario que residiera en el estado al 1° de enero de 2027.
Toda acción pública cuesta. Para ello, se han realizado importantes campañas para financiar la resistencia a la iniciativa. Por ejemplo, Sergey Brin, cofundador de Google, contribuyó con más de 100 millones de dólares para financiar a “Building a Better California”, comité que redactó y presentó las Proposiciones 41 y 42. En total contó con más de 180 millones de dólares para su promoción, según un análisis de la revista Capital & Main.
A ellos se suman John Doerr y Eric Schmidt, que donaron más de 40 millones de dólares cada uno. Patrick Collison, director ejecutivo de Stripe, aportó más de 33 millones.
El gobernador demócrata Gavin Newsom se manifestó a favor de la Proposición 42, lo que implícitamente significa rechazar la Proposición 40.
Según los economistas Jasper Boll, Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, los multimillonarios tendrían que pagar 104.000 millones de dólares en caso de aprobarse la Proposición 40, un número significativo. Esta proyección surge de un análisis de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, por sus siglas en inglés). Conviene explicitar que Saez y Zucman participaron en la redacción de la propuesta fiscal.
Las encuestas
Las encuestas revelan un final incierto. Aunque parece que se ha abierto un escenario de mayor duda, las encuestas no son concluyentes. Un relevamiento de la Universidad de California en Berkeley muestra que el 45% apoya la Proposición 40, el 43% está en contra y el 12% se declara indeciso. En marzo, los números eran distintos: el 50% se manifestaba a favor de la iniciativa contra el 28% que se oponía.
En términos generales, las proyecciones son muy similares, con escasos matices. Ahora, a pocos días de que California vaya a las urnas para resolver las propuestas, solo queda observar el debate y aguardar su resolución.
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